EDUVIM lanzó el libro de la antropóloga, docente de la FFyH e investigadora del CONICET en el IDACOR, Mariana Espinosa, “Británicos, indígenas y árabes. La expansión evangélica en la Argentina interior”, un estudio antropológico sobre la primera gran expansión evangélica en el centro y noroeste argentino, la génesis de ese proceso, las configuraciones socioculturales que gestó y también sus crisis y transformaciones. Tres investigadorxs destacan lo valioso del trabajo y la autora conversa sobre el vínculo entre el pasado y el presente de un culto de fuerte expansión y penetración en nuestro país.
Misioneros y misioneras del movimiento británico Christian Brethren llegaron a la Argentina a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Desembarcaron en el Río de la Plata y desde el puerto fueron subiendo hacia el centro y noroeste del país, donde impulsaron su propuesta religiosa, “asambleas”, como les llamaban a las primeras congregaciones, que se conformaron especialmente entre inmigrantes de origen árabe, familias “criollas” e indígenas guaraníes y collas. “Sin negar la presencia de otros colectivos sociales, el protagonismo que adquirieron sirios y libaneses marcó el ethos de las iglesias de algunos centros urbanos importantes, como Santiago del Estero”, cuenta Espinosa, quien además señala que “de manera paralela se constituyeron asambleas entre indígenas guaraníes que trabajaban en los ingenios azucareros salto-jujeños de y entre población colla de la Quebrada de Humahuaca y la Puna, también incorporada a los agobiantes regímenes de explotación laboral de las plantaciones de caña y, posteriormente, a los enclaves mineros del altiplano”.

Si bien cada una de las tres partes en que está organizada la obra expresan un orden cronológico, la segmentación privilegia “modos de problematizar temas semejantes explorados en áreas culturales disímiles, lo que llevó a priorizar determinados ejes teórico-metodológicos en cada sección. Revisando críticamente conceptos e hipótesis sobre el mundo evangélico en la Argentina apuntalando las principales contribuciones reunidas, el libro aporta conocimiento sobre la diversidad cultural de áreas marginalizadas y contribuye a la comprensión del campo evangélico en la Argentina”, dice la autora, quien en la presentación de su obra -realizada en octubre en el Museo de Antropologías de la FFyH-, estuvo acompañada por Ana Clarisa Agüero, docente de nuestra Facultad e investigadora del Idacor/Conicet, Rodrigo Montani, antropólogo e investigador del mismo instituto, y Eric Morales Schmuker, docente e investigador de la Universidad Nacional de La Pampa.

“Se trata de un trabajo centrado en un proceso de expansión religiosa poco transitado y, como en parte ocurre con el fenómeno religioso en general, poco integrado incluso a las mejores narrativas de la historia nacional”, comentó Agüero, y agregó: “En esta investigación, Mariana indaga sobre la llegada e implantación múltiple de un filón evangélico, mayormente identificado con el movimiento Christian Brethren, desde fines del siglo XIX, y también su transformación al calor del encuentro con sociedades y grupos muy heterogéneos (de allí el nada obvio “árabes e indígenas”) en un vasto territorio. Como ambición territorial y voluntad comparativa, son dos datos centrales y muy valiosos de este trabajo”.
Rodrigo Montani en tanto, valoró que sea un libro “ interdisciplinar, con un abordaje historiográfico muy definido y excelente trabajo de fuentes. Es accesible, ágil de lectura, como creo que en general deben ser los libros de lectura académica”. Para Montani, “aquí hay mucho de sociología, se nota que Mariana conoce la sociología de las regiones donde trabaja, y también mucho de antropología, con una buena etnografía. Aunque la antropología no es solo eso y este libro lo demuestra, presenta una muy valorable etnografía de estos cultos, iglesias, y también de los contextos étnicos y sociales donde esto se expande. Entre muchas virtudes, el trabajo confirma que los estudios antropológicos no tienen por qué reducirse a etnografías, si se las entiende como el estudio localizado de un grupo o un pueblo determinado”.
