{"id":123,"date":"2016-03-21T12:45:54","date_gmt":"2016-03-21T12:45:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ffyh.unc.edu.ar\/alfilo\/especial-24marzo\/?p=123"},"modified":"2016-03-21T12:45:54","modified_gmt":"2016-03-21T12:45:54","slug":"fechas-nombres-ciclos-40-anos-despues","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/especial-24marzo\/fechas-nombres-ciclos-40-anos-despues\/","title":{"rendered":"Fechas, nombres, ciclos. 40 a\u00f1os despu\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p><strong><span lang=\"ES-AR\"><a href=\"http:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/especial-24marzo\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2016\/03\/Victimas.jpg\" rel=\"attachment wp-att-129\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-129\" src=\"http:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/especial-24marzo\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2016\/03\/Victimas.jpg\" alt=\"Victimas\" width=\"450\" height=\"241\" srcset=\"https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/especial-24marzo\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2016\/03\/Victimas.jpg 1024w, https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/especial-24marzo\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2016\/03\/Victimas-300x161.jpg 300w, https:\/\/ffyh.unc.edu.ar\/especial-24marzo\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2016\/03\/Victimas-768x411.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 450px) 100vw, 450px\" \/><\/a>Con el relato vivo de algunas de las v\u00edctimas, la antrop\u00f3loga Mariana Tello analiza \u00a0el valor de la memoria sobre lo sucedido en Argentina a partir de 1976<\/span><span lang=\"ES-AR\">. Lo sistem\u00e1tico de sus cr\u00edmenes, sus formas de persecuci\u00f3n y la desaparici\u00f3n de personas como m\u00e9todo de terror, le otorga a la \u00faltima dictadura un lugar de memoria que marca un antes y un despu\u00e9s en la historia del pa\u00eds. \u201cUn drama \u2013 explica Tello\u2013 que precisa ser revisado constantemente bajo el mandato de recordar para no repetir\u201d.<\/span><\/strong><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>Fechas <\/strong><\/p>\n<p>Desde que Maurice Halbwachs, a principios del siglo XX fundara una sociolog\u00eda de la memoria, las conmemoraciones, los calendarios y los <em>n\u00fameros redondos <\/em>han sido el foco de innumerables reflexiones. En nuestras sociedades, los calendarios aparecen como una forma de marcar, organizar, incluso controlar el tiempo en el cual los seres humanos sincronizamos nuestras existencias. Pero m\u00e1s all\u00e1 de la sucesi\u00f3n de d\u00edas y noches, meses y estaciones; las comunidades dejan marcas en esos compendios temporales, fechas a ser conmemoradas porque resultan fundantes, significativas a la hora de aglutinar identidades. Desde las conmemoraciones personales como los cumplea\u00f1os o los aniversarios de bodas, hasta aquellas fechas que evocan momentos claves de comunidades m\u00e1s amplias como la naci\u00f3n, las conmemoraciones nos interpelan, nos interrogan, parecen a obligar a una reflexi\u00f3n retrospectiva. Esa retrospectiva se impone a\u00fan con m\u00e1s fuerza si se trata de un n\u00famero <em>redondo<\/em>. Los n\u00fameros <em>redondos<\/em> parecen cerrarse sobre s\u00ed mismos, como un c\u00edrculo que reclama una conclusi\u00f3n y abre una expectativa.<\/p>\n<p>El 24 de marzo de 2016 se cumplen cuarenta a\u00f1os desde aquel d\u00eda en que las Fuerzas Armadas tomaron el poder por la fuerza. Pese a que los golpes de Estado fueron una constante a lo largo de la historia argentina del siglo XX, el \u201cgolpe de 76\u201d ha pasado a ser \u201cEl golpe\u201d. Lo sistem\u00e1tico de los cr\u00edmenes y la persecuci\u00f3n, la \u201cdesaparici\u00f3n\u201d como m\u00e9todo le otorgar\u00eda esta singularidad, torn\u00e1ndolo un lugar de memoria que marca un antes y un despu\u00e9s en la historia nacional, un drama que precisa ser revisado constantemente bajo el mandato de \u201crecordar para no repetir\u201d.