{"id":72,"date":"2018-12-05T00:10:17","date_gmt":"2018-12-05T00:10:17","guid":{"rendered":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/?p=72"},"modified":"2018-12-06T19:23:15","modified_gmt":"2018-12-06T19:23:15","slug":"pensamientos-de-giacomo-leopardi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/2018\/12\/05\/pensamientos-de-giacomo-leopardi\/","title":{"rendered":"Pensamientos, de Giacomo Leopardi"},"content":{"rendered":"<h5 style=\"text-align: right\"><em>Traducci\u00f3n colaborativa<\/em><\/h5>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Texto completo:\u00a0<a href=\"http:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/wp-content\/uploads\/sites\/32\/2018\/12\/Leopardi_Traducciones.pdf\">LEOPARDI_Traducciones<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los siguientes textos conforman una selecci\u00f3n del libro <em>Pensamientos <\/em>de Giacomo Leopardi. Elaborados originariamente en el <em>Zibaldone<\/em>, modificados luego bajo la forma de fragmento y publicados p\u00f3stumamente por su gran amigo Antonio Rainieri en 1845, los <em>Pensamientos<\/em> constituyen una profunda reflexi\u00f3n en la cual el poeta-fil\u00f3sofo condena los errores y la falsedad de las costumbres humanas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[V]<\/strong><\/p>\n<p>En las cosas ocultas siempre ve mejor la minor\u00eda; en las evidentes, la mayor\u00eda. Es absurdo aducir lo que llaman consenso de las masas en las cuestiones metaf\u00edsicas, consentimiento que no se tiene en cuenta en las cosas f\u00edsicas y sometidas a los sentidos; como por ejemplo en la cuesti\u00f3n del movimiento de la tierra y en otras tantas. Por el contrario, contrastar la opini\u00f3n de la mayor\u00eda en materia civil es temerario, peligroso y, a la larga, in\u00fatil.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[VII]<\/strong><\/p>\n<p>Extra\u00f1amente se dice que existe un desprecio hacia la muerte y un coraje m\u00e1s abyecto y despreciable que el miedo: el de los comerciantes y otros hombres dedicados a hacer dinero que, muchas veces, para obtener ganancias m\u00ednimas y s\u00f3rdidos ahorros, recusan con obstinaci\u00f3n cuidados y recaudos necesarios para su conservaci\u00f3n, y se someten a peligros extremos donde, no raramente, h\u00e9roes viles perecen en una muerte vituperada. De este oprobioso coraje se vieron ejemplos insignes, a los que siguieron da\u00f1os y masacres de pueblos inocentes, como la peste, llamada preferiblemente <em>cholera morbus<\/em>, que flagel\u00f3 a la especie humana en estos \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[VIII]<\/strong><\/p>\n<p>Uno de los errores graves en los que incurren a diario los hombres es creer que su secreto ser\u00e1 resguardado. No s\u00f3lo el secreto de lo que ellos revelan en confianza, sino tambi\u00e9n de lo que sin su voluntad, o a su pesar, es visto o sabido por cualquiera y que a ellos les convendr\u00eda que se mantuviese oculto. Ahora bien, yo digo que te equivoc\u00e1s cada vez que, sabiendo que una cosa tuya es conocida por otros, no das por sentado que es conocida por todos, cualquiera sea el da\u00f1o o la humillaci\u00f3n que te pueda provocar. Con mucho esfuerzo, los hombres se abstienen de exponer sus asuntos ocultos, por la consideraci\u00f3n del inter\u00e9s propio: pero en lo que se refiere a los otros, nadie calla. Y si quer\u00e9s cerciorarte de esto, exam\u00ednate a vos mismo y ver\u00e1s cu\u00e1ntas veces, por disgusto, da\u00f1o o verg\u00fcenza que pueda causarle a otros, te piden que no divulgues lo que sabes; que no lo hagas p\u00fablico, digo, si no a muchos, al menos a este o aquel amigo que va a hacer lo mismo. En el \u00e1mbito social, ninguna necesidad es m\u00e1s grande que la de conversar, una de las primeras necesidades de la vida y principal medio para pasar el tiempo. Y ning\u00fan argumento de charla es m\u00e1s raro que el que despierta la curiosidad y ahuyenta el aburrimiento, como lo hacen las cosas ocultas y nuevas. Pero ten\u00e9 bien en cuenta esta regla: las cosas que no quer\u00e9s que se sepa que hiciste, no s\u00f3lo no las divulgues, no las hagas. Y las que no puedes evitar que sucedan o ya hayan sucedido, ten\u00e9 por seguro que se sabr\u00e1n cuando menos te lo esperes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[IX]<\/strong><\/p>\n<p>Quien, contra la opini\u00f3n de otros, predijo un acontecimiento en la manera en la que efectivamente sucedi\u00f3, no piense que quienes lo contradicen, a\u00fan visto el hecho, le den la raz\u00f3n y lo consideren m\u00e1s sabio o inteligente que ellos, porque o negar\u00e1n el hecho o la predicci\u00f3n, o alegar\u00e1n que esto y aquello difieren en las circunstancias, o de cualquier manera hallar\u00e1n motivos por medio de los cuales se esforzar\u00e1n en convencerse a s\u00ed mismos y a los dem\u00e1s de que su opini\u00f3n era la correcta y la contraria, equivocada.