Entre el futuro de las humanidades y la democracia universitaria

Carolina Scotto protagonizó una nueva edición de “Instantáneas de Filo”, un ciclo de conversaciones organizado por la Escuela de Filosofía en el marco de los 80 años de la FFyH, junto al Decanato de la Facultad. El encuentro se realizó el jueves 22 de octubre en el Museo de Antropología y contó con la participación de Ana Clarisa Agüero y Valentino Pesci, quienes dialogaron con la ex decana de la Facultad y ex rectora de la UNC sobre su trayectoria como estudiante, docente e integrante de la gestión universitaria.

Con el objetivo de reflexionar sobre el sentido y la relevancia de las humanidades en el presente y sobre su aporte a la construcción de una sociedad más justa, crítica y democrática, el jueves 22 de octubre se llevó a cabo este conversatorio con Carolina Scotto. La actividad formó parte del ciclo “Instantáneas de Filo”, una propuesta de la Escuela de Filosofía de la FFyH para conmemorar los 80 años de la Facultad y que fue acompañada por el Decanato.

En la apertura, la decana Alejandra Castro señaló que la conmemoración se extenderá hasta septiembre de 2027 y destacó el rol de la Comisión organizadora creada para el aniversario que está “pensando actividades que nos permitan de alguna manera recuperar parte de nuestra historia desde una mirada crítica y propositiva en función de qué Facultad queremos”.

“Estamos cumpliendo 80 años y con esta actividad nos interesa centrarnos y poder ver qué le aportan las humanidades a la sociedad, qué le aportan las humanidades a la misma Universidad Nacional de Córdoba. ¿De qué se trata esto de las humanidades y qué mirada particular nos posibilitan de la sociedad, de los conflictos, de las relaciones humanas?”, agregó Castro.

Por su parte, Darío Sandrone, director de la Escuela de Filosofía, recalcó la huella que dejó Scotto en la formación de generaciones de estudiantes, en la apertura de nuevas líneas de investigación y en la vida institucional. También recordó una de las características de su estilo docente: la invitación a que estudiantes no se limitaran a repetir las ideas de los filósofos estudiados, sino que construyeran y fundamentaran sus propios argumentos. “Esa característica se extiende a otros ámbitos de su paso por la universidad, porque de la misma manera que interpela a los estudiantes de esa manera, también interpela a las instituciones, también interpela a sus pares; también de alguna manera tiene esa forma frontal de exigirle al entorno que dé los mejores argumentos, porque se construye a partir de la mejor versión de los argumentos, incluso de quienes son adversarios políticos en su momento”, afirmó Sandrone.

Luego, Malena León, secretaria de Asuntos Estudiantiles de la FFyH e integrante de la Comisión organizadora de los festejos por parte de la Escuela de Filosofía, estuvo a cargo de la presentación de Carolina Scotto y subrayo: “En la Escuela hay un registro muy grande de que Carolina introdujo ciertas discusiones que si no, no hubieran tenido lugar en el ámbito filosófico local. También cierta forma de entender la filosofía como una disciplina abierta, en interacción con otras disciplinas. También es una referente internacional en muchos de los temas que investiga e investigó, como la filosofía de Wittgenstein y la filosofía del lenguaje. Todas las personas que tuvimos la suerte y tenemos la suerte de trabajar con ella aprendemos mucho cada vez que habla”.

La conversación con Carolina Scotto estuvo a cargo de Ana Clarisa Agüero, docente de la Escuela de Historia e investigadora del CONICET, y Valentino Pesci, estudiante de la Escuela de Filosofía, quienes propusieron un recorrido por diferentes momentos de la trayectoria de Scotto, desde sus años como estudiante hasta su paso por el Decanato y el Rectorado de la UNC.

Estudiar en tiempos de dictadura

Valentino fue el primero en arrancar la charla, y en su rol de estudiante indagó sobre ¿cómo era estudiar Filosofía en Córdoba durante la última dictadura cívico-militar? Sobre esos recuerdos, Scotto reconstruyó un escenario marcado por la vigilancia, la persecución, las cesantías docentes y el deterioro de las condiciones de enseñanza. “Esa experiencia fue espantosa desde todo punto de vista. Aun siendo muy chica y sin tener ninguna militancia política secundaria —por ejemplo, yo había cursado en el Carbó—, tenía bastante conciencia de la gravedad de los procesos políticos que estaba viviendo el país; en mi propia casa se hablaba mucho del tema”.

