Agosto, Mes de la Madre Tierra | Rechazo al proyecto denominado “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada”. BASTA DE VIOLENCIA TERRITORIAL

El Programa de Ambiente, Sociedades y Territorios de la FFyH invitó a Laura Misetich Astrada, integrante del Pueblo Camiare Comechingón, a reflexionar sobre la necesidad de recuperar una relación de respeto, gratitud y cuidado de la Madre Tierra. Misetich cuestiona las políticas extractivistas y el tratamiento de proyectos legislativos que ponen en riesgo los derechos territoriales de los pueblos indígenas, al tiempo que reclama el cumplimiento de las garantías constitucionales y del Convenio 169 de la OIT.

 Si estás leyendo esto, agradezco el tiempo de detenerte para que lo sintamos y pensemos, especialmente este mes, este año, este instante en este mundo. Necesitamos darnos la oportunidad de reconocer la profundidad y la sacralidad que encierra llamar a la Tierra, madre; habitar esas palabras para cargarlas de sentidos, de corazón, de memorias, de olores infinitos de hierbas en el monte, sonidos de mares y cascadas, miles de cantos en las selvas, pisadas y vuelos en suelos y cielos, fuerza y coraje de miles de corazones resistiendo ante máquinas y tribunales.

Hay memorias que se despiertan, sostienen y florecen porque hay quienes honran las raíces.

Agosto es un tiempo de memoria viva, de preparar el renacer, de profunda gratitud con nuestra Madre Tierra: una invitación a reconocernos hijos y no dueños, a revisar ese vínculo más que repetir o mercantilizar su nombre.

Agosto es ofrenda. Es gratitud.

No podemos realizar ningún ritual sin sentirnos profundamente conmovidos e interpelados por este vínculo de hijas e hijos. Más allá de la condición de cada quien, todes la habitamos y, como tantos otros seres, pertenecemos a la Madre Tierra. Ningún político les pregunta a los ríos y montañas, o a los pumas y cóndores, si las decisiones que les afectan son las correctas. Tampoco nos han preguntado a los pueblos indígenas, incumpliendo el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo.

A diferencia de otros países, los lagos, montañas, ríos y glaciares, animales, insectos, plantas, no han sido incorporados como sujetos políticos: nadie les ha preguntado. El sistema político toma decisiones que afectan los territorios en pos del “progreso”; y así como hace más de cien años atrás se convirtió en “desierto” para la campaña que devino en un genocidio, en este siglo el extractivismo y sus gobiernos afines avanzan en toda Abya Yala estableciendo zonas de sacrificio y nuevas exclusiones y despojos.

Es agosto, el mes de la Madre Tierra, y se debaten nuevamente leyes que la afectarán de manera directa e irreversible. Esto sucederá mientras quizás algunos de quienes toman estas decisiones a espaldas de la Madre Tierra y del Derecho Indígena participen de alguna ceremonia, se saquen fotografías en territorios indígenas, enarbolen wiphalas y compartan un trago de caña con ruda para pedir salud.

En este contexto, los pueblos indígenas de Argentina expresamos el rechazo a  la “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, que desconoce el carácter colectivo de la posesión y propiedad comunitaria reconocido en el artículo 75 inciso 17 de la Constitución Nacional, y las obligaciones asumidas por el Estado argentino mediante el Convenio 169 de la OIT. Esta ley que estamos a vísperas de que se pretenda sancionar el próximo 6 de agosto, favorecería procesos de concentración y extranjerización de la tierra, comprometiendo la soberanía territorial y profundizando los conflictos históricos que atraviesan nuestras comunidades y territorios. Las autoridades nacionales y provinciales tienen el deber y la obligación de respetar la Constitución Nacional; lo cual implica también respetar el mencionado artículo 75 inciso 17, que reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas,  y garantiza la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupamos. No existe seguridad jurídica posible cuando se desconocen estos derechos, ni democracia plena cuando se omite la participación efectiva de quienes serán directamente afectados por las decisiones del Estado.