Por su parte, Morales Schmuker también reconoció “una escritura despojada del aparato erudito sin perder la rigurosidad de una investigación sólida, lo cual es una decisión acertada para acercar a un público lector no especializado a esta reconstrucción de entramados sociales muy diversos y dinámicos”.
Desde un análisis metodológico, el historiador destacó la “la triangulación de fuentes etnográficas e históricas (confesionales y no confesionales, especialmente la prensa y toda esa cultura escrita evangélica que cobra relevancia en el trabajo), el énfasis en la perspectiva regional para entender la indisoluble unión entre lo global y lo local, y la puesta en suspenso de ciertas verdades recurrentes y no contrastadas de la historia nacional y socio-religiosa”. Para Morales Schmuker, el libro “pone en diálogo distintas tradiciones disciplinares en pos de un abordaje integral necesario para el entendimiento de una problemática socio-religiosa escasamente estudiada, siendo un aporte fundamental para la ampliación de las discusiones dentro del campo académico y el desarrollo de futuras líneas de investigación. Mariana nos incita a abordar diversas tramas y subtramas, a re-preguntarnos y reformular viejas preguntas. Y otro punto que se agradece es que en el apartado final invita a la discusión de tópicos centrales en la agenda de las investigadoras y los investigadores del fenómeno religioso: las identificaciones étnicas en los espacios protestantes-evangélicos, la “argentinización” del mundo protestante-evangélico y lo post-denominacional” y la “(neo)pentecostalización” a partir de la década de 1980 (“eclosión” del pentecostalismo)”.
Agradecida por los aportes y miradas de colegas, la autora acepta un diálogo con Alfilo para profundizar sobre una investigación novedosa y desafiante, insumo imprescindible para conocer un culto que se expande, penetra e influye con mucha potencia en distintas capas sociales y económicas argentinas:
- ¿Qué propuestas o miradas hicieron que el discurso y la acción de los misioneros y misioneras del movimiento británico Christian Brethren hayan tenido predicamento en culturas y poblaciones tan distintas, sobre todo en las comunidades indígenas? El sincretismo de lo originario y lo cristiano es algo que impacta cuando uno va al norte, pero ¿Cómo fue con esta experiencia evangélica?
El libro busca mostrar que el contacto de las poblaciones indígenas (de lengua guaraní, grupos de andinos, quichuas santiagueños), con la propuesta evangélica de los misioneros británicos se produjo en una arena de condiciones de posibilidad que facilitaron el encuentro/choque intercultural: fragilización de las economías locales, transformación de determinadas área geoculturales en economías de enclave (por ejemplo, el obraje en las llanuras santiagueñas, los ingenios azucareros en el piedemonte andino y occidente chaqueño, grandes establecimientos mineros en la Puna), afianzamiento del Estado Nacional (desplegado en campañas violentas de eliminación y reclutamiento de indígenas para los establecimientos mencionados) pero que incluía una narrativa de Nación que incorporaba a grupos e individuos después de un furibundo tamiz que inhibía, eliminaba o transformada diferencias culturales. Los ingleses (también escoceses, etc.) que venían a evangelizar se ubicaban en una posición favorable de las jerarquías interétnicas del periodo y por ello sus acciones, incluso en las provincias católicas del centro y noroeste, gozaban de cierta legitimidad en los círculos de poder de los cuales dependían sus posibilidades de circulación (patrones del azúcar, elites provinciales, policía, ejército). En efecto, el acercamiento de los misioneros extranjeros hacia las poblaciones indígenas, las respuestas de estas, las interacciones/fricciones, posibles cambios socio-religiosos, etc., se producían en estos marcos de carácter estructurante. Los/as misioneros/as proponían cultos, música, alfabetización en español (algo muy valorado, por ejemplo, para tratar de evitar los malos contratos con los patrones) y lo que posiblemente haya adquirido especial relieve: proponían una “salvación”. No obstante, el libro evita adoptar un tema/problema más bien de tipo religioso, “la conversión”, y opta por problematizar las interacciones e intercambios ciertamente desiguales entre misioneros extranjeros y diferentes grupos culturales, evidenciando cómo por ejemplo los indígenas con cierto margen de acción recreaban las propuestas británicas. Del mismo modo, el trabajo muestra cómo esos hombres y mujeres del Hemisferio Norte se transformaban y cómo mutaban sus mensajes una vez en “campo misionero”.
