{"id":2535,"date":"2016-03-09T18:30:44","date_gmt":"2016-03-09T18:30:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ffyh.unc.edu.ar\/alfilo\/?p=2535"},"modified":"2016-03-09T18:30:44","modified_gmt":"2016-03-09T18:30:44","slug":"la-pasion-critica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo\/la-pasion-critica\/","title":{"rendered":"La pasi\u00f3n cr\u00edtica"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"http:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo2\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/alberto-giordano.jpg\" rel=\"attachment wp-att-2538\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-2538\" src=\"http:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo2\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/alberto-giordano-300x200.jpg\" alt=\"alberto-giordano\" width=\"400\" height=\"267\" srcset=\"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/alberto-giordano-300x200.jpg 300w, https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/alberto-giordano-768x512.jpg 768w, https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/alberto-giordano-1024x682.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a>Alberto Giordano<\/strong> present\u00f3 el 31 de marzo los\u00a0libros\u00a0\u00ab<strong>El discurso sobre el ensayo en la cultura argentina desde los 80<\/strong>\u00bb\u00a0y \u00ab<strong>Roland Barthes<\/strong>. <strong>Los fantasmas del cr\u00edtico<\/strong>\u00ab<em><strong>. \u00a0<\/strong><\/em>La actividad<em> se<\/em> desarroll\u00f3 en el Museo Genaro P\u00e9rez y la presentaci\u00f3n se realiz\u00f3 en el marco de las charlas <strong>Formas del pensamiento cr\u00edtico<\/strong> que lleva adelante el equipo de investigaci\u00f3n <em>Arte, escritura y pensamiento contempor\u00e1neo: experiencias, cr\u00edticas y pr\u00e1cticas est\u00e9ticas<\/em> del CIFFyH.<\/p>\n<p>En esta entrevista, el escritor <strong>Carlos Surghi<\/strong> conversa con el autor, quien profundiza sobre la obra de Barthes, opina sobre el estilo y la subjetividad, dando cuanta adem\u00e1s por qu\u00e9 en un ensayo importan m\u00e1s las interrupciones y los desv\u00edos, como rastros de un deseo de saber que no se conforma con lo conocido.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<hr \/>\n<p>A lo largo del tiempo Alberto Giordano ha ido construyendo una forma de leer que es tal vez una de las m\u00e1s singulares en el panorama de la cr\u00edtica literaria argentina y latinoamericana. Esta consiste en ejercitar el pensamiento cr\u00edtico haciendo uso no s\u00f3lo de los objetos de la literatura que le resultan interesantes, sino tambi\u00e9n desde lo que \u00e9stos pueden ganar al ser sometidos a una preferencia, a cierta distinci\u00f3n, a la simple necesidad de desear una impronta de originalidad ante el consenso acad\u00e9mico que se obstina en excluir la experiencia de lectura como principal herramienta del cr\u00edtico.<\/p>\n<p>En los inicios de los a\u00f1os 90\u2019, lo que a simple vista parec\u00eda una reuni\u00f3n de nombres opuestos, en realidad escond\u00eda una secreta afinidad que la perspicacia de lector \u2013ejercitada por Giordano en una revista se\u00f1era como <strong><em>Paradoxa\u2013<\/em><\/strong> ya detectaba. Por ese tiempo Borges y Masotta son el origen de una forma que se traduce en los modos en que el ensayo propone sus verdades relativas, sus saberes fundados en lo intempestivo como elogio del escepticismo. Pero tambi\u00e9n, esos modos son una forma de no reducir el objeto de estudio. Lo que interesa entonces al cr\u00edtico es aquello que la literatura puede como tal, es decir lo que la literatura puede representar, negar y postular como realidad, ya que en ello est\u00e1 lo que a\u00fan la hace existir de un modo <em>inesencial<\/em> \u2013siguiendo las lecturas que Giordano hace de Blanchot y Barthes a mediados de los a\u00f1os 90. Pero tambi\u00e9n, en esa singular manera de interpretar y desplegar una inquietud \u2013al fin y