
Crónicas extensionistas | Una fría mañana de invierno salimos en un colectivo de la UNC desde Ciudad Universitaria hasta la Escuela Primaria Jorge Raúl Recalde, en el barrio Sol Naciente de la ciudad de Córdoba. Mientras el paisaje del camino dejaba ver la nieve sobre las Altas Cumbres, desde la Secretaría de Extensión acompañamos a un grupo de estudiantes y docentes al último encuentro del año del proyecto “Producción de saberes en torno a la relación escuela-familias-comunidad”, una experiencia extensionista que, desde hace varios años, construye puentes entre la universidad, la escuela y el territorio.
Durante el viaje fuimos, de algún modo, testigos privilegiadas del trabajo que había dado forma a ese encuentro. Escuchamos al equipo repasar sus notas, volver sobre los talleres, ordenar ideas y afinar las devoluciones que compartirían con la comunidad educativa. Más que preparar una presentación, buscaban construir una conversación capaz de hacer resonar en la escuela, en forma de preguntas y reflexiones, aquello que ella misma había puesto en circulación a lo largo del proceso.

Llegar a la Escuela Primaria Jorge Raúl Recalde supone mucho más que llegar a una escuela. Significa ingresar a Barrio-Ciudad Sol Naciente, en la periferia noroeste de la ciudad de Córdoba, un territorio cuya historia está atravesada por el desplazamiento. El barrio nació a partir del programa habitacional Mi Casa Mi Vida, impulsado por el gobierno provincial para relocalizar a familias provenientes de distintos asentamientos informales de la ciudad. Entre 2008 y 2009 llegaron allí 638 familias que debieron dejar atrás sus barrios, sus redes de apoyo y sus formas de organización para comenzar una nueva vida en un territorio desconocido. Villa Canal de las Cascadas, El Infiernillo, Villa Tersuave, Costa Canal San Francisco, Villa Manuela y otros asentamientos quedaron atrás. Sol Naciente se convirtió en el punto de encuentro de historias diversas que debían aprender a convivir y construir un sentido de pertenencia común.
El vínculo entre la escuela y la universidad
Apenas cruzamos la entrada, nos encontramos con la huella del trabajo compartido entre la escuela y la universidad: en uno de los pasillos habita «La Máquina del Tiempo», la sala que dio origen al Museo Escuela Recalde. Es un espacio que invita a detenerse para recorrer la historia del Barrio-Ciudad Sol Naciente a través de las voces, dibujos y recuerdos de la comunidad. A lo largo de un pasillo, el tiempo se despliega en tres momentos: pasado, presente y futuro. Allí conviven las cartografías de los barrios de origen de las familias, las producciones de niñas y niños de la escuela y un pizarrón destinado a imaginar el porvenir.

Fotografía: Área de Comunicación, Secretaría de Extensión de la Facultad de Filosofía y Humanidades (UNC).
El Museo nació en 2018 con la sala «La Máquina del Tiempo», a partir de un proceso de investigación-acción participativa (IAP)[1] realizado con los niños y niñas de la escuela, desde una perspectiva de participación y protagonismo que constituye el sustento del trabajo educativo de la institución. Durante varios años, estudiantes, docentes e investigadorxs reconstruyeron las memorias de las familias que habían sido relocalizadas en Sol Naciente, transformando esas historias de desarraigo en un patrimonio colectivo. Desde entonces, el museo más que preservar el pasado, busca que niñas y niños se reconozcan como protagonistas de su propia historia, ejerzan su derecho a ser escuchados y comprendan que también pueden participar en la construcción del barrio que habitan. En una escuela que hace de la escucha una práctica cotidiana, este museo no solo conserva memorias: las mantiene vivas y las proyecta hacia el futuro.

La existencia de la sala «La Máquina del Tiempo» narra también la historia del vínculo entre la Universidad Nacional de Córdoba y la Escuela Jorge Raúl Recalde, tejido a lo largo de los años mediante un proceso de investigación desarrollado entre 2013 y 2021, del que surgieron dos proyectos de extensión a partir de 2019[2].
