A 50 años de los seminarios-taller de literatura infantil y juvenil de Córdoba

Organizados hace medio siglo por la Secretaría de Extensión Universitaria a instancias de María Luisa (Malicha) Cresta de Leguizamón, Lucía Robledo reseña los logros y los repliegues de los protagonistas, documentos y conclusiones de los seminarios que entre 1969 y 1971 hicieron historia en esta Provincia y en esta Facultad, impulsados por un grupo de personas que abrieron camino a la presencia de la literatura para niñxs y jóvenes en las universidades argentinas.

En el VI Simposio de Literatura Infantil y Juvenil realizado por el Programa en Promoción y Animación a la Lectura y a la Escritura (PROPALE) en septiembre de 2018, compartí con Laura Escudero y Marcela Carranza un Conversatorio coordinado por Susana Allori, en el que me referí, de manera sucinta, a los avances y retrocesos de los estudios y prácticas de la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) a través de las décadas, marcando como un inicio el primer Seminario de fines de la década del 60.

Desde 1966, con la interrupción del gobierno democrático del Dr. Humberto Illia por el Golpe de Estado comandado por el Gral. Juan Carlos Onganía, las universidades fueron intervenidas. Junto a las organizaciones sociales más progresistas, estuvieron movilizadas y en permanente son de protesta, lo cual desembocó en el Cordobazo del 29 de mayo de 1969.

Dos meses después de esa revuelta, y aunque la agitación continuaba en las calles, pudimos concretar el primer Seminario, el segundo en 1970 y el tercero en 1971, que fue el último porque la situación de la Universidad en 1972 no aprobó su continuidad.

En el mencionado Conversatorio reseñé los logros y los repliegues de nuestra disciplina en esa turbulenta década; su florecimiento con la vuelta de la democracia en los 80; la incidencia que en su desarrollo tuvieron los años de ajuste y achicamiento del Estado de los 90, los que desembocaron en la severa crisis socio-económica de comienzos del Siglo XXI. Tiempos difíciles para proyectos libertarios y de creatividad.

A partir de 2003 hubo políticas públicas que favorecieron la promoción de la lectura, la circulación de libros y programas de formación en LIJ. Finalmente, señalé la desarticulación que esos programas y políticas sufrieron desde 2016, e invité a las nuevas generaciones a restablecer los espacios ganados y construir futuro.

¿Qué hay de nuevo en lo viejo?

Los Seminarios tuvieron muy buena convocatoria entre quienes, provenientes de todo el país, se sintieron atraídos por la posibilidad de encontrar cauce para sus inquietudes en torno a la literatura y otras manifestaciones de la cultura infantil y juvenil -teatro, música, radio, televisión, cine, revistas, historieta-. Llegaron especialistas, autores, estudiantes y, en su mayoría, docentes de los niveles preescolar, primario, secundario y terciario.

He conservado los programas, documentos, conclusiones, y más de 50 ponencias presentadas por los Seminaristas, cuyas copias se entregaban a los asistentes para ser consideradas en las comisiones. No es posible en este espacio extenderse en el registro de esos materiales, por lo que solo anotaré algunos títulos para aludir, en líneas muy generales, a la variedad de los temas abordados[1].

La lectura de estos trabajos permite hoy explorar las concepciones, experiencias y prácticas de aquellos participantes, sus conocimientos y bibliografías de apoyo y consulta, y, en muchos casos, sus propuestas innovadoras. Significan un valioso recorte de una época en la que coexistían a duras penas un Estado dictatorial y movimientos de resistencia y agitación social, política y cultural que, a mediados de la década del 70, desatarían el terror represivo.

Entre esos trabajos, encontramos dos de Laura Devetach[2], los cuales generaron paradigmas que recorrieron soterradamente las épocas de censura, pero también “hicieron escuela”, como diría años después Susana Itzcovich[3] (asistente a los Seminarios), e iluminaron los debates reiniciados en la segunda mitad de los 80. Uno de sus aportes fue cuestionar que la edad del lector no determina que la obra sea o no adecuada para él, en oposición a la concepción de que “…todo el que escriba para niños, o seleccione sus lecturas, deberá recordar que el cuento que sirve para una edad o época infantil, puede no convenir para otra…”[4], sostenida por Dora Pastoriza de Etchebarne, quien tuvo a su cargo la conferencia inaugural del primer Seminario y participó en las discusiones de las comisiones.

La crítica vigente sostenía que la literatura era para evasión del niño de la vida diaria, para poder desarrollar su imaginación e inventarse un mundo fuera de la realidad. La joven Devetach propuso, entre otros acicates para pensar, la búsqueda de nuevas vías de comunicación en las que “la realidad sea texto y el texto sea realidad”, que respondiera a las necesidades de autonomía del chico, al desarrollo de su sentido crítico, a la libre interacción del lector con el texto.