al cabo la cr\u00edtica es eso, inquietudes de un lector\u2013 Giordano ha sabido poner en discusi\u00f3n temas que parec\u00edan lejanos al inter\u00e9s de las investigaciones acad\u00e9micas que a mediados del a\u00f1o 2000 se sosten\u00edan sobre una legitimaci\u00f3n met\u00f3dica antes que sobre una innovaci\u00f3n cultural. Sus \u00faltimas reflexiones sobre la subjetividad, la experiencia de lo \u00edntimo y la obsesi\u00f3n de una figuraci\u00f3n constante por parte de quien escribe en el indiscernible terreno de lo autobiogr\u00e1fico, le han permitido acu\u00f1ar una f\u00f3rmula de lectura que sit\u00faa en el medio de la discusi\u00f3n un t\u00e9rmino marcado: el yo, eje central del <em>giro autobiogr\u00e1fico<\/em> que ha signado la literatura de estos \u00faltimos a\u00f1os. Tal vez ese yo, negado, inexistente, arbitrario pero due\u00f1o de las afecciones que impulsan el deseo de escribir, ha ganado tanto terreno que para Giordano se ha vuelto una pr\u00e1ctica, y este a\u00f1o, se ver\u00e1 editado bajo el t\u00edtulo <strong><em>El tiempo de la convalecencia. Fragmentos de un diario en Facebook. \u00a0<\/em><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo2\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/discurso-sobre-el-ensayo.jpg\" rel=\"attachment wp-att-2536\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-2536\" src=\"http:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo2\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/discurso-sobre-el-ensayo-200x300.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/discurso-sobre-el-ensayo-200x300.jpg 200w, https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/discurso-sobre-el-ensayo.jpg 669w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a>En esta ocasi\u00f3n Giordano ha editado dos libros que pueden leerse como una historia de las pasiones de la cr\u00edtica argentina: el ensayo y Roland Barthes. El primero, <strong><em>El discurso sobre el ensayo en la cultura argentina desde los 80 <\/em><\/strong>(Santiago Arcos Editor) re\u00fane una serie de textos que piensan el controversial g\u00e9nero desde sus caracter\u00edsticas en cuanto a forma y su hospitalidad con otros g\u00e9neros y otros modos de pensar, pero sobre todo desde su alcance en el terreno de las ciencias sociales, para las cuales el ensayo supondr\u00eda un verdadero desaf\u00edo. De este modo Christian Ferrer, Nicol\u00e1s Casullo, Gregorio Kaminsky, junto a otros <em>ensayistas<\/em> forman parte de un libro que expone el itinerario de una pr\u00e1ctica discursiva. En el caso de Barthes, Giordano ha realizado una selecci\u00f3n cuyo inter\u00e9s se orienta en su gran mayor\u00eda hacia una delgada l\u00ednea de frontera donde la cr\u00edtica y el deseo de escritura prefiguran <strong><em>Roland Barthes. Los fantasmas del cr\u00edtico<\/em><\/strong> (Nube Negra). Daniel Link, Sandra Contreras, Silvio Mattoni, entre otros, iluminan las m\u00faltiples pasiones de Barthes como lo son lo neutro, lo novelesco, o lo anal\u00edtico afectivo en su discurso cr\u00edtico.<\/p>\n<p><strong>&#8211; En varios de los textos que reun\u00eds en <em>El discurso sobre el ensayo<\/em> por momentos lo singular del g\u00e9nero es la construcci\u00f3n del estilo, el v\u00ednculo que a trav\u00e9s de \u00e9l puede darse entre <em>conocimiento<\/em> y <em>subjetividad<\/em>, o la posibilidad de plantear <em>modos de ser<\/em> frente a la demanda de verdad que, en el caso del ensayo literario, y m\u00e1s precisamente pensado en Borges, alguna vez denominaste como \u201cliteraturizaci\u00f3n del saber\u201d. \u00bfExistir\u00eda entonces por parte del consenso acad\u00e9mico, que resisti\u00f3 y resiste al ensayo, cierta incomodidad ante el <em>estilo<\/em> como un modo justamente de saber, de exponer la presunci\u00f3n de verdad, de relativizar lo que podemos expresar? \u00bfHoy en d\u00eda tiene alg\u00fan valor el estilo?