Sebastián Muñoz es docente del Departamento de Antropología de la FFyH e innvestigador del IDACOR-CONICET y el Museo de Antropologías. Es integrante del Laboratorio de Zooarqueología y Tafonomía de Zonas Áridas (LaZTA) y, en esta nota, analiza como se desarrolló esta relación en Punta Entrada, en la desembocadura del río Santa Cruz, un lugar clave donde se identificaron restos arqueológicos que evidencian la caza de dos especies de lobos marinos. Actualmente, se estudian patologías óseas y material genético para reconstruir la historia natural de estas poblaciones. El objetivo es comprender no sólo su rol como recurso humano, sino también su importancia ecológica en el pasado.
En el Laboratorio de Zooarqueología y Tafonomía de Zonas Áridas (LaZTA) del Museo de Antropología e Instituto de Antropología de Córdoba se desarrollan investigaciones que abordan distintos aspectos sobre la historia de las relaciones entre los humanos y animales en la subregión andina patagónica de la región biogeográfica Neotropical. Esta subregión abarca una gran parte de la república Argentina, desde el noroeste hasta el extremo austral e incluye una diversidad de ecoregiones, como la Puna, el Monte y la Estepa Patagónica, en la que distintas poblaciones humanas han habitado a lo largo de miles de años. Una característica del sur de Sudamérica es la forma que adquiere el continente a medida que se proyecta hacia el polo sur del planeta, que se destaca por una disminución del territorio emergido. Esta forma peninsular del extremo continental invita a plantear preguntas de investigación científica que den cuenta de las consecuencias y particularidades que un espacio geográfico de estas características supuso para las poblaciones humanas que lo habitaron en el pasado. Esas preguntas tienen que ver con poder conocer la influencia del mar sobre las poblaciones terrestres, particularmente en términos de los recursos y la energía que éste pudo aportarles.
Los recursos marinos tienen características muy diferentes entre sí, algunos son móviles (como los peces), otros estáticos (como los moluscos); pueden estar disponibles todo el año en algunos lugares (como ciertos apostaderos terrestres de lobos marinos) o solo en algunas estaciones (como ocurre con las colonias de nidificación de las aves marinas). Esta diversidad de situaciones hace que su disponibilidad en tiempo y espacio sea variable y que la mediación tecnológica necesaria para aprovecharlos varíe también.
Entre los animales marinos que fueron importantes para la vida humana en Patagonia se encuentran los lobos marinos, mamíferos de gran tamaño que pasan parte de su tiempo en tierra, fundamentalmente para descansar y reproducirse. Estos animales constituyeron una fuente de sustancias y materiales necesarios para la vida humana, sea como fuente de energía (la grasa y la carne) o como materias primas (los huesos y pieles). Las especies más frecuentes en la costa atlántica son los lobos marinos de dos pelos (Arctocephalus australis) y de un pelo (Otaria flavescens), este último de mayor tamaño.


Las poblaciones naturales de lobos marinos sufrieron una gran presión de caza entre los siglos XVIII y XX, cuando fueron explotados por expediciones de “balleneros” y “loberos” y luego por explotaciones comerciales que los cazaban en grandes números para la comercialización de sus pieles y grasa en los mercados capitalistas. Como consecuencia muchas poblaciones locales se extinguieron, mientras que otras sufrieron una disminución en su tamaño. Esta historia reciente plantea un problema cuando queremos conocer cómo era la distribución y abundancia de estos animales antes de que fueran diezmados, sobre todo en aquellos lugares de la costa e islas en las que en la actualidad no habitan.
Con estos antecedentes desde el LaZTA iniciamos un programa de investigación orientado a ampliar los conocimientos disponibles sobre la historia de las relaciones entre las poblaciones humanas y las de otáridos (lobos marinos) en una zona de la costa de la Provincia de Santa Cruz para la cual existía poco información arqueológica sistemática, pero que ofrecía potencial para ello. Iniciamos las investigaciones en la desembocadura del río Santa Cruz, en un pequeño territorio formado por acumulación de sedimentos durante los últimos 3500 años, aproximadamente, denominado Punta Entrada. Punta Entrada se ubica al pie de un paleo acantilado y presenta claras evidencias arqueológicas de haber sido utilizado en el pasado. La posibilidad de acotar temporalmente el rango en que este espacio estuvo potencialmente disponible para ser habitado por humanos y animales resultó de interés para la investigación, ya que la costa atlántica sufrió muchos cambios durante miles de años debido a procesos de ascenso y descenso del nivel del mar que modificaron su conformación y, con ello, afectaron las posibilidades de preservación del registro arqueológico en distintos sectores del litoral atlántico.