Hubo varios trabajos sobre los medios de comunicación de masas, cuya importancia radica en su registro de materiales que circulaban entre niños y adolescentes, como “Encuesta sobre revistas e historietas” (Varios autores); o la incorporación de literatura y música seleccionadas para su programa en Radio Universidad, en “El niño y la radio” (María Luisa C. de Leguizamón).

Algunos de los trabajos introdujeron nuevas bibliografías y marcos metodológicos originados en el enfoque estructuralista: “Notas sobre las adaptaciones de obras literarias a historietas” (Alfredo Paiva); “Cine y televisión” (Pierre Vigier); “Aportes para la constitución de una metodología de análisis de la historieta” (Oscar Moraña); “Función y contenido básico de las revistas para adolescentes” y “Dos revistas para niños: Anteojito y Billiken” (María Cristina Mata).

En este último, la autora analiza los distintos periodos de esas revistas y señala las inclusiones y las exclusiones entre las producciones de la cultura ‘culta’ y los mecanismos de la cultura ‘de masas’ “…con la presunción de que los mecanismos de la cultura de masas sólo pierden su carácter ‘nocivo’ si se ponen al servicio de la cultura ‘culta’, que es el bien soberano. El mito sigue funcionando. La cultura de masas sigue siendo -aún dentro de productos que le son propios como Anteojito y Billiken- la hermana bastarda”.

En el programa del primer Seminario, el tema inicial fue Literatura y Educación. La elevada concurrencia de docentes de todos los niveles, de teatro, de música, etc., implicó el predominio de presentaciones sobre prácticas y experiencias en ámbitos escolares, en las que despunta la polémica relación entre literatura, didáctica y psicopedagogía en las propuestas literarias y los propósitos formativos e instructivos de las obras. Algunos títulos: “Reflexiones para el uso de la poesía en la escuela” (Alberta Sarrat Saumell); “Clasificación conceptual y temática de la poesía para niños” (Susana Itzcovich); “El teatro-expresión en la formación integral del niño” (María Rosa Finchelman y Marta T. de Olmos); “Folklore para los más chiquitos” (Clara Passafari); “El libro infantil y su ilustración” (José Muzzio); “El lenguaje, factor determinante de una literatura infantil y juvenil” (Yolanda Dethou); “Proposición de una forma de enseñanza de la literatura en una escuela agrícola-ganadera” (Jorgelina C. de Sánchez); “El grupo intermediario entre el preadolescente y el libro” (Teresa P. de Vicente).

Estos y otros trabajos conservados constituyen un valioso conjunto para estudiar las ideas de la época y rastrear su decurso, sus avances y retrocesos, como así también las alternativas ideológicas y la persistencia de discusiones que asomaron en aquellos Seminarios.

Una de las recomendaciones del tercer Seminario fue que la Secretaría de Extensión Universitaria aumente las bibliotecas infantiles en los barrios de Córdoba. Se hizo así referencia al Programa de Extensión “Centro de Narradores de Cuentos” (CNC) que se creó después del segundo Seminario: un grupo de jóvenes nos iniciamos en lo que hoy se llama animación a la lectura. La orientación sobre selección de lecturas la recibíamos de Laura Devetach, con quien preparábamos las actividades a realizar en organizaciones barriales; con ella incursionamos en materiales literarios inéditos o poco difundidos, y en la consulta de autores de disciplinas como psicología evolutiva, sociología, arte, etc. (J. Piaget, H. Read, Berger y Lockmann, Vladimir Propp…).

La experiencia duró poco porque en 1972 fue suspendida por las nuevas autoridades de la Secretaría: no hubo explicaciones, como tampoco las hubo para la no-realización del cuarto Seminario: simplemente, se sacaron de programa… sinrazones reservadas de las sucesivas intervenciones universitarias que se sucedieron desde 1966.

Repercusión y continuidades

Muchos participantes de los Seminarios y del CNC seguimos ligados a la especialidad LIJ: autores, promotores de programas en organismos sin fines de lucro y oficiales, docentes y actores que, franqueando los años de dictaduras, crearon sus obras e impulsaron campañas de difusión de la cultura infantil y juvenil. Algunos ejemplos:

Poco después de la recuperación del orden democrático de 1983, nació el Centro de Documentación e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil (CEDILIJ); en la idea germinal de ese proyecto estuvieron Perla Suez y Estela Smania, hoy autoras reconocidas, que fueron participantes del Centro de Narradores.

