Septiembre 2026 – septiembre 2027
En el mes de septiembre de 2026 la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC comienza a cumplir 80 años.
Decimos que comienza a cumplir porque más que una fecha de creación hay un período de un año en el que esa creación se concreta.

1946
25 de septiembre
El Consejo Superior aprobó su creación.
1947
12 de septiembre
El Congreso Nacional sancionó la ley 13014, que se hizo efectiva el 25 del mismo mes mediante Decreto Presidencial que la promulgó.


Es por eso que, desde ahora y hasta septiembre de 2027, estamos de cumpleaños para celebrar estos 80 años de humanidades en la UNC.



La Comisión Organizadora
A propuesta de las autoridades, el Consejo Directivo resolvió la creación de una Comisión Organizadora de los Festejos por el 80° Aniversario de la Facultad de Filosofía y Humanidades, que comenzó a trabajar a finales del mes de diciembre del año pasado.


Convocatoria a propuestas
A través de ella invitamos particularmente a la comunidad que es la Facultad y todes quienes se sientan interpelados por la historia y el futuro de la Facu a acercar ideas/propuestas/actividades para esta larga celebración. Estas propuestas pueden ser de diverso tipo: académicas, culturales, artísticas, editoriales, entre muchas otras posibilidades.
Hemos elaborado un breve formulario que invitamos a completar. Después de leer las propuestas nos comunicaremos con ustedes. Completen tantos formularios como propuestas quieran compartir.
¡Esperamos con mucho entusiasmo sus ideas, porque a los 80 los hacemos entre todes!




¿Cómo celebra un aniversario una facultad como la nuestra?
Una de las primeras tareas que llevó a cabo la Comisión fue preguntarse por los sentidos y alcances que deben tener los festejos y las conmemoraciones para estos 80 años, invitándonos a su vez a imaginar el futuro de estos y próximos años.
Cuanto menos, que la institución en la que nos encontramos cumpla 80 años de existencia formal debe invitarnos a una reflexión sobre el sentido de conmemorar una cambiante identidad como la que puede tener la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba.
Una historia institucional no debería reducirse a un mero registro pasivo de sucesos cronológicos, sino que es un componente vital para que dicha entidad inherentemente relacional, situada entre edificios, resoluciones, consejos, personas y muchos pasillos, logre sostenerse y perdurar a lo largo del tiempo. Al construir un relato sobre sí misma, la institución enlaza procesos que otorgan inteligibilidad y coherencia a su recorrido, proporcionando una razón de ser que modula la forma en que su comunidad se relaciona con ella y entre sí. Esta narrativa institucional no es una forma neutra de representación, sino que supone opciones éticas e ideológicas que delimitan una identidad propia, permitiendo que la acción colectiva adquiera un contorno definido y un sentido de orientación compartido.
Asimismo, la relevancia de este ejercicio historiográfico reside en su carácter performativo, pues al dar cuenta del pasado, tiene efectos directos en el presente y activa interpretaciones con vistas al porvenir. Cuando la historia institucional se vincula con el contexto social, deja de ser un análisis interno para transformarse en una historia política, capaz de sedimentar valores y legitimar sentidos que producen relaciones de poder dentro de la comunidad. En última instancia, sin un conocimiento crítico de su propia historia, una institución pierde la capacidad de ubicarse en el tiempo y queda privada de la posibilidad de imaginar una trascendencia creativa para el diseño de su propio destino.
Aquí podés leer el resto del texto que escribimos.
¿Cómo y por qué hacer este ejercicio de historia institucional para la Facultad?
La celebración del 80 aniversario de la Facultad de Filosofía y Humanidades constituye mucho más que un recordatorio de su fundación, allá por septiembre de 1946; representa un ritual de continuidad fundamental para la transmisión entre las diversas generaciones que han habitado sus aulas, en esperanza de las que vendrán. Este hito abre una temporalidad particular que establece un doble vínculo, permitiéndonos mirar hacia atrás no para buscar un origen estático, sino para realizar un examen crítico de nuestra trayectoria institucional. Al reconocernos en ese pasado, somos capaces de identificar tanto los proyectos que florecieron como aquellos que fueron impedidos, transformando la memoria en una herramienta para comprender nuestra identidad actual y proyectar una trascendencia creativa hacia el futuro, que no se detenga a celebrar los éxitos, sino que fundamentalmente se proponga aprender de las experiencias pasadas para desplegar y concretizar en un presente las posibilidades de ese futuro que nos imaginamos.
Esto significa un compromiso para que la celebración de este aniversario no se convierta en un ritual vacío de contenido, volviéndose imperativo utilizarlo como un espacio para otorgar nuevos sentidos a nuestras prácticas académicas y humanas, saldando la deuda de memoria que tenemos con nuestra propia historia. En lugar de una historia monumental que solo celebra éxitos, nos proponemos una historia crítica que asuma con responsabilidad nuestras derrotas, crisis y fragilidades pasadas; aquellas oportunidades que no pudieron ser y aquellas que en retrospectiva habríamos querido que fueran distintas. Creemos que este ejercicio nos permite denunciar el anacronismo de conceptos o estructuras que ya no responden a nuestro tiempo, reconociendo aquellas ideas que deben ser nuevamente conceptualizadas para mantener el potencial dinámico y transformador que debe caracterizar a la universidad pública, al tiempo que nos permite establecer y reconocer las identidades que hacen a la Facultad de Filosofía frente a la evolución de sus disciplinas y las demandas del medio en el que existe.
Finalmente, conmemorar estas ocho décadas implica vitalizar y actualizar nuestro “mito de origen”, aquel que buscó en 1946 recuperar la tradición humanista de la Universidad Nacional de Córdoba frente al pragmatismo de la época. Al revisitar esa «saga cultural», no buscamos una verdad definitiva, sino reactivar las tensiones y debates que nos permiten nombrarnos hoy como parte de una comunidad no solo académica, sino política. El sentido último de esta celebración radica entonces en fortalecer una imaginación compartida y un lenguaje común, que nos habilite como ciudadanos y universitarios a ser partícipes activos en el diseño de un destino propio para las humanidades en la sociedad contemporánea.
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