<\/p>\n<p>La fuerza del n\u00famero redondo, del ciclo que se cierra con la d\u00e9cada, nos lleva una vez m\u00e1s a preguntarnos: los esfuerzos para (re)fundar una institucionalidad democr\u00e1tica tras ese pasado autoritario \u00bfHan sido suficientes? Si la memoria, el olvido y el silencio que trazaron sus claroscuros en el relato de la naci\u00f3n \u00bfCu\u00e1les son los <em>rastros <\/em>que sobreviven a aquel drama? \u00bfCu\u00e1l su actualidad?<\/p>\n<p>Quisiera tocar particularmente las experiencias de aquellas personas que fueron militantes en los 70 y sobrevivieron a la represi\u00f3n tras su paso por los campos de exterminio. Si las consignas revolucionarias de aquel entonces postulaban vencer o morir por la causa, los miembros sobrevivientes de aquella generaci\u00f3n quedaron atrapados en una zona gris. Ni vencedores ni muertos, son adem\u00e1s portadores de las memorias del horror; encarnando los principales tab\u00faes en torno nuestro pasado reciente.<\/p>\n<p><strong>N\u00fameros<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00a140 a\u00f1os! Que lo pari\u00f3\u2026 si te digo que me llev\u00f3 la vida no exagero <\/em>dice un mensaje de Cecilia en mi celular. Cecilia fue secuestrada el 24 de marzo de 1976, el mismo d\u00eda del golpe, de una esquina de Ciudad Universitaria, cuando ten\u00eda veinte a\u00f1os. Su tragedia personal y la del pa\u00eds se superponen en capas y confluyen en la misma fecha. Al entrar a La Perla, todos los prisioneros eran numerados, el n\u00famero suplantaba su nombre de ese momento en m\u00e1s. A Cecilia le pusieron el n\u00famero 80. Hubo ochenta antes que ella, miles despu\u00e9s. Rostros desesperados que se amontonan en su memoria, que se agolpan uno tras otro en cada una de las innumerables veces que ha dado testimonio. Cuarenta a veinte, a treinta, a veinticinco, a\u00f1os de vida y sobrevida, dos a\u00f1os dentro del infierno que cambiaron su existencia para siempre.<\/p>\n<p>El 24 de marzo es el aniversario del golpe, tambi\u00e9n es el d\u00eda en que se encuentra el primer registro de existencia de La Perla. Lejos de haberse \u201cinaugurado\u201d como cualquier instituci\u00f3n burocr\u00e1tica, el debut de uno de los campos de exterminio de mayor magnitud del interior del pa\u00eds se hizo en secreto. Por lo mismo, la fecha a conmemorar se escapa, se escurre entre los dedos de los tres ex prisioneros que estuvieron ese d\u00eda para la \u201cfiesta\u201d de apertura y sobrevivieron para contarlo. La fecha se escabulle entre las sombras junto a otros datos de esos que suelen gustar por objetivos y verdaderos, como el n\u00famero de v\u00edctimas, sus nombres y rostros, tanto como los nombres y rostros de sus verdugos.<\/p>\n<p>El n\u00famero de v\u00edctimas: un t\u00f3pico de gran controversia en estos tiempos. \u00bfAcaso una <em>demograf\u00eda<\/em> del horror da cuenta precisa de su magnitud? \u00bfAcaso la cantidad de muertos estipula la importancia de la deshumanizaci\u00f3n? Pensar en gradaciones o cantidades que puedan medir en la gravedad de la deshumanizaci\u00f3n es casi un ox\u00edmoron. La obsesi\u00f3n del Estado moderno por los n\u00fameros y las estad\u00edsticas es reveladora m\u00e1s que de un da\u00f1o cuantificable de la perversidad del Estado desaparecedor. No se pueden reclamar n\u00fameros precisos cuando fue la misma maquinaria estatal la que se encarg\u00f3, primero, de documentar minuciosamente sus cr\u00edmenes y, despu\u00e9s, de esconder sus rastros. El Estado desaparecedor no s\u00f3lo ocult\u00f3 cuerpos, tambi\u00e9n saberes. Es ante todo el control sobre ese saber lo que constituye un da\u00f1o permanente, una pol\u00edtica de disciplinamiento que resuena hasta el presente.<\/p>\n<p>La controversia soslaya tambi\u00e9n el esfuerzo incansable de los que recompusieron, entre los fragmentos, ese saber; que la experiencia de la desaparici\u00f3n no se agota en una cifra y que el esfuerzo de nombrarla convoca lo imposible. Soslaya quiz\u00e1s la idea principal: que a diferencia de lo que reza el sentido com\u00fan los numeros, y los muertos, no hablan por si solos.