Desde el Seminario Procesos Comunitarios e Intervenciones Pedagógicas de la carrera de Ciencias de la Educación de la FFyH (UNC), lxs docentes vienen acompañando procesos de trabajo en distintos territorios. Este espacio curricular, que forma parte de los seminarios electivos permanentes del ciclo profesional de la carrera, propone pensar la intervención pedagógica desde una perspectiva comunitaria, reconociendo a la escuela como una institución social compleja y fundamental en la vida cotidiana de los territorios. Este recorrido comenzó en 2018 con diferentes propuestas de documentación y reconstrucción de las experiencias sociocomunitarias de la escuela, y continuó con trabajos de campo, cartografías territoriales y proyectos de intercambio con instituciones educativas del barrio.
En 2025, a partir de las tareas de extensión realizada previamente, la Escuela Primaria Jorge Raúl Recalde permitió profundizar la reflexión sobre la relación escuela-comunidad poniendo foco en la relación con las familias y sobre las formas en que la intervención pedagógica puede acompañar y fortalecer esos procesos. La experiencia que se desarrolla actualmente busca dar continuidad a ese camino, recuperando la escuela como un espacio de encuentro, producción de conocimientos y construcción colectiva en el territorio.
La escuela en el barrio, el barrio en la escuela
Como ocurre en muchos barrios surgidos de procesos de relocalización, el diseño urbano no logró resolver todos los desafíos de la vida cotidiana. La distancia con el centro de la ciudad, la escasez de espacios comunitarios sostenidos en el tiempo y, especialmente, las dificultades vinculadas al transporte público atraviesan la experiencia de quienes viven y trabajan allí. Esa condición de periferia no es únicamente geográfica: también se expresa en las dificultades concretas para garantizar el acceso cotidiano a derechos básicos.
En este escenario, la escuela ocupa un lugar central. Pensarla implica reconocerla no solamente como una institución destinada a la enseñanza/aprendizaje, sino también como un actor comunitario fundamental, un espacio público de referencia donde se construyen vínculos, se alojan experiencias y se producen saberes junto con otros actores del territorio. Por eso, acercarse a una institución educativa implica también preguntarse por las historias de quienes la transitan, por las relaciones que construye con la comunidad y por los desafíos que emergen de esas experiencias compartidas.
El nacimiento de la Escuela Primaria Jorge Raúl Recalde en 2009 estuvo ligado a la conformación del propio barrio Sol Naciente. Ubicado en la zona de Argüello, Sol Naciente fue uno de los últimos barrios construidos bajo la modalidad de urbanización de «Barrios-ciudad». Su trazado incorporó viviendas y algunos servicios básicos, junto con instituciones pensadas para acompañar la vida comunitaria: una escuela primaria, un jardín de infantes, una sala cuna, un Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS), un destacamento policial, una plaza central y espacios verdes. Sin embargo, la planificación urbana no siempre estuvo acompañada por políticas capaces de sostener en el tiempo los espacios colectivos previstos para la comunidad.
En una entrevista que nos compartió Marisa Muchiut, responsable del proyecto “Producción de saberes en torno a la relación escuela-familias-comunidad”, la directora de la Escuela Recalde recuerda que, durante la construcción del barrio, se había proyectado el Consejo Territorial como un espacio destinado al desarrollo comunitario, con talleres y actividades para las familias. Sin embargo, ese proyecto no logró consolidarse y el espacio dejó de cumplir la función para la que había sido pensado. Algo similar ocurrió con algunos locales comerciales construidos inicialmente para el barrio, cuya gestión y funcionamiento quedaron lejos de las expectativas originales. Estas experiencias muestran una tensión presente en muchos procesos de urbanización periférica: la construcción de viviendas no siempre alcanza para construir comunidad. La vida colectiva necesita también espacios de participación, encuentro y organización que puedan sostenerse en el tiempo.