<\/strong><\/p>\n<p>&#8211; \u201cEstilo\u201d es, como se sabe, un concepto anacr\u00f3nico y equ\u00edvoco. Tal vez por eso pueda servirnos para pensar los alcances y las potencias del ensayo como forma de interrogar e impugnar las supersticiones epistemol\u00f3gicas en las que se sostiene la reproducci\u00f3n acad\u00e9mica, es decir, burocr\u00e1tica, de los conocimientos que se producen en el campo de las humanidades y las ciencias sociales. (Las \u201csupersticiones\u201d \u2013dice Deleuze que dec\u00eda Spinoza- no son creencias falsas, sino creencias que debilitan la capacidad de actuar de un cuerpo, que lo alejan de lo que quiere. Las supersticiones de la objetividad y la eficacia demostrable, que son el substrato moral en el que est\u00e1n emplazados los criterios de valoraci\u00f3n que regulan, desde hace d\u00e9cadas, la reproducci\u00f3n acad\u00e9mica, son creencias que debilitan las potencias de imaginar lo entredicho, de inventar sentidos an\u00f3malos, son creencias que apartan al ensayista del deseo de ponerse a prueba y de sacudir la estabilidad de lo conocido.). El concepto de estilo parece apropiado para pensar la fuerza cr\u00edtica del ensayo, y entender por qu\u00e9 las morales acad\u00e9micas lo rechazan, si lo pensamos menos en los t\u00e9rminos de las huellas individuales que una subjetividad deja sobre la superficie de los discursos, que desde el punto de vista de los rastros que dejan en la trama de conceptos y definiciones que individualizan una disciplina las tentativas de articular la singularidad de las experiencias lectoras con la generalidad de los saberes a los que se recurre para exponerlas, tentativas que no pueden no fracasar. Se podr\u00eda decir que el estilo de un ensayista es el de su modo intransferible de fracasar exitosamente en el intento de articular concepto y experiencia (\u201cexitosamente\u201d, porque solo alcanzamos a saber algo aut\u00e9ntico sobre aquello que nos interesa cuando fracasan los protocolos que lo reducen a objeto de conocimiento). Se entender\u00e1 entonces por qu\u00e9 en un ensayo importan m\u00e1s las interrupciones y los desv\u00edos, como rastros de un deseo de saber que no se conforma con lo conocido y conocible, que las conclusiones y la transferencia de resultados objetivables.<\/p>\n<p><strong>&#8211; En el \u201cPr\u00f3logo\u201d a <em>El discurso sobre el ensayo<\/em> expon\u00e9s que si su naturaleza es no reduccionista lo es por oposici\u00f3n a la naturalizaci\u00f3n del saber entendido como totalidad, como sistema de pensamiento en la cultura. Es m\u00e1s, propon\u00e9s entender al ensayo como \u201cun desaf\u00edo \u00e9tico del pensamiento cr\u00edtico\u201d pues se debe cuidar lo impensable que siempre violenta el curso de la raz\u00f3n especulativa. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda hoy en d\u00eda para el ensayo lo impensable? \u00bfDe qu\u00e9 debe cuidarlo la \u00e9tica del ensayista?<\/strong><\/p>\n<p>&#8211; Lo impensable ser\u00eda la reserva de indeterminaci\u00f3n y ambig\u00fcedad que sobrevive en cualquier discurso asertivo, en cualquier discurso que se arroga el poder de decir lo verdadero. Algo que se lee pero no se reconoce, de cuya existencia s\u00f3lo puede darse un testimonio indirecto, conjetural. De esa reserva, que habla, silenciosamente, de las inclinaciones y los intereses afectivos que mueven a cualquier tentativa de saber (incluso, o sobre todo, a las que manifiestan pretensiones de objetividad), los protocolos de la comunicaci\u00f3n acad\u00e9mica no tienen nada para decir porque eligen desconocerla. S\u00f3lo el ensayo, en tanto busca los modos ret\u00f3ricos de entrar en intimidad con lo que los discursos sociales y las experiencias est\u00e9ticas desconocen de s\u00ed mismos, puede dar pruebas de la presencia de lo impensado y de su fuerza cr\u00edtica, fuerza que hay que evaluar en t\u00e9rminos de descomposici\u00f3n de los sentidos comunes te\u00f3ricos (los que borran la singularidad de lo existente \u2013que es lo que le interesa al ensayista- para imponerle una estabilidad moral que lo domestica). Se podr\u00eda decir que la escritura del ensayo, en la que un lector solitario imagina respuestas para las se\u00f1ales que le hacen unos objetos solitarios, es siempre un testimonio de la no complementariedad y la no contemporaneidad entre enunciado y enunciaci\u00f3n, de que el sentido nunca est\u00e1 dado y s\u00f3lo puede inventarlo quien sepa poner en juego, poner a prueba, sus facultades intransferibles para pensar en la escritura.