<\/p>\n<p><strong>Nombres<\/strong><\/p>\n<p>Ana robaba nombres. Antes de \u201cliberarla definitivamente\u201d \u2013y el t\u00e9rmino reclama comillas de un modo perentorio- los represores la dejaban salir de La Perla los fines de semana para visitar a su familia. Empez\u00f3 a robar nombres de a diez, primero memoriz\u00e1ndolos, despu\u00e9s escribi\u00e9ndolos en papelitos que fueran f\u00e1ciles de ser tragados, por las dudas. 118 nombres.<\/p>\n<p>Graciela repasaba en su mente el orden de las colchonetas en las que yac\u00edan los prisioneros, y cada rostro y nombre en cada una de ellas. Liliana el organigrama de su organizaci\u00f3n, y c\u00f3mo se iba llenando de identidades en la sucesi\u00f3n de \u201cca\u00eddas\u201d que, d\u00eda a d\u00eda, fueron poblando \u201cLa Cuadra\u201d.<\/p>\n<p>Todos recuerdan el cami\u00f3n, el silencio, las despedidas t\u00e1citas. Las dignidades discretas: el pu\u00f1o en alto, la palabra de aliento, el abrazo. Y la reiterada promesa: \u201cel que salga tiene que contar\u201d. Todos, absolutamente todos, el nombre, el rostro, al menos una se\u00f1a, de los verdugos.<\/p>\n<p>Llenar le vac\u00edo que dej\u00f3 la represi\u00f3n clandestina no se trata de n\u00fameros (los n\u00fameros son s\u00f3lo una consecuencia), se trata de nombres, de historias, de cuerpos. Se trata de recomponer desde los fragmentos las identidades arrasadas por la experiencia concentracionaria. La obsesi\u00f3n de los sobrevivientes por los nombres no es vana. Ante el silencio de los ejecutores de la represi\u00f3n hacer saber sobre lo ocurrido en ese cono de sombra que se cierne entre el secuestro y la muerte de miles de personas, queda en manos de un pu\u00f1ado de sobrevivientes. Los sobrevivientes han sido, a lo largo de estos 40 a\u00f1os, los \u00fanicos capaces de relatar el horror en nombre de aquellos que s\u00f3lo lo har\u00edan con el hecho de su desaparici\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero que los sobrevivientes se convirtieran en testigos no ha sido un proceso lineal ni sencillo. Supuso dilemas espec\u00edficos que deben ser situados en la encrucijada entre su voluntad de hablar y tiempos, espacios e instituciones concretas que condicionaron la escucha. \u00bfC\u00f3mo escuchar esas experiencias \u201cal l\u00edmite\u201d entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte?<\/p>\n<p>Las experiencias vividas en los campos de concentraci\u00f3n parecen pertenecer al orden de lo \u201cimposible\u201d dentro de nuestras culturas \u00bfC\u00f3mo unas personas, representantes de las instituciones del Estado, pudieron secuestrar, torturar y desaparecer a miles de otras? \u00bfC\u00f3mo seres humanos pudieron hacer un da\u00f1o infinito a otros seres humanos? Esas experiencias nos confrontan permanentemente con la dificultad de comprender como todo aquello fue, efectivamente, posible. Tambi\u00e9n con la dificultad de transmitirlas y de escucharlas, de ponernos en el lugar del otro. Nos empujan a pensar \u2013desde esa presunci\u00f3n de que todo lo \u201cimposible\u201d es efectivamente posible- en nosotros mismos, como naci\u00f3n, como ciudadanos, como seres humanos. La identidad \u2013dice Noelle Burgi Golub- \u201csurge como un problema cuando \u2018los tiempos del mundo terminan y comienzan\u2019, cuando lo habitual y los puntos de referencia de lo vivido parecen derrumbarse ante la brecha de las preguntas planteadas por lo desconocido, lo imprevisto, lo inconmensurable. (\u2026) es el momento en el que la identidad <em>herida <\/em>emerge a la superficie para interrogar las certezas a menudo imaginadas\u201d.<\/p>\n<p><strong>Ciclos <\/strong><\/p>\n<p>Ya a finales de 1976 aparecen los primeros testimonios an\u00f3nimos sobre La Perla. Poco tiempo despu\u00e9s, entre 1979 y 1980, los de algunos sobrevivientes en el exilio. Aquellos documentos recopilaban cientos de nombres, datos y organigramas. Adem\u00e1s de escenas kafkaianas que obligan a apartar la vista o enjugar l\u00e1grimas para seguir leyendo. Pero esos relatos, sobre todo, dec\u00edan algo dif\u00edcil de asimilar en aquel momento: los desaparecidos estaban muertos. Portadores de noticias, pero malas, los sobrevivientes fueron a la vez requeridos y rechazados, interpelados. Siempre interpelados: si tantos no volvieron \u00bfPor qu\u00e9 ellos s\u00ed?