En la actualidad no existen apostaderos de lobos marinos en la desembocadura del río Santa Cruz, por lo cual el primer conjunto de preguntas que abordamos tuvo que ver con la abundancia de individuos y el uso del espacio en el pasado, ya que esto condiciona el tipo de encuentros que pudieron tener con los humanos. Entre las preguntas que formulamos se encontraban: ¿Los lobos marinos frecuentaban la Punta Entrada de manera aleatoria o formaban grupos en apostaderos?, en cuyo caso, ¿eran estos reproductivos, o de descanso?, ¿estaban formados por individuos de las dos especies? Los humanos, ¿frecuentaban este lugar de la costa en distintos momentos del año?, ¿elegían qué individuos capturar o los tomaban según su abundancia?, ¿utilizaban una tecnología en particular para ello?, ¿estas conductas de caza impactaron sobre las poblaciones de otáridos en el tiempo?

Las primeras investigaciones que realizamos permitieron demostrar que individuos asignables a las dos especies fueron capturados en Punta Entrada, y sus restos depositados en distintos puntos del espacio. Estos depósitos se distribuyen, temporalmente, en un rango que abarca los últimos 2100 años antes del presente. Más específicamente, fue posible establecer también que los grupos humanos que habitaron esa zona capturaban lobos al menos en el verano, época del año en que tienen lugar las pariciones y apareamientos, cuando estos animales se agrupan en apostaderos reproductivos. A partir del estado de fusión de los huesos recuperados en el registro zooarqueológico se pudo determinar que algunos de estos restos correspondían a cachorros menores a los dos meses de vida, por lo que se trataba de acumulaciones arqueológicas vinculadas al aprovechamiento de, al menos, un apostadero reproductivo. Dado que los cachorros fueron asignados a una de las dos especies este apostadero habría correspondido a Otaria flavescens.
A través de la aplicación de técnicas oteométricas fue posible ampliar estos resultados y confirmar, a partir de la evidencia de distintos sitios arqueológicos, que los individuos inmaduros de O. flavescens fueron un objetivo destacado de las capturas. Se pudo postular incluso que los apostaderos podrían haber sido mixtos, incluyendo también a A. australis, ya que se identificaron restos de cachorros de esta última especie también.
Si bien la presencia de cachorros permitió ubicar la estación del año en que principalmente se capturaron los animales, la aplicación de otras técnicas de estudio permitió reconocer que los grupos sobre los que se predó fueron amplios, en términos de edad y sexo, estando representados también juveniles y adultos, machos y hembras.
Una vez establecida la existencia de apostaderos, que hoy están extintos, las preguntas de investigación se dirigieron a establecer si hubo otros momentos del año que hayan sido igualmente importantes en la relación con los otáridos y, de haberlo sido, en qué medida las presas capturadas se corresponderían con lo esperado a partir de las expectativas que se pueden derivar de las pautas de comportamiento más comunes que los lobos marinos tienen en las distintas estaciones del año. Fuera de la época reproductiva los lobos marinos ocupan el espacio terrestre de manera dispar, según su edad y sexo. Para ello formulamos un modelo que aplicamos a los casos bajo estudio.
Para discutir la posibilidad de que los lobos marinos hayan sido cazados en distintos momentos del año abordamos el estudio de las secciones delgadas y anillos de crecimiento de los dientes caninos recuperados en varios sitios arqueológicos. Estas técnicas permiten establecer no solo la especie, edad y sexo de los individuos sino también el momento del año en que murieron. Los resultados obtenidos con la aplicación de estas técnicas ampliaron la evidencia y sirvieron para establecer que los otáridos arqueológicos fueron capturados no solo en el verano sino en distintas estaciones del año, incluyendo el invierno. Así, los restos de los individuos depositados en las distintas estaciones del año corresponden a las dos especies conocidas y a individuos de distintas edades y sexos. Estos resultados indican, por un lado, que los lobos marinos frecuentaron las costas en distintos momentos del año, y no solo en la estación reproductiva, y, por otro, que los humanos capturaron estas presas de acuerdo a su abundancia estacional, sin seleccionar algún grupo etario o sexo en particular.