Como consecuencia, la escuela fue ocupando poco a poco un lugar que excede sus funciones tradicionales. Allí donde otros espacios comunitarios no lograron consolidarse, esta escuela primaria se convirtió en un punto de referencia para las familias, las infancias y lxs trabajadorxs que forman parte del barrio. Su tarea cotidiana se despliega en esa compleja intersección entre lo pedagógico y lo comunitario, entre la enseñanza y el acompañamiento de las múltiples realidades que atraviesan a quienes llegan cada día a sus aulas.
Uno de los principales obstáculos que atraviesa esa vida cotidiana es la dificultad de acceso y circulación. Actualmente, la única línea de colectivo que ingresa a Sol Naciente es la línea 27 de la empresa TAMSE, con frecuencias que pueden extenderse hasta una hora o más. Según relata la directora de la escuela, “hay colectivos que no llegan nunca y no tenés acceso, ni para entrar ni salir”. Las alternativas existentes implican caminar varias cuadras hacia otros barrios cercanos, una situación que se vuelve especialmente compleja durante la noche o para quienes deben trasladarse diariamente por motivos laborales, educativos o de salud.
Así, las dificultades de movilidad no constituyen solamente un problema de transporte: condicionan las posibilidades de participación, acceso y encuentro. En un barrio ubicado en los márgenes de la ciudad, la escuela aparece entonces como un espacio donde esas distancias se vuelven visibles, pero también como un lugar desde donde se construyen respuestas colectivas y se sostienen vínculos que permiten habitar el territorio.
El proyecto extensionista
Fue precisamente esa forma de concebir la tarea educativa la que acercó al equipo docente del Seminario Procesos Comunitarios e Intervenciones Pedagógicas de la carrera de Ciencias de la Educación (FFyH, UNC) a la Escuela Primaria Jorge Raúl Recalde. La institución abrió sus puertas para compartir sus preocupaciones, los interrogantes que atraviesan su tarea cotidiana y las estrategias que construye para responder a las múltiples situaciones que emergen en la trama de relaciones entre la escuela, las familias y la comunidad. Ese gesto de habilitar la mirada, disponer tiempos para la conversación y poner en común experiencias constituye una parte fundamental del trabajo extensionista: la posibilidad de construir un diálogo de saberes entre quienes transitan la universidad y quienes sostienen diariamente la vida escolar.
El proyecto Producción de saberes en torno a la relación escuela-familias-comunidad: Un dispositivo de trabajo con la Escuela Primaria Jorge Raul Recalde de Ciudad Barrio Sol Naciente, dirigido por Marisa Muchiut, co-dirigido por Gustavo Rinaudo y la docente Mariel Castagno y que cuenta con colaboración de los profesores invitados Daniel Lemme (docente de la Escuela de Ciencias de la Educación) y Susana Gómez (docente de la Escuela de Letras), surge de ese encuentro. Más que intervenir sobre la escuela, el proyecto se propuso construir conocimientos con ella, desde una perspectiva de diálogo de saberes y de horizontalidad entre universidad y comunidad. La extensión aparece aquí como una práctica de aprendizaje mutuo: estudiantes universitarios, docentes y equipo directivo comparten preguntas, experiencias y preocupaciones para comprender cómo se construyen las relaciones entre la escuela, las familias y el barrio.
La propuesta parte de una convicción sencilla pero profunda: comprender una escuela exige comprender el territorio donde está inserta. Por eso, antes de pensar estrategias pedagógicas, el proyecto invitó, en una primera instancia, a recorrer el barrio, conversar con sus actores, escuchar a quienes sostienen cotidianamente la institución y reconocer las tramas sociales que hacen posible la tarea educativa. Desde esa perspectiva, la intervención pedagógica no consiste en llevar respuestas previamente elaboradas, sino en construirlas colectivamente a partir de las experiencias y demandas de quienes habitan el territorio.