<\/p>\n<p><strong>&#8211; Hay una pol\u00edtica del ensayo que consistir\u00eda en no <em>constatar<\/em> sino m\u00e1s bien <em>interpretar<\/em>. La recopilaci\u00f3n de textos que llevas adelante da cuenta de ello, pues cada uno responde a un lugar y un sujeto de enunciaci\u00f3n que se interroga sobre una forma, desde por ejemplo Beceiro, Sarlo y Gr\u00fcner en los a\u00f1os ochenta con el lento proceso de normalizaci\u00f3n acad\u00e9mica luego de la dictadura, hasta Mattoni, Gonz\u00e1lez y Ritvo, cuando el ensayo ya ocupa la discusi\u00f3n acad\u00e9mica. \u00bfPodr\u00edamos afirmar entonces que la riqueza del g\u00e9nero est\u00e1 en las ocurrencias conceptuales del yo y sus circunstancias no s\u00f3lo hist\u00f3ricas, sino tambi\u00e9n afectivas que lo vinculan con lo \u00edntimo, lo autobiogr\u00e1fico, la experiencia misma?<\/strong><\/p>\n<p>&#8211; Creo que en las respuestas anteriores, cuando me refer\u00ed al inter\u00e9s del ensayo por los afectos impensables que mueven secretamente a cualquier tentativa de saber, y cuando valor\u00e9 la importancia del estilo como modo intransferible de fracasar exitosamente, me anticip\u00e9, en parte, a la formulaci\u00f3n de esta pregunta. Puedo, de todos modos, agregar algo, tomando prestada una ocurrencia de Horacio Gonz\u00e1lez, a quien me gusta caracterizar como el protagonista m\u00e1s audaz y consecuente del proceso que llamo \u201cdiscurso sobre el ensayo en la cultura argentina de las \u00faltimas d\u00e9cadas\u201d. Dice Gonz\u00e1lez en su \u201cElogio del ensayo\u201d, de 1990, que la forma ensay\u00edstica configura una \u201ctenue membrana\u201d entre la escritura de y para s\u00ed mismo y la \u201cinteligibilidad p\u00fablica\u201d, una membrana, a la vez \u00edntima y comunitaria, entre lo privado y lo p\u00fablico. Cuanto m\u00e1s se arriesga a experimentar su propia rareza, a intervenir en el campo del saber desde la perspectiva de lo que lo conmueve \u2013por la v\u00eda del placer o del goce-, m\u00e1s posibilidades tiene el ensayista de hacernos conocer, en detalle, c\u00f3mo funcionan socialmente las interpretaciones culturales que dominan una \u00e9poca, esas interpretaciones que imponen su dominio en tanto neutralizan o desconocen cualquier experimento con lo singular. El ensayo es al mismo tiempo una experiencia de lo \u00edntimamente desconocido de una subjetividad en trance de saber qu\u00e9 la inquieta y una microf\u00edsica de las fuerzas discursivas que limitan ese ejercicio mediante la imposici\u00f3n de sentidos y valores consensuados. Un saber de lo convencional a partir de las fricciones que provoca lo an\u00f3malo.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo2\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/fantasmas-del-cr\u00edtico.jpg\" rel=\"attachment wp-att-2537\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-2537\" src=\"http:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo2\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/fantasmas-del-cr\u00edtico-200x300.jpg\" alt=\"Created by Readiris, Copyright IRIS 2007\" width=\"400\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/fantasmas-del-cr\u00edtico-200x300.jpg 200w, https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/alfilo\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/03\/fantasmas-del-cr\u00edtico.jpg 669w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>&#8211; A cien a\u00f1os del nacimiento de Barthes uno siente la tentaci\u00f3n de afirmar que el dios que se oculta en los <em>detalles<\/em>, lo <em>fragmentario<\/em> como posibilidad de una totalidad inaccesible, o los signos como orden de lo <em>afectivo<\/em> son los aportes con los que este pensador franc\u00e9s cambi\u00f3 el horizonte de expectativas en la cr\u00edtica literaria. \u00bfA qu\u00e9 cre\u00e9s que se debe la fascinaci\u00f3n por Barthes en nuestro pa\u00eds?