Si bien la representación de sexo y edad en las distintas estaciones del año se corresponde parcialmente con las expectativas derivadas de la etología de estos mamíferos marinos, particularmente en lo que tiene que ver con la representación de las hembras en los depósitos arqueológicos, la presencia de machos adultos en conjuntos asignables a momentos del año en que estos individuos presentan un comportamiento territorial y agresivo sugiere que las técnicas de caza implementadas debieron ser lo suficientemente efectivas para poder capturarlos incluso cuando existían individuos más indefensos disponibles, los que también fueron cazados. En este sentido se puede señalar que las armas asociadas a los restos de otáridos implicarían diferentes distancias de tiro, permitiendo a los cazadores alejarse de los individuos más peligrosos y aproximarse a los más indefensos, incluso a los que pudiesen estar heridos. En otras palabras, los otáridos habrían sido capturados en distintos momentos del año, según la demanda derivada de la composición y requerimientos de los grupos humanos involucrados, y no se habría tratado de una actividad limitada a períodos puntuales del ciclo anual.
Los estudios osteométricos permitieron sostener también que en Punta Entrada podrían haber existido apostaderos “en formación”, no reproductivos, que por sus características pueden estar ocupados durante todo el año. Esto surge de la evidencia recuperada en uno de los sitios arqueológicos en el que la presencia de machos juveniles de tamaño pequeño, que caracterizan este tipo de apostadero, es importante.
En síntesis, las investigaciones llevadas a cabo permitieron establecer la existencia en el pasado de apostaderos de las dos especies, que en la actualidad están extintos, estos apostaderos habría sido de distinto tipo, reproductivos y en formación, y habrían sido la frecuentemente visitados por los grupos humanos que habitaron la zona, los que capturaron individuos de distintas especies, sexo y edad, según su abundancia y disponibilidad en las diferentes estaciones del año. En la actualidad estamos estudiando la historia de estas poblaciones naturales de otáridos y los impactos potenciales que la interacción con los humanos pudo haber tenido en estos dos mil años. Para ello relevamos las patologías óseas en los restos de ambas especies e iniciamos estudios moleculares para poder ubicar estas poblaciones extintas en el cuadro que ofrece la información biológica actualmente disponible. De esta manera esperamos enriquecer los enfoques que desde la arqueología podemos ofrecer sobre los animales del pasado, no limitándonos al papel que pudieron tener como presas sino también, como poblaciones con las que hemos convivido durante siglos y cuya historia natural es tan importante de conocer y valorar como la nuestra propia.
Por Sebastián Muñoz
Prof. adjunto, Departamento de Antropología, FFyH-UNC.
Investigador independiente IDACOR-CONICET y Museo de Antropologías FFyH-UNC
https://bicyt.conicet.gov.ar/fichas/p/andres-sebastian-munoz
https://www.researchgate.net/profile/Sebastian_Munoz7
Financiamiento
Los trabajos fueron realizados con financiamiento de la SeCyT, Universidad Nacional de Córdoba: Proyecto Consolidar El Paleoantropoceno en las zonas áridas del área andino-patagónica. Problemas de investigación y aspectos metodológicos, proyecto Consolidar, Proyecto Formar Bioarqueología neotropical. Problemas de investigación en las zonas áridas del área andino-patagónica durante el Paleoantropoceno, Subsidio de Investigación Bianual, categoría A Relaciones humano-animales en el sur de los Neotrópicos: problemas de investigación y estudio de casos arqueológicos y CONICET, PIP Cazadores recolectores de la costa patagónica meridional. Arqueología ambiental, ecología humana y vinculaciones regionales; dirigidos por Sebastián Muñoz y proyectos PIP Conicet y Subsidios de Investigación Binauales de la UNPA en los que el autor participo como co-director e integrante, respectivamente.
Agradecimientos
Este trabajo fue posible por la participación colaborativa de investigadores/as y estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba, Universidad Nacional de la Patagonia Austral, Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano y Administración de Parques Nacionales. Contó con el apoyo logístico de La Municipalidad de Puerto Santa Cruz. Los estudios osteométricos fueron realizados en colaboración con Florencia Borella del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Paleontológicas del Cuaternario Pampeano (INCUAPA-UNCPBA-CONICET) y Lorena L’Heureux del Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas (IMHICIHU) – CONICET. Para el estudio de las secciones delgadas contamos con el asesoramiento de Enrique Crespo y Damián Vales del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos, CENPAT-CONICET. Las muestras fueron procesadas en el LabGeo CONICET-UNC. Los estudios paleopatológicos están siendo desarrollados en colaboración con Jorge Suby (INCUAPA) y los moleculares con Ignacio Túnez, del Instituto De Ecología y Desarrollo Sustentable (UNLu-CONICET). Las figuras que ilustran este trabajo fueron editadas por Florencia Bacchini.
Referencias
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- Google Earth, N.d. Punta Entrada, desembocadura del río Santa Cruz, descargada el 23 de Marzo, 2023. https://earth.google.com/web/@-50.13673635,-68.36599771,10.67161528a,3506.18114501d,30y,0h,0t,0r
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