La segunda instancia fue la realización de un taller que se llevó a cabo a finales del mes de mayo de 2026 con el equipo docente de la Escuela. Aunque desde la Secretaría de Extensión de la FFyH, UNC no participamos de ese encuentro, los registros elaborados por el equipo extensionista y las conversaciones posteriores nos permitieron reconstruir una escena que anticipa, de algún modo, lo que luego veríamos con nuestros propios ojos.
Nos contaron que aquella mañana el taller comenzó con cierta dificultad para reunir al grupo. Las maestras se encontraban en su tiempo de recreo: compartían unos mates, conversaban, aprovechaban para pasar por el baño o compraban pan casero que una madre ofrecía para recaudar fondos para un merendero. Lejos de ser un detalle anecdótico, esa escena hablaba de una escuela atravesada por una intensa vida comunitaria, donde las familias circulan cotidianamente y los vínculos exceden los límites del aula.
La primera propuesta consistió en invitar a las docentes a recordar sus propias infancias. Luego de la lectura de un poema de Liliana Bodoc, cada una escribió qué veía desde la ventana de su casa cuando era niña. A partir de esos recuerdos comenzaron a aparecer conversaciones sobre las diferentes maneras de habitar la infancia y, poco a poco, la reflexión se desplazó hacia las trayectorias de los niños y niñas que hoy asisten a la escuela Recalde. Según relataron las docentes, ese intercambio permitió poner en palabras las múltiples realidades que atraviesan sus estudiantes y la necesidad de contar con herramientas para acompañarlas desde la escuela.

Más adelante, el taller propuso representar escenas cotidianas del vínculo entre las familias y la institución. Las dramatizaciones recuperaban situaciones conocidas por todas: el espacio de escucha que se abre cada mañana durante el acto de ingreso, familias convocadas a participar de una actividad escolar o una escuela que intenta contener las tensiones que llegan desde el barrio. Al compartir las sensaciones que esas escenas despertaban, aparecieron palabras como “escucha”, “ternura”, “empatía”, “responsabilidad”, “tensión” y, sobre todo, una imagen que volvería a resonar en nuestro propio recorrido por el establecimiento educativa: la de una institución que busca alojar a su comunidad.
Nuestro encuentro con la escuela se produjo algunas semanas después del taller, el lunes 22 de junio, cuando desde la Secretaría acompañamos la última visita a la institución en el marco de este proyecto de extensión. Durante esa mañana de junio no hubo dinámicas grupales ni dramatizaciones. El tiempo estuvo dedicado a conversar con Tania Álamo, directora de la institución y con parte del equipo extensionista sobre lo que el taller había dejado abierto. Apenas llegamos a la escuela nos recibió la vicedirectora que nos invitó a pasar a una de las aulas. Allí, alrededor de una mesa grande, compartimos unos mates y algo para comer mientras el resto de la escuela seguía su ritmo habitual.

Fue en ese intercambio donde comenzaron a cobrar sentido muchas de las escenas del taller realizado semanas antes. Mientras repasaban esa experiencia, Tania insistía en una idea que terminaría organizando toda la conversación: la escuela debía ser, antes que nada, una trama que aloja.
Ese modo de entender la escuela se expresa con especial claridad en un ritual cotidiano: cada mañana, durante el ingreso y antes de comenzar las clases, la comunidad se reúne para el momento de la bandera. Allí se abre un tiempo de escucha donde niños y niñas pueden compartir aquello que les ocurrió el día anterior, una noticia familiar, una efeméride o simplemente algo que desean contar. Tania describía ese momento como una pausa necesaria, un tiempo que suspende el apuro de la jornada para hacer lugar a la palabra. “Algunas veces aparecen relatos difíciles”, dice. Lejos de interrumpir esas intervenciones, la escuela las toma como punto de partida para conversar sobre ciudadanía, convivencia, cuidado del ambiente y derechos. Es allí, nos decía, donde verdaderamente comienza el acto de enseñar.
