Profesora y coordinadora del Programa Universidad en la Cárcel de la Universidad Nacional del Centro (UNICEN), Analía Umpierrez estuvo en Córdoba para participar de la presentación del libro por los 20 años del PUC. En esta entrevista reconstruye los proyectos que impulsó en la Provincia de Buenos Aires, las diferencias con la experiencia de la FFyH, el impacto que la educación genera en contextos de encierro, el aporte de una red de universidades públicas nacionales para pensar políticas públicas, y los desafíos para sostener estos espacios.
Su encuentro con la experiencia universitaria en la cárcel fue en 2008, en una de las unidades penales de Sierra Chica, provincia de Buenos Aires, donde un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Centro (UNICEN) habían conformado un centro de estudiantes, parecida a la experiencia que existía en la UBA. “Ahí, lo que primero que aparece es el Programa Educación en Contextos de Encierro, que depende de la Facultad de Ciencias Sociales. Ese 2008 hacemos una visita a una unidad penal con estudiantes de la materia de formación docente -que coordino- para conocer la escuela de la cárcel”, cuenta Umpierrez, integrante de una facultad que en la década del 90 había realizado acciones educativas en esa cárcel bonaerense, que se discontinuaron por un motín “muy terrible” según Analía, ocurrido en 1996. Quien, varios años después, regresó a esa unidad penal y encuentra al grupo de estudiantes de derecho que la convocan a pensar un proyecto. “Lo que hacen estos estudiantes es tratar de que la Facultad de Ciencias Sociales se sume a la experiencia, a la propuesta que había ahí adentro. Entonces, en ese 2008, lo que terminamos armando es un seminario para esos estudiantes, hasta firmar un convenio entre la Facultad y el Servicio Penitenciario en 2009, con nueve estudiantes inscriptos que esperaban una respuesta nuestra. Así, sin mucha experiencia ni preparación, sin mucho antecedente real, me encuentro en la tarea de pensar, diseñar y poner en marcha un programa para la Facultad de Ciencias Sociales, que en principio fue académico, pero que al día de hoy tiene actividades de extensión y de investigación”, relata la entrevistada sobre el origen de los programas “Educación en contextos de encierro” FACSO – UNICEN y “Universidad en la Cárcel”, dependiente de la Secretaría de Extensión de esta universidad.
“También hay un núcleo del que soy directora desde 2022, y antes hicimos otras investigaciones con proyectos anuales”, agrega, antes de responder las preguntas de Alicia Acín, una de las impulsoras del Programa Universitario en la Cárcel de la Facultad de Filosofía y Humanidades (PUC), y coordinadora junto a Mariel Castagno del libro “Programa Universitario en la Cárcel: agente político social y académico. Una indagación sobre sus primeros 20 años”, que se presentó en el auditorio Hugo Chávez del Pabellón Venezuela el pasado 9 de octubre.

- Como ex coordinadora y actual coordinadora de los dos programas de la UNICEN en la cárcel, ¿Qué características tienen estos programas y en qué se diferencian del PUC, si es que estas diferencias existen?
En relación al Programa Universidad en la Cárcel que depende de la secretaría de Extensión de la UNICEN, nace como corolario de esta acción que contaba antes, porque en 2010, 2011, a partir de la reforma de la Ley de Ejecución de la Pena en la que se define el estímulo educativo, el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) impulsa a las universidades a generar propuestas dentro de las unidades carcelarias. En este contexto, la secretaría de Extensión me convoca para redactar, definir y construir ese programa que se pone en marcha en el 2012 y todavía sigo dirigiendo. Del programa de la Facultad de Ciencias Sociales salí hace unos años, pero sigue muy fuerte, muy importante, hay mas o menos unos 200 estudiantes matriculados, mientras el programa de Extensión reúne alrededor de 500 personas a lo largo del año, porque hay actividades propias de la secretaría pero también acciones que promueven los propios estudiantes privados de libertad, que están dirigidos a compañeros, a estudiantes o hacia la población en general, dependiendo de la cárcel y las habilitaciones que ésta ofrece.