Entre quienes integraron la Comisión Organizadora estuvo la escritora Lilia Lardone, de la Dirección de Cultura de la Municipalidad, en donde organizó actividades vinculadas a la cultura infantil y juvenil. A inicios de los 90 promovió la creación de la Sala de Lectura Infantil y Juvenil que funcionaba en el Cabildo Histórico de nuestra Ciudad.

En la actualidad, y ligado de algún modo a esta historia, el PROPALE, coordinado por Susana Gómez, adscripto a la Secretaría de Extensión de la Facultad de Filosofía y Humanidades, realiza actividades de formación y difusión de la lectura, y gestiona el Fondo Malicha de la Biblioteca de la Facultad. Junto con el CEDILIJ, organizó la celebración de los 50 años del primer Seminario y homenaje a su creadora, María Luisa Cresta de Leguizamón.

En la carrera de Letras, Susana Gómez dicta seminarios de grado y posgrado de LIJ. Florencia Ortiz y Adriana Vulponi[5], que también pertenecen al PROPALE y al CEDILIJ, realizan actividades académicas que conciernen a temáticas de la LIJ. Son espacios ganados para nuestro tema, como respuesta a una expectativa que, al menos entre nosotros, surgió en aquellos Seminarios: la inclusión de estos estudios en la carrera de grado de la Escuela de Letras.

Aporto algunos datos para abonar el interés académico en la materia: “Los primeros cuentos del mundo”[6], de Enrique Anderson Imbert, sobre “los monumentos narrativos de la antigüedad”; “Cuentos y leyendas populares de Argentina”[7], una obra de 10 Tomos en los que Berta Vidal de Battini analiza un voluminoso corpus de narraciones tradicionales como “aporte argentino a la ciencia universal del cuento popular”; el registro etnográfico que hicieron Guillermo y Jacobo Grimm[8] (lingüistas y filólogos) a principios del Siglo XIX. Jacobo Grimm explicó que “El libro (publicado en 1812) no está escrito para los niños, aunque si les gusta, tanto mejor; no hubiera puesto tanto ánimo en componerlo, de no haber creído que las personas más graves y cargadas de años podían considerarlo importante desde el punto de vista de la poesía, de la mitología y de la historia”. Y agregó: “Los niños solo tienen receptividad para la épica; a esta particularidad de su carácter debemos la conservación de estos documentos” (citado por Eduardo Valenti en el Prólogo).

La infancia de la literatura del mundo, recuperada en muchos cuentos para niños, ha sido investigada por investigadores de la lengua, de la literatura, de la antropología cultural y de la literatura infantil. Todos los pueblos del mundo tienen su Literatura infantil y su infancia de la Literatura.

La exploración de los documentos producidos por los Seminarios, con adecuados dispositivos de análisis, enriquecería el conocimiento de una trayectoria histórica de temas, géneros y estilos de la LIJ, con sus caracteres estructurales propios, y con la perspectiva de profundizar el estudio de sus manifestaciones actuales.

Por Lucía Robledo
Fotos: Manuel Coll


[1] En un trabajo conjunto, la Facultad de Filosofía y Humanidades y el CEDILIJ están reuniendo en un Dossier estas ponencias y documentos relacionados con su organización y la época. Pueden consultarse los ya disponibles en https://ffyh.unc.edu.ar/biblioteca/50-anos-de-los-seminarios-taller-de-literatura-infantil-y-juvenil-organizados-por-malicha-cresta-de-leguizamon/

[2] “Fantasía y comunicación: Monigote en la arena” y “Cuento viejo, cuento nuevo: Historia de Ratita“, incluidos en “Oficio de palabrera” (2012), Córdoba: Editorial Comunicarte.

[3] Susana Itzcovich, “Papeles de Biblioteca” (reseñas de autores publicadas por editorial Libros del Quirquincho (s/fecha).

[4] Dora Pastoriza de Etchebarne, “El cuento en la literatura infantil” (1969). Buenos Aires: Editorial Kapelusz.

[5] Adriana Vulponi, Tesis de Maestría en Antropología sobre “Antropología e Historia de la Literatura Infantil y Juvenil en Córdoba (2012).

[6] Enrique Anderson Imbert, “Los primeros cuentos del mundo” (1977). Buenos Aires: Marymar Ediciones.

[7] Berta Vidal de Battini, “Cuentos y leyendas populares de Argentina” (1984). Ediciones Culturales Argentinas de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación. (10 Tomos).

[8] J. y W. Grimm, “Cuentos completos” (1967). Editorial Labor, Barcelona, 2ª Edición. Prólogo de Eduardo Valenti.