La conversación también dejó entrever las tensiones que supone sostener un proyecto educativo de estas características. La alta rotación docente obliga a reconstruir permanentemente la identidad institucional y a transmitir una manera de hacer escuela que no siempre forma parte de la formación inicial. «Muchos docentes llegan preparados para trabajar dentro del aula, pero no necesariamente para encontrarse con las nuevas infancias y con la comunidad», reflexionaba Tania. Ese desafío aparece una y otra vez cuando las situaciones cotidianas desbordan lo estrictamente pedagógico y exigen construir respuestas colectivas.
Sin embargo, lejos de pensar a las familias únicamente desde la demanda o el conflicto, la escuela procura reconocerlas como portadoras de saberes valiosos. Durante la conversación surgieron distintos ejemplos: madres que enseñan a hacer pan mientras la clase trabaja contenidos de matemática, ciencias y lengua; familias que participan en el Museo Escolar La Máquina del Tiempo aportando sus memorias sobre los antiguos barrios; proyectos vinculados a las huertas o el reciclado que recuperan conocimientos presentes en la comunidad. En la escuela Recalde, los saberes del territorio no permanecen fuera de la escuela: ingresan al aula, dialogan con el currículum y amplían las posibilidades de aprendizaje.

Al terminar el encuentro, comprendimos que aquello que habíamos leído en los registros del taller y observado al recorrer la escuela respondía a una misma lógica. La escucha no es un dispositivo aislado y la participación de las familias no constituye una actividad complementaria. Todo forma parte de un mismo proyecto institucional que entiende que educar es, también, construir comunidad. Y quizás sea eso lo más importante: una escuela puede convertirse en un territorio donde las historias individuales encuentran un lugar para ser escuchadas y transformarse en experiencia colectiva.
El proyecto que formalmente se titula «Producción de saberes en torno a la relación escuela-familias-comunidad: Un dispositivo de trabajo con la Escuela Primaria Jorge Raul Recalde de Ciudad Barrio Sol Naciente» forma parte del Programa de Compromiso Social Estudiantil (CSE) de la Universidad Nacional de Córdoba, una iniciativa que busca incorporar la participación de estudiantes en proyectos de extensión vinculados con las comunidades. En el mismo participaron estudiantes de la Carrera de Ciencias de la Educación y de Psicología de la UNC: Berenice Acevedo, Graciela Bono, Pedro Brasca, Santiago Brú, María Sol Aranda, Ayelén Benitez, Milagros Agruirre, Franca Navarro y María Beltrán Qualia.
Agradecemos especialmente a la comunidad educativa de la Escuela Primaria Jorge Raúl Recalde y al equipo del Seminario Procesos Comunitarios e Intervenciones Pedagógicas por permitirnos acompañar este último encuentro y compartir con nosotrxs sus experiencias y preguntas.
Texto y fotos: Área de Comunicación – Secretaría de Extensión, FFyH-UNC
[1] El proceso de investigación-acción participativa se inscribe en una trayectoria de investigaciones desarrolladas por María Luz Gómez, que dieron origen al vínculo entre la Escuela y la Universidad. Véase: Gómez, M. L. (2013). Constelaciones de lo común en la experiencia de traslado de Villa Canal de las Cascadas. Una cartografía construida desde la investigación-acción. Tesis de Licenciatura en Letras Modernas, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba; y Gómez, M. L. (2021). Máquinas de enunciación, escucha y visibilidad. Tesis Doctoral en Letras, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba.
[2] Los proyectos de extensión desarrollados en el marco de este vínculo fueron:
Muchiut, M. y Gómez, M. L. (2019–2020). Escucha, participación y protagonismo: sentidos y prácticas que entraman el proyecto institucional. Talleres de reflexión y escritura con docentes y directivxs de la Escuela Primaria Jorge Raúl Recalde. Secretaría de Extensión, FFyH, UNC.
Muchiut, M. y Martino, A. (2023–2025). Memorias, proyecto educativo y relaciones con la comunidad en la Escuela Jorge Raúl Recalde. Secretaría de Extensión, FFyH, UNC.