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>[XI]<\/strong><\/p>\n<p>Hay algunos siglos que, por no decir todo, en lo que concierne al arte y a otras disciplinas pretenden rehacer todo porque nada saben hacer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[XIV]<\/strong><\/p>\n<p>No ser\u00eda poca la amargura de los educadores, y sobre todo la de los padres, si pensaran \u2014lo que es muy cierto\u2014 que sus hijos, m\u00e1s all\u00e1 de su naturaleza y del esfuerzo, esmero y empe\u00f1o que se destine en educarlos, luego por su experiencia de mundo, casi seguramente, si no les sobreviene la muerte, se volver\u00e1n malvados. Tal vez esta respuesta ser\u00eda m\u00e1s v\u00e1lida y razonable que la de Tales quien, interrogado por Sol\u00f3n acerca de por qu\u00e9 no se casaba, respondi\u00f3 alegando la inquietud de los padres por los infortunios y los peligros de sus hijos. Ser\u00eda, creo, m\u00e1s v\u00e1lido y razonable excusarse diciendo que no se quiere aumentar la cantidad de malvados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[XVII] <\/strong><\/p>\n<p>As\u00ed como las prisiones est\u00e1n llenas de personas que se dicen inocentes, del mismo modo las oficinas p\u00fablicas y los cargos honor\u00edficos de toda clase no son ejercidos sino por personas llamadas y obligadas a ello muy a su pesar. Es casi imposible encontrar a alguien que confiese haber merecido las penas que sufre o haber buscado o deseado los honores de los que goza; pero quiz\u00e1s es menos posible lo \u00faltimo que lo primero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[XXI]<\/strong><\/p>\n<p>Cuando hablamos, no experimentamos un placer vivo y duradero sino cuando se nos permite discurrir sobre nosotros mismos y sobre las cosas que nos ocupan o que, de alg\u00fan modo, nos pertenecen. Cualquier otro discurso en poco tiempo se vuelve aburrido. Y eso que es placentero para nosotros se vuelve un tedio mortal para quien escucha. No se gana el t\u00edtulo de \u201cafable\u201d sino a costa de sufrimientos; porque afable, en la conversaci\u00f3n, no es sino aquel que halaga el amor propio de los dem\u00e1s y que, ante todo, escucha mucho y calla mucho, hecho por dem\u00e1s tedioso. Luego, deja que los otros hablen cuanto quieran de ellos mismos y de sus cosas; es m\u00e1s, los introduce en ese tipo de razonamientos y hasta \u00e9l mismo habla de eso; hasta que, al separarse, ellos se quedan muy satisfechos de s\u00ed mismos y \u00e9l muy cansado de ellos. Porque, en definitiva, si la mejor compa\u00f1\u00eda es aquella que, al separarnos, nos deja m\u00e1s satisfechos de nosotros mismos, eso implica que la que dejamos es posiblemente la que qued\u00f3 m\u00e1s aburrida. La conclusi\u00f3n es que en la conversaci\u00f3n, y en cualquier di\u00e1logo que no tenga otro fin que el de entretenerse hablando, casi inevitablemente, el placer de unos se vuelve aburrimiento de otros, y no se puede esperar m\u00e1s que fastidio o pesar, lo que es una gran suerte participar por igual de una y otra cosa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[XXIII] <\/strong><\/p>\n<p>Lo que se dice generalmente que la vida es una representaci\u00f3n esc\u00e9nica, se comprueba sobre todo en esto: en que el mundo habla constantemente de un modo y obra constantemente de otro. Porque todos hablan de alg\u00fan modo y porque el endeble lenguaje del mundo no enga\u00f1a sino a los ni\u00f1os y a los tontos, de esta comedia hoy son todos actores y casi nadie espectador, lo que implica que semejante representaci\u00f3n se convirti\u00f3 en algo totalmente in\u00fatil, aburrido y cansador sin motivo. Pero ser\u00eda haza\u00f1a digna de nuestro siglo convertir la vida en una acci\u00f3n no simulada, sino verdadera y conciliar por primera vez en el mundo la famosa discordia entre lo dicho y lo hecho. Dicha discordia, puesto que los hechos, por experiencia, ya son suficientemente conocidos como inmutables y que no es conveniente que los hombres se cansen a\u00fan m\u00e1s en la b\u00fasqueda de lo imposible, se resolver\u00eda por medio de algo al mismo tiempo \u00fanico y muy sencillo, aunque