Lo que quiero decir también es que no se trata sólo de considerar lo que los misioneros “ofrecían”, sino de lo que posiblemente hayan interpretado los indígenas de aquello que les ofrecían, y de la interpretación de la interpretación nativa que hayan hecho los misioneros después.
- Las iglesias evangélicas han avanzado muchísimo en la actualidad en la Argentina, fundamentalmente entre los sectores populares, pero no solo en ellos, ¿hay un vínculo de este fenómeno con el que vos investigaste?
Sí, hay vínculo entre la actual y diversa presencia evangélica de la Argentina y el fenómeno evangélico estudiado. El movimiento de origen británico que el libro aborda, especialmente a partir de la década de 1940, se convierte en una red de iglesias y obras misioneras a lo largo y ancho del país con presencia en las principales ciudades de las provincias, pero también en áreas rurales y fronterizas. Estas iglesias estuvieron entramadas (todavía algunas lo están) pero con una relativa autonomía. A finales de la década del 40, en cumplimiento a la regulación estatal de los cultos, empiezan a llamarse Iglesia Cristiana Evangélica. Más adelante, en la década de 1980, compelidos por una ley de la última dictadura militar, algunos líderes crearon la Federación de Iglesias e Instituciones Cristianas Evangélicas de Argentina, que alberga en la actualidad a algunas de las iglesias venidas del proceso de misionalización mencionado y de las acciones de misioneros nacionales, por aquellos años ya era aceptado el nombre de “Hermanos Libres” o “Asambleas de los Hermanos” para (auto)referirse a sus redes de iglesias. Sin embargo, en las décadas de 1960 se inicia un proceso de renovación doctrinal y/o cultual y también de la composición social de las iglesias, lo que redundó en trasformaciones y desdoblamientos de las propuestas de antaño. Una porción importante de las iglesias del Noroeste argentino adquirió una lógica eclesial bautista norteamericana, otras tomaron elementos rituales del pentecostalismo sueco, y otras se apropiaron de propuestas de ministerios evangélicos norteamericanos. Además, es preciso mencionar que algunas familias de los Hermanos Libres, tuvieron roles destacados en la expansión y trasformación del campo evangélico argentino, protagonizando proyectos editoriales, educativos, asociaciones, ministerios con influencia política, etc. Con todo esto quiero decir que el fenómeno revelado, no es sólo una pieza de un mosaico evangélico (del pasado o del presente), sino que por el protagonismo, dinamismo y capilaridad que tuvo especialmente desde principios del siglo XX hasta los años 60, es constitutivo de las tramas de las redes evangélicas en el país, redes que trascienden a las iglesias, misiones y denominaciones y se reconfiguran en organizaciones basadas en la fe y otras formas (más) seculares. En este sentido el libro llama la atención a que para comprender la cuestión evangélica en la actualidad es preciso desandar su historia, conocer sus roles en la creación de “(otras) ciudadanías” y comprender las transformaciones identitarias de diversos grupos culturales de áreas marginalizadas del país.
- En las actuales iglesias hay un gran movimiento económico por el aporte que hacen los fieles, ¿Cómo se financiaban en el período que investigaste?