Además, Carolina describió una Facultad atravesada por el autoritarismo y el empobrecimiento de la vida académica, donde la presencia de autoridades interventoras y las restricciones ideológicas condicionaban tanto las clases como las posibilidades de formación. Frente a ese panorama, recordó que un grupo de estudiantes se organizaba para leer y estudiar por fuera de los espacios curriculares, con los peligors que imponía el contexto represivo.

“Había que mantener una altísima vocación para sostenerse ahí adentro”, señaló al evocar aquellos años. “Teníamos también ciertos recaudos: que no se supiera que formábamos un grupo de lectura, que no se supiera dónde nos juntábamos”. Ese encuentro con compañeros fueron fundamentales para continuar estudiando en un ámbito en el que, según relató, se vivía “bajo un estado de sospecha permanente”.

La recuperación democrática abrió nuevas posibilidades, pero también puso en evidencia las dificultades de reconstruir los vínculos y la vida institucional después de la dictadura. Scotto se refirió a las tensiones que atravesaron la reincorporación de las y los docentes cesanteados y a la necesidad de construir una cultura universitaria basada en el respeto, la participación y el ejercicio de la democracia.

“Recuerdo la expectativa enorme que generó la apertura democrática, las elecciones, el triunfo de Alfonsín, el hecho de que él representara en particular la defensa de la autonomía universitaria dentro de la tradición reformista, con la que yo creo que Alfonsín comulgaba genuinamente. Pero toda esa transición a su vez fue muy difícil”, añadió.

En ese recorrido, destacó especialmente la figura de María Burnichon, primera decana elegida democráticamente en la FFyH, en 1988, y su papel en el proceso de normalización institucional. Para Scotto, su gestión fue muy importante en la historia de una Facultad que durante décadas había tenido autoridades designadas o interventoras. “Creo que el hito que marca la gestión de María es María: el símbolo de sus cualidades, de su estilo personal, de su accesibilidad, de su sencillez, de su serenidad. Probablemente haya sido en ese momento la única decana en el Consejo Superior”.

La construcción colectiva de una universidad democrática

Otro de los focos del diálogo fue la experiencia de Scotto en la gestión universitaria, primero como decana de la FFyH y luego como rectora de la UNC, cargo que ocupó durante dos períodos consecutivos, entre 2007 y 2013.

Al reconstruir ese proceso, subrayó que el recorrido no fue individual, sino el resultado de un trabajo político colectivo y sostenido, construido a través de vínculos entre distintas facultades y sectores de la comunidad universitaria. “Cuando digo nosotros es porque no hay forma de que, cuando hablo de esto, hable en singular. El mandato era muy poderoso porque tenía un acumulado de ideas, de demandas, de sensación de injusticia, de deseo de salir de la marginalidad. Pero además tuvimos la idea de que no íbamos a hacer nada de lo que ellos habían hecho con nosotros. Pero nada. Es decir, que ningún decano pudiera argumentar que no había sido invitado a una reunión donde se discutían todos los proyectos, que ninguna Facultad pudiera argumentar que iba a ser postergada, ni siquiera porque había una asimetría de recursos descomunal en las plantas docentes, en los edificios, en todos los planos. El esfuerzo fue ahí el de construir una gobernabilidad democrática en serio, y a su vez ser justos. Nuestro mandato era así para entonces, en el sentido de nuestro compromiso, las cosas que deseábamos poder hacer, tanto de procedimiento como de banderas concretas; por ejemplo, crear facultades”, afirmó Scotto.

Otro de los puntos que destacó, fueron las políticas destinadas a regularizar la situación de la planta docente, y se refirió a la implementación de la carrera docente como complemento del sistema de concursos y a la necesidad de garantizar condiciones laborales más estables, con instancias de evaluación académica. Asimismo, recordó la decisión de reconocer derechos políticos a docentes interinos que cumplieran con una antigüedad mínima.