<\/p>\n<p>Devenir testigos fue para los sobrevivientes un hecho vital, pero no por ello sencillo. Sostener el relato de los horrores que portaban en sus memorias y en sus cuerpos a lo largo de cuatro d\u00e9cadas tampoco. Por mucho tiempo, invisibilizar las propias experiencias fue el modo de lidiar con esa tensi\u00f3n, obviando el hecho casi obvio de que detr\u00e1s de cada relato hay un sujeto que pas\u00f3 por las mismas experiencias que los que no volvieron; un sujeto que demuestra \u2013con su propia existencia, con su relato- la fragilidad de la l\u00ednea que separa a los vivos de los muertos.<\/p>\n<p>Esa tensi\u00f3n deline\u00f3 el sinuoso camino de sus testimonios, y con ello de sus identidades. Los sobrevivientes \u2013se\u00f1ala Ludmila Da Silva Catela- todav\u00eda son acusados socialmente \u201cSobre ellos se ejerce la violencia simb\u00f3lica de la culpa, por \u2018haber impuesto la violencia pol\u00edtica en los \u201970; \u2018por haber sobrevivido\u2019; son silenciados porque s\u00f3lo ellos pueden contar la deshumanizaci\u00f3n de los centros clandestinos de detenci\u00f3n\u201d. A cuarenta a\u00f1os -uno podr\u00eda preguntarse- qu\u00e9 nuevas v\u00edas simb\u00f3licas, qu\u00e9 nuevas preguntas interrogan a esos tab\u00faes y silencios.<\/p>\n<p>Lineal o circular,\u00a0 la paradoja entre la necesidad social de saber y no saber, ciertos ciclos, parecen repetirse a lo largo de la historia y no ser exclusivos de nuestra propia tragedia. Desde mitos que se remontan al comienzo de nuestra era, como la historia de Masada y pueblo de Israel, pasando por tragedias m\u00e1s contempor\u00e1neas como la Shoa, la asociaci\u00f3n de la supervivencia con la cobard\u00eda o la traici\u00f3n y la simult\u00e1nea importancia de esos hombres y mujeres memoria marcan una paradoja que, como esquema, parece mantenerse a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>C\u00edrculos y ciclos. Sobrevivientes de la Shoa tan c\u00e9lebres como Primo Levi, destacaron la imposibilidad social de la escucha hasta la tercera d\u00e9cada, en la cual la <em>era del testigo<\/em> al decir de Wieviorka, (re)conoci\u00f3 a los sobrevivientes como sujetos activos del relato.<\/p>\n<p>En el caso argentino, matrices de interpretaci\u00f3n y ciclos se repiten. La escena judicial contempor\u00e1nea y la demoledora consistencia de los horrores sufridos, relatada d\u00eda tras d\u00eda por cientos de testigos, parece haber dado otra textura a esas experiencias y, con ello, propiciado el (re)conocimiento de sus portadores.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de todo aquello en el futuro? \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1n apropiadas esas historias por las generaciones venideras? Al d\u00eda de hoy, el reanudamiento de procesos penales por los cr\u00edmenes cometidos durante la dictadura, la investigaci\u00f3n judicial y la llevada adelante en los ex campos de concentraci\u00f3n devenidos en Sitios de Memoria, echan luz sobre la sistematicidad del exterminio y re\u00fanen un importante corpus para la reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica de lo que el mismo signific\u00f3 f\u00e1cticamente. Pero la <em>actualidad<\/em> del relato sobre ese tiempo-espacio de la vida nacional y el <em>significado \u00e9tico y pol\u00edtico del exterminio<\/em>, lo que \u201cqueda\u201d de la instalaci\u00f3n de campos de concentraci\u00f3n en nuestras sociedades -dentro del cual los sobrevivientes constituyen una de sus principales encarnaduras- contin\u00faa siendo un terreno de constante resignificaci\u00f3n en torno a \u201clos \u201870\u201d como <em>lugar de memoria<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\">Por<strong> Mariana Tello Weiss<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right\">Doctora en Antropolog\u00eda Social. Investigadora en el\u00a0Espacio para la Memoria \u201cLa Perla\u201d y docente en la Licenciatura en Antropolog\u00eda (UNC).<\/p>\n<p style=\"text-align: right\">Fotograf\u00eda: <strong>Irina Mor\u00e1n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con el relato vivo de algunas de las v\u00edctimas, la antrop\u00f3loga Mariana Tello analiza \u00a0el valor de la memoria sobre lo sucedido en Argentina a partir de 1976. 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