Los misioneros que estudié y las redes de iglesias donde practiqué la etnografía no se sostenían por una empresa misionera, iglesia matriz o Estado extranjero que financiara sus acciones. Quiero decir, el “modelo” de este movimiento es bastante diferente a la Iglesia anglicana, metodista, Asamblea de Dios o tantas otras, quizá por eso pasó desapercibido… Para la formación de las primeras iglesias, el movimiento recibió la ayuda de una suerte de red de mecenazgo conformada por agentes británicos que pululaban en el país al ritmo de los ferrocarriles y alrededor de determinados proyectos económicos. También, como demuestro en el libro, en las primeras décadas del siglo XX existía mucho diálogo y colaboración entre misioneros de diferentes vertientes, habilitándose establecimientos de cultos, préstamos de materiales, aunando de esta manera esfuerzos para fines comunes, etc. Como sea, debido a la falta de apoyo regular y de la heterogénea situación económica de los misioneros y misioneras que solían invertir/donar lo propio, una opción era que las familias “conversas” progresivamente asumieran responsabilidades ministeriales y con ello económicas. En algunos casos, las familias con mayor poder económico lograban trasmutar ese capital en mayor autoridad religiosa, sin embargo, si ello no iba acompañado de un testimonio, la reconversión de capitales no era eficaz. A su vez hay que considerar que se trataba y se trata de una red de iglesias cuya base social es heterogénea, sectores urbanas y rurales, geografías de centros y periferias relativos, lo cual influye en la “riqueza” de algunas sobre otras, sea porque sus miembros conforman determinados estratos de determinada ciudad o región de la sociedad argentina contemporánea, o porque se sitúan en la ciudad más “rica” de la Argentina, Buenos Aires, por ejemplo. Pero es bueno saber que tanto antes como ahora los evangélicos en general se organizaron financieramente de diferentes maneras, atendiendo a la doctrina y costumbres de su organización y a los habitus de las personas que habitaban/habitan dichos espacios. Conozco iglesias cuya estética y rituales no ostenta ni de cerca las propiedades económicas de sus creyentes, quienes es sabido tienen un capital importante. Los habitus de clases trasmutan en ethos religioso, pero ese proceso no es lineal, no se trata de una representación cultural de una estructura económica (no lo fue antes ni es ahora). Por último, es preciso indicar que según dirección que tome el asunto se convierte en un abuso espiritual, esto es manipular personas para el peculio propio. Es un tema que emerge al interior del campo evangélico argentino y en diferentes partes del mundo con el fin de contener víctimas, contrarrestar esa violencia, quizá “regular” desde dentro las prácticas de los líderes.
- ¿Hay diferencias entre las iglesias o todas responden a una misma línea?
Cuando empiezo con esta etnografía multisituada, me llamaba la atención que los cultos celebrados en iglesias de lugares diferentes como Buenos Aires, Córdoba, Santiago del estero, Tartagal, San Pedro o Tilcara, tuvieran un mismo aire de familiaridad y que a su vez se destacaran elementos culturales específicos. Del mismo modo, eran palpables procesos de trasformación producto del contacto con otras corrientes evangélicas. Tratando de ir al nudo de tu pregunta, lo que está claro es que al momento de realizar la etnografía, en cada espacio transitado se podían percibir “capas” de relaciones interreligiosas pasadas, capas que se expresaban con mayor claridad que otras, o que sobresalían más que otras. Con esto quisiera decir (también) que no sé si es posible hablar de “líneas”, al menos no de líneas homogéneas. Por ejemplo: era y es posible encontrar iglesias que adquieren prácticas cultuales de otras corrientes, pero ejercitan una lectura bíblica similar a la red de pertenencia primaria. Por otro lado, si bien hay liderazgos marcados, no tienen un cuerpo eclesial cristalizado, en efecto los habitus de los creyentes, sus experiencias interdenominacionales pasadas, las espiritualidades que han experimentado o construido, también constituyen la materia de la que está hecha un espacio evangélico.
Texto: Camilo Ratti
Fotos: gentileza Mariana Espinosa y Belén Nocioni (Comunicación IDACOR)



Lo que quiero decir también es que no se trata sólo de considerar lo que los misioneros “ofrecían”, sino de lo que posiblemente hayan interpretado los indígenas de aquello que les ofrecían, y de la interpretación de la interpretación nativa que hayan hecho los misioneros después.