Después de convertirse en la primera rectora de la UNC en más de 400 años por dos períodos consecutivos,  Scotto se lanzó a la arena político-partidaria. Fue candidata y luego electa diputada por el Frente para la Victoria en 2013. Renunció a su banca el 6 de agosto de 2014 alegando motivos personales.

Luego, volvió a dar clases en la Escuela de Filosofía de la FFyH, donde se jubiló en 2024. Al año siguiente, se le entregó el título de profesora emérita de la UNC. “Realmente no extrañé nunca nada. Es cierto que el desgaste, el cansancio, el compromiso, el estar a mil es agotador. De hecho, no quiero ni hacer el balance de las cosas que dejé de hacer —y ahí solo pienso en mis hijos, por ejemplo, en el tiempo que hubiera podido estar con ellos, ese tipo de cosas—; no lo quiero hacer, porque ya no tienen remedio, aunque no hay cuentas pendientes, creo. Estos roles políticos que me tocó desempeñar, sinceramente nunca me los prefiguré, nunca me los propuse de manera deliberada”.

Las humanidades frente a los desafíos del presente y el futuro

Hacia el tramo final de la conversación, las preguntas con Valentino y Ana Clarisa se orientaron al presente y al futuro de las humanidades, su función crítica y su capacidad para intervenir en los debates contemporáneos.

El intercambio permitió volver sobre una de las preguntas centrales de la conmemoración de los 80 años de la FFyH: qué aportan las humanidades a la sociedad y a la construcción de una universidad pública, democrática y comprometida con su tiempo. “Me parece que las humanidades, a diferencia de las ciencias naturales, de las ciencias aplicadas, de las ciencias biológicas, tienen estructuralmente un estatus incómodo que, creo, es su fortaleza. Es como una crisis permanente la que atraviesan, en mi perspectiva, las ciencias humanas. Están reconfigurándose todo el tiempo. Hay nuevos paradigmas, nuevas herramientas, nuevos temas, una apertura. Son unos volantazos que pegan las ciencias humanas, que la biología no pega, la física no pega, y tiene que ver con el registro que hay en las humanas y en las sociales, el registro que las ciencias humanas y sociales tienen que tener sobre las transformaciones del mundo y su impacto sobre nuestra condición en el mundo, y sobre nuestra capacidad de actuar sobre él, y demás. Entonces, claro que creo que son imprescindibles; me parece simplemente obvio”, indicó.

La experiencia de Scotto permitió abordar esta cuestión desde diferentes dimensiones: la formación filosófica, la transmisión entre generaciones, la reconstrucción de la memoria institucional y el papel del pensamiento crítico en la vida universitaria.

En relación con su trayectoria, Scotto destacó el carácter colectivo de los procesos de transformación y la importancia de sostener proyectos institucionales que no se agoten en la disputa electoral, sino que se traduzcan en nuevas formas de participación y convivencia democrática.

También compartió una reflexión sobre la relación entre la filosofía y la gestión universitaria. Para ella, la formación filosófica puede aportar herramientas para la deliberación colectiva, la identificación de inconsistencias, la búsqueda de acuerdos y el abordaje de conversaciones políticas complejas. “Creo que es un momento muy difícil, por montones de factores que ustedes conocen y sufren a diario mucho más que yo —me refiero a quienes están en la responsabilidad de gestión—: el desánimo, la pérdida de motivación, la desazón, el fastidio, las dificultades económicas, el contexto global, que es dramático en algún sentido. Es como si todo no alcanzara, pero no queda otra. Si eso va acompañado además con un trabajo que sea serio, tratando de mantener el equilibrio, pero también mantener la seriedad del trabajo que se hace”.

La actividad propuso así un recorrido por la historia reciente de la FFyH y la UNC, pero también una invitación a pensar los desafíos que atraviesa hoy a la universidad pública. Recuperar las experiencias de quienes participaron de esos procesos, ponerlas en diálogo con las nuevas generaciones y revisar críticamente el camino recorrido forma parte de la tarea de imaginar qué Facultad y qué Universidad se quieren construir.

Texto: Pablo Giordana
Fotos: Paola Lucero Canales / P.G.

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