Los derechos territoriales indígenas no constituyen concesiones políticas sino obligaciones jurídicas del Estado argentino, y por eso los pueblos indígenas hemos solicitado al Senado  y a los senadores de cada provincia, el rechazo de toda norma que implique un retroceso en estos derechos; y hemos reclamado al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) que asuma el rol institucional que le corresponde, pronunciándose públicamente e interviniendo en defensa de las garantías constitucionales y convencionales que nos amparan.

La hora verdadera de la honra, el respeto, la gratitud, la defensa y el cuidado de la Madre Tierra no es sólo una fecha, no es sólo agosto, no es sólo tarea de los pueblos indígenas. Es ya. Es siempre. No son concesiones ni favores: son derechos adquiridos que resguardan las identidades culturales de 58 naciones indígenas que existimos en este país.

Como escribí hace un tiempo: “En este contexto, la violencia hacia las comunidades tiene un correlato material y bien concreto: los continuos despojos de tierras ancestrales y su invisibilización como sujetxs políticxs. Los territorios han sido y son objeto de disputa principal para diversos actores: empresas locales de explotación minera, negocios inmobiliarios, red de estafadores que venden a terceros. Cuentan como aliadxs con la desidia o el letargo en la aplicación de los derechos que nos asisten, mostrando la pervivencia, a su vez, del imaginario de ‘una provincia sin indígenas’ ”. Córdoba es un actor central en estas tramas.

Éstos y otros derechos hoy están en grave riesgo.

Por eso, Agosto es un tiempo de memoria viva, y es crucial este 6 de agosto que el Senado respete los derechos de la ciudadanía y de los pueblos indígenas y sus territorios. Esperamos ser valorados y respetados, en nuestro aporte al país, y no solo folclóricamente “utilizados” mientras se realizan banalizaciones a nuestra cosmovisión, política y espiritualidad, en rituales apropiados o expropiados, políticas asistencialistas y estereotipaciones que nos invisibilizan o criminalizan, como viene sucediendo con el neoextractivismo que se despliega en toda Abya Yala.

Agosto es un tiempo de memoria viva, de preparar el renacer de los ciclos de la vida, de profunda gratitud con nuestra Madre Tierra. Una invitación para revisar nuestros vínculos con ella, reclamar justicia y respeto a los bienes comunes,  proponer que se revisen miradas y decisiones que solo ven un “recurso” donde existen vínculos profundos entre todos los seres que conformamos los mundos de los territorios.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo

o el calor de la tierra?

Esta idea nos parece extraña.

Si no somos dueños de la frescura del aire,

ni del brillo del agua,

¿Cómo podrán ustedes comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo,

cada aguja brillante de pino,

cada grano de arena de las riberas de los ríos,

cada gota de rocío entre las sombras de los bosques,

cada claro en la arboleda y el zumbido de cada insecto

son sagrados en la memoria y tradiciones de mi pueblo.

(Párrafo de la carta atribuida al Gran Jefe Seattle, de la tribu de los Swamish, escrita a Franklin Pierce, Presidente de los Estados Unidos de América)

La Madre Tierra se respeta, se cuida, se honra.

Por Laura Misetich Astrada.
Pueblo Camiare Comechingón

Fotografías: celebración de la Pachamama en el Museo de Antropología


Referencias:

  • Misetich Astrada, L. (2021). “Violencia territorial hacia las comunidades indígenas en Córdoba (Argentina)”. Revista Intersticios de la política y la cultura. Intervenciones latinoamericanas, Córdoba, CIFFyH UNC y Núcleo Sur-Sur. ISSN 2250-6543, Córdoba.
  • Comunicado del Consejo de Participación Indígena (CPI) Agosto 2026.
  • Organización Internacional del Trabajo. (1989). Convenio sobre pueblos indígenas y tribales, 1989 (núm. 169). OIT.
  • Constitución de la Nación Argentina. Artículo 75, inciso 17.