<\/strong><\/p>\n<p>&#8211; Por un lado, la lectura y la \u201cimportaci\u00f3n\u201d de Barthes permiti\u00f3 reformular y revitalizar la tradici\u00f3n del ensayo cr\u00edtico, tradici\u00f3n muy rica en la cultura argentina, despu\u00e9s de su debilitamiento, en los 60, por obra de la especializaci\u00f3n y la tecnificaci\u00f3n de las humanidades y las ciencias sociales. En la obra de Barthes nuestros cr\u00edticos encontraron \u2013 continuan encontrando- una imagen fascinante del intelectual como escritor, que interviene en la arena de las discusiones culturales haciendo un uso estrat\u00e9gico e irreverente de las teor\u00edas, para reclamar por los derechos de una subjetividad incierta como punto de vista desde el que procesar cualquier saber y definir cualquier criterio de valoraci\u00f3n (lo de \u201csubjetividad incierta\u201d remite a la idea de que el ensayista es aquel que escribe, menos porque ya sabe y busca c\u00f3mo comunicarlo, que porque quiere saber, sobre el tema de que se ocupa, pero tambi\u00e9n sobre s\u00ed mismo, sobre la potencia de sus facultades ret\u00f3ricas y sus inclinaciones afectivas para especular sobre determinados temas). Por otro lado, en Barthes la cr\u00edtica argentina moderna encontr\u00f3 perspectivas m\u00e1s l\u00facidas y sutiles que las consabidas (las que tiene que ver con la l\u00f3gica del \u201cdesenmascaramiento\u201d) para practicar la cr\u00edtica ideol\u00f3gica \u2013uno de los ejercios que acaso la definan desde sus comienzos \u201ccontornistas\u201d: todo lo que Barthes pens\u00f3 y escribi\u00f3 sobre el poder totalizador y homogenizador de los estereotipos, sobre el car\u00e1cter gregario y reductor de los signos y sobre las arrogancias de los discursos asertivos, se convirti\u00f3 en una caja de herramientas extraordinariamente operativa para la interpretaci\u00f3n pol\u00edtica de la discursividad social.<\/p>\n<p><strong>&#8211; En varios de los textos que conforman <em>Roland Batrthes. Los fantasmas del cr\u00edtico<\/em> hay un abierto favoritismo por lo que suele denominarse <em>el \u00faltimo Barthes<\/em>, el que lee a Proust, el que participa en <em>Tel Quel<\/em>, el que luego de la muerte de su madre se obsesiona con la idea de escribir una novela. \u00bfPodr\u00edamos decir que a un mismo tiempo Barthes es anacr\u00f3nico y moderno pues toda su obra tal vez est\u00e9 atravesada por el egotismo como impulso de escritura?<\/strong><\/p>\n<p>&#8211; Una observaci\u00f3n preliminar: no estoy de acuerdo con segmentar la obra de Barthes en sucesivas etapas (el \u201cprimero\u201d, el \u201cestructuralista\u201d, el \u201cultimo\u201d), como si se tratara de un continuo que se fue desplegando seg\u00fan cambiaban los contextos culturales. Me parece m\u00e1s conveniente pensarla en t\u00e9rminos de mutaci\u00f3n de \u201cedades\u201d, como un proceso vital pautado por recomienzos e interrupciones, por insistencias y variaciones. Lo que insiste e impulsa la variaci\u00f3n tiene que ver casi siempre con el modo en que se configura la tensi\u00f3n entre perspectivas heterog\u00e9neas. Por ejemplo, la tensi\u00f3n \u2013a la que alude la pregunta- entre la voluntad de afirmar los valores de la literatura como pr\u00e1ctica vanguardista, que transgrede el horizonte de la tradici\u00f3n, y el deseo de experimentar lo que hay de intempestivo en su anacronismo y su inactualidad. Es, si se quiere, la tensi\u00f3n entre los intereses \u201cterroristas\u201d del <em>cr\u00edtico<\/em> que act\u00faa como un militante de lo Nuevo (de Robbe-Grillet a Sollers) y las inclinaciones de un <em>lector<\/em> que descubri\u00f3 