Pedirle peras al olmo. ¿Puede un régimen autoritario producir elecciones democráticas?

Artículo de opinión del politólogo Carlos Moldiz, especial para el Comité de Solidaridad con los Pueblos Latinoamericanos

Para aquellos que dudaban sobre el carácter autoritario del actual gobierno de transición boliviano, sólo baste señalar el atropello que se dio la semana pasada en contra de los derechos constitucionales de nuestros connacionales en la hermana República de la Argentina, donde las autoridades electorales de esta cuasi dictadura decidieron no empadronar a través del Consulado de Bolivia en Córdoba, que a su vez tiene jurisdicción sobre las provincias de la Rioja y Santiago del Estero.

Es importante saber que motiva ésta decisión tan descarada por parte del gobierno encabezado fortuitamente por Yanine Añez, que demuestra simultáneamente que la tan reclamada independencia de poderes reivindicada por los detractores de la presidencia de Morales no existe en éste momento en Bolivia. ¿Por qué privar del derecho al voto a los bolivianos residentes en Córdoba?

La respuesta es simple: la mayor parte de los bolivianos que residen en Argentina simpatizan con Evo Morales y, segundo, son muchos. Una nota de prensa publicada el pasado 17 de octubre de 2019 por la página web del periódico recalcitrantemente opositor a Morales señalaba qué, “Tres estudios a los que tuvo acceso Página Siete establecen que el  voto  de este domingo 20 de octubre  de los bolivianos  en el extranjero representa el 4,7% del Padrón Electoral.  Desde que ese nicho electoral es parte de los procesos electorales nacionales  (2009) sus resultados le fueron favorables al  gubernamental Movimiento Al Socialismo”

Simpatizan con el gobernante depuesto por el golpe de Estado de noviembre, y el Movimiento Al Socialismo (MAS),  primero, debido a la fuerte identificación étnica y de clase que sienten con el primer indígena campesino en llegar a la presidencia de un país que los obligó a dejar su territorio por una falta de oportunidades económicas sin que por ello cortaran definitivamente con su sentimiento de pertenencia al mismo. Y segundo, porque ese mismo presidente y su partido fueron quienes no sólo viabilizaron sino que constitucionalizaron el derecho de los bolivianos residentes en el exterior a votar para elegir presidente y vicepresidente, cuando promulgaron la actual Constitución Política del Estado Plurinacional, que manda en el Párrafo I de su Artículo 27 que, “las bolivianas y los bolivianos residentes en el exterior tienen derecho a participar en las elecciones a la Presidencia y Vicepresidencia del Estado, y en las demás señaladas por la ley. El derecho se ejercerá a través del registro y empadronamiento realizado por el Órgano Electoral”

Debe aclararse, sin embargo, que éste derecho no fue otorgado solamente por la benigna voluntad del gobierno de Morales, sino que de hecho fue una reivindicación por la cual luchó de forma particularmente activa la comunidad boliviana residente en Argentina; es decir, no lo sienten como un privilegio obsequiado desde arriba, sino como un derecho adquirido a través de largas y complicadas gestiones desde inicios de éste siglo, tal como lo demuestran Brenda Canelo y compañía en su artículo de investigación “¡Todos con Evo!” El voto boliviano en Buenos Aires.

También decíamos que Argentina es, como todos lo saben, el primer destino de los migrantes bolivianos, donde residen actualmente, de acuerdos a datos estadísticos del propio gobierno argentino publicados en 2010, 345.272 personas que nacieron en Bolivia. No obstante, es necesario señalar también que la migración boliviana a Argentina tiene una peculiaridad que la diferencia de la migración hacia otros países como España y Estados Unidos, y es que ésta es circular, lo que quiere decir que éstos bolivianos no han cortado lazos definitivamente con su lugar de origen, al que regresan periódicamente. Por eso, de acuerdo a datos de UNDESA (Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas), los bolivianos que residen en el hermano país llegarían a 434.759 personas. De acuerdo a los datos del Censo de Población y Vivienda de la República Argentina de 2010, en las provincias de Córdoba, La Rioja y Santiago del Estero habitarían más de 13.303 bolivianos. Para finalizar, baste hacer notar que de los 166 recintos electorales dispuestos por el Estado boliviano en el exterior en las últimas elecciones del 2019, 80 se encontraban en Argentina (http://la-razon.com/index.php?_url=/nacional/animal_electoral/comicios-elecciones2019-bolivia-votantes-exterior_0_3236676329.html)

Estamos ante una restricción selectiva de derechos políticos. La negación consciente de la cualidad ciudadana de nuestros compatriotas en el exterior.

Ahora bien, ¿por qué es importante hacer notar lo expuesto hasta acá? La descripción más restringida sobre lo que es una democracia coloca la realización de elecciones como el principal, sino el único, requisito para que un Estado sea considerado democrático. Ésta concepción elaborada por primera vez por Joseph Schumpeter, hoy en día no es suficientemente abarcadora para definir correctamente lo que es una democracia, pero es básica y fundamental. Si a eso le añadimos otros requisitos posteriormente desarrollados por la filosofía política occidental y propuestos por académicos como Robert Dahl, tal como lo son el respeto a derechos políticos y libertades civiles, entonces no cabe duda que el actual régimen de transición que gobierna Bolivia es todo menos democrático. Sería, por definición, un autoritarismo, que debería ser tratado acordemente por la comunidad internacional.

No es producto de ninguna elección ni procedimiento constitucional; sus primeras acciones consistieron en reprimir a organizaciones sociales que protestaban en su contra dejando un saldo de más de 30 muertos; detenciones realizadas discrecionalmente y sin ningún respaldo legal; además de la violación sistemática del derecho a la libertad de expresión bajo el cargo de sedición.

Es decir, en Bolivia no se respetan los derechos más fundamentales que se supone que deben ser resguardados por toda democracia, hasta por la más imperfecta: derecho a la vida, a la libertad e incluso, derecho al voto. Violación, ésta última, que se enmarca en una estrategia orientada a restringir la libre participación del Movimiento Al Socialismo, sus candidatos y sus votantes en las elecciones generales programadas para éste 3 de mayo.

Ésta estrategia, al mismo tiempo, será acompañada por otras formas de restricción de derechos y libertades que serán el inicio de un régimen político que no será nada parecido a la República que muchos detractores de Morales reclamaban y con la cual justifican los atropellos de los sectores más humildes de nuestra sociedad, sino más bien a un autoritarismo electoral donde los derechos y libertades de éstos mismos sectores serán sistemáticamente anulados, en un escenario donde el MAS no podrá representarlos ni defenderlos. De consumarse unas elecciones de éste tipo, se habrá condenado a diversas formas de opresión a miles sino millones de trabajadores y campesinos en los próximos años y décadas. La comunidad internacional debe estar consciente de esto.

 

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