hasta hoy nunca se haya intentado, esto es: cambiar lo dicho y llamar de una vez por todas las cosas por su nombre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a0[XXIV]<\/strong><\/p>\n<p>O yo me enga\u00f1o o es rara esa persona que, en nuestro siglo, es generalmente elogiada, cuyos elogios no hayan surgido de su propia boca. Tanto es el ego\u00edsmo y tanta la envidia y el odio que los hombres se tienen los unos a los otros, que al querer ser reconocidos, no les basta con hacer cosas elogiables, sino que tambi\u00e9n necesitan elogiarlas, o encontrar, lo que es igual, otra persona que en su lugar las predique y las magnifique continuamente, pregon\u00e1ndolas a viva voz en los o\u00eddos del p\u00fablico, para obligar a las personas ya sea mediante el ejemplo, o ya sea con coraje y perseverancia a propagar parte de esos elogios. No esperes que hablen espont\u00e1neamente, por gran valor que demuestres o por grandes actos que realices. Miran y callan eternamente y, si pueden, impiden que otros lo adviertan. Quien quiera engrandecerse, aun cuando sea por virtud verdadera, que deje de lado la modestia.<\/p>\n<p>Con respecto a esto, el mundo a\u00fan es como las mujeres: con pudor y con discreci\u00f3n de \u00e9l no se obtiene nada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[XXV] <\/strong><\/p>\n<p>Nadie est\u00e1 tan desenga\u00f1ado del mundo, ni lo conoce tan profundamente, ni le tiene tampoco tanto odio, que si este lo mira en parte con bondad, no se reconcilie un poco con \u00e9l. Del mismo modo, ninguno de nuestros conocidos es tan malvado que si nos saluda cort\u00e9smente, no nos parezca menos malvado que antes. Estas observaciones sirven para demostrar la debilidad del hombre y no para justificar ni a los malvados ni al mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[XXVII] <\/strong><\/p>\n<p>No hay mayor signo de ser poco fil\u00f3sofo y poco sabio que pretender sabia y filos\u00f3fica toda la vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[XXX] <\/strong><\/p>\n<p>As\u00ed como el g\u00e9nero humano suele desestimar las cosas presentes y elogiar las pasadas, del mismo modo la mayor parte de los viajeros, mientras viajan, dicen amar su lugar de origen y lo prefieren con una cierta vehemencia a aquellos en los que se encuentran. De regreso a su tierra natal, con la misma vehemencia la subordinan a todos los otros sitios donde han estado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>[XXXIII] <\/strong><\/p>\n<p>Los enga\u00f1adores mediocres, y con frecuencia las mujeres, siempre creen que sus timos han surtido efecto y que las personas han quedado impresionadas. Pero los m\u00e1s astutos dudan, porque conocen mejor, por un lado, las dificultades del arte y por el otro, su fuerza, y porque saben c\u00f3mo aquello mismo que ellos pretenden, es decir, enga\u00f1ar, tambi\u00e9n es pretendido por todos. Son estas dos \u00faltimas razones las que hacen que a menudo el enga\u00f1ador resulte enga\u00f1ado. Adem\u00e1s de que estos no subestiman a los dem\u00e1s, como s\u00ed suele hacerlo quien entiende poco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta traducci\u00f3n fue realizada en el marco del proyecto de traducci\u00f3n colaborativa llevado adelante por estudiantes, egresados y docentes de la Facultad de Lenguas y de la Facultad de Filosof\u00eda y Humanidades: Silvia Cattoni, \u00c1ngeles Gerbaldo, Andrea S\u00e1nchez, M\u00e1ximo Ramos, Julieta Scozzari, Julieta Amaya, Margherita Guastamacchia, Massimo Palmieri, Eugenia Alesso, Rodrigo Ju\u00e1rez, Eugenia Bottino, Luca Marzolla y Daniele Petrella.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Traducci\u00f3n colaborativa<\/p>\n","protected":false},"author":29,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-72","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-traducciones-coda"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/72","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/wp-json\/wp\/v2\/users\/29"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=72"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/72\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":293,"href":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/72\/revisions\/293"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=72"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=72"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/coda\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=72"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}