en la literatura fuerzas de suspensi\u00f3n y desplazamiento que le permiten neutralizar las intimidaciones de las morales culturales (tanto de las que reclaman identificarse con valores tradicionales, como de las que buscan inmovilizarlo enlaz\u00e1ndolo a la euforia modernista). En el Barthes obsesionado con el proyecto de escribir una novela y asumir los retos y los placeres de una Vita Nuova, esta tensi\u00f3n alcanza tal vez su m\u00e1xima intensidad. El cr\u00edtico fantasea con salirse de la Cultura, del entramo de conflictos morales que impone la actualidad, a trav\u00e9s de la metamorfosis de su escritura en literatura. En las enso\u00f1aciones te\u00f3ricas de Barthes, esa metamorfosis supone la asunci\u00f3n jubilosa del egotismo \u2013la escritura de s\u00ed mismo- pero con miras a su trascendencia, en el sentido, no de la alienaci\u00f3n en lo colectivo, sino de la experiencia renovadora de lo \u00edntimo.<\/p>\n<p><strong>&#8211; Por \u00faltimo, y siguiendo ese \u00e1mbito afectivo de los signos, \u00bfexiste una primera vez con Barthes, una escena de lectura inici\u00e1tica que quieras contarnos?<\/strong><\/p>\n<p>&#8211; Me encontr\u00e9 con la obra de Barthes casi por casualidad en 1978, mientras cursaba el segundo a\u00f1o de la carrera de Letras. <em>Cr\u00edtiva y verdad <\/em>era uno m\u00e1s entre los libros que conformaban la bibliograf\u00eda -demasiado extensa y poco criteriosa- de una asignatura \u201cmetodol\u00f3gica\u201d. En ese momento se convirti\u00f3 en uno de los libros de mi vida, por la transformaci\u00f3n exitencial que propici\u00f3. La lectura de <em>Cr\u00edtica y verdad<\/em> me descubri\u00f3 la posibilidad de un modo de dialogar con la literatura en el que convergen el placer de la conceptualizaci\u00f3n y la construcci\u00f3n de sistemas, las astucias argumentativas, los afanes de la pol\u00e9mica y el arte de manifestar, discretamente, entre palabras que ambicionan saber, la presencia -desconocida para s\u00ed- de la sensibilidad del lector. Leyendo este libro, por voluntad de imitaci\u00f3n, comenc\u00e9 a convertirme en cr\u00edtico. Lo que Barthes me revel\u00f3 \u2013y no deja de revelarnos- es la convicci\u00f3n doble de que el cr\u00edtico tambi\u00e9n es un escritor, porque mantiene una relaci\u00f3n problem\u00e1tica e intensamente afectiva con el lenguaje, y que la cr\u00edtica no debe pensarse como un metalenguaje sino como un ejercicio inmanente, ret\u00f3rico y \u00e9tico, en el que se ponen a prueba qu\u00e9 puede la literatura sobre las convenciones culturales y con qu\u00e9 facultades cuenta el cr\u00edtico para responder activamente a ese poder.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><strong>Entrevista<\/strong>:\u00a0Carlos Surghi<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<table width=\"588\">\n<tbody>\n<tr>\n<td width=\"588\"><strong>\u00a0<\/strong><strong>Alberto Giordano: <\/strong>naci\u00f3 en Rufino en 1959. Es Doctor en Letras, Investigador del CONICET, Director del Centro de Estudios de Teor\u00eda y Cr\u00edtica Literaria y Profesor de la Universidad Nacional de Rosario. Ha publicado los libros de ensayo <strong><em>El pensamiento de la cr\u00edtica <\/em><\/strong>(2016) <strong><em>La contrase\u00f1a de los solitarios. Diarios de escritores<\/em><\/strong> (2012)<em>,\u00a0<strong>Vida y Obra<\/strong> <\/em>(2011),\u00a0<strong><em>El giro autobiogr\u00e1fico de la literatura argentina actual<\/em><\/strong> (2008), <strong><em>Una posibilidad de vida<\/em>.<em> Escrituras \u00edntimas<\/em><\/strong> (2007), <strong><em>Modos del ensayo. De Borges a Piglia<\/em><\/strong> (2005), <strong><em>Manuel Puig, la conversaci\u00f3n infinita<\/em><\/strong> (2002), <strong><em>Razones de la cr\u00edtica<\/em><\/strong> (1999), <strong><em>Roland Barthes. Literatura y poder<\/em><\/strong> (1995), <strong><em>La experiencia narrativa<\/em><\/strong> (1992) y <strong><em>Modos del ensayo. 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