En cuanto al PUC de la FFyH, reconozco algunas diferencias particulares, por ejemplo, que en nuestras aulas, en nuestros espacios propios y de uso exclusivo de la universidad, los estudiantes están organizados en centros universitarios, es decir, los estudiantes se organizan como un actor político dentro de la cárcel, y en esa construcción tienen la potestad de pensar y organizar acciones específicas. La referencia, la presencia de la universidad en la cárcel la tiene el centro de estudiantes, o centro universitario, que sería la definición correcta, que discute las condiciones tanto con la universidad como con el servicio penitenciario. En este momento hay una política del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires que es muy receptivo para a la presencia de la universidad, de las universidades. Entonces, en este momento el trabajo de la universidad dentro de las cárceles es bastante más accesible, con menos dificultades. Y no digo que no las tengamos, pero es más llano el trabajo que en otros momentos, donde la política de la provincia era más reticente o más resistente a la presencia nuestra.
La otra diferencia que tenemos en este momento, post pandemia, es la posibilidad de tener las carreras en formato híbrido. Los estudiantes tienen internet en las aulas y está habilitado el uso de celulares para acceder a materiales, a contactar docentes a través de las aulas virtuales o de algún espacio que los docentes habiliten, como correo electrónico o eventualmente a un grupo de WhatsApp, eso lo administra cada cátedra. La posibilidad de tener conectividad, de tener computadoras conectadas en las aulas de uso exclusivo, hace una diferencia con lo que hoy está pasando con el PUC de la FFyH.
- ¿Cuándo se conformó la Red Universitaria de Educación en Contextos de Encierro (Red UNECE) y por qué?
Respecto de la red universitaria, nosotros -y aquí cito a Ana Correa, que en ese momento era parte muy importante dentro de los programas de la universidad de Córdoba-, participamos de una mesa interuniversitaria que tuvo lugar en Cuyo en 2010, y a partir de ese encuentro la Red fue creciendo, se fue sosteniendo y finalmente en el año 2020, en pandemia, se formalizó. Y lo que busca es organizar y conectar, producir relaciones, intercambios, incidir en las políticas estatales, acompañar a los programas que surgen en las universidades, asistir con orientación, con formación.
Respecto de programas, proyectos académicos, extensionistas, de investigación en temáticas de cárceles, hay una variada presencia de universidades a nivel federal, somos más de 30 universidades de todas las regiones que hoy conformamos la Red. Tenemos encuentros presenciales y también virtuales, y funcionamos en comisiones de trabajo. Es una red que busca visibilizar y dialogar con organismos estatales, organizaciones de DDHH y de base, así como con las propias gestiones universitarias, y acompañarnos en contextos en que las políticas públicas han dejado muy desoladas a las universidades, impactando en una zona tan sensible y marginal como es la educación universitaria y extensionista en cárceles.
- ¿Qué desafíos se presentan para los programas universitarios en cárceles en el contexto actual?
Los desafíos son, básicamente, la falta de presupuesto. Esto inhabilita movimientos porque todos tenemos que trasladarnos para llegar a la cárcel, faltan recursos para fotocopias, para materiales didácticos, para contratación de personal (profesores, auxiliares, talleristas) que les permita tener una dedicación y reconocimiento salarial por su trabajo. Este es un tema muy, muy importante, hay un gran atraso en este tema y eso restringe mucho la contratación de personal.
Por otro lado, las políticas de seguridad están siendo mucho más duras, hay más restricciones y una sobrepoblación enorme en las cárceles del país, lo que también dificulta el acceso de las personas a espacios educativos. Hay una sobredemanda en relación a las posibilidades de atención a estas personas, falta de cupos en las instituciones educativas, especialmente en los niveles obligatorios. Entonces, nos encontramos con un cuello de botella vinculado a cómo atender la demanda por una falta de recursos importante. Además, hoy estamos viendo políticas de encierro a determinados sectores de la población y un incremento muy significativo de detenciones que podrían ser evitadas con esperas de los juicios en los domicilios.
Entonces, hay una política de seguridad que va hacia el encierro diferencial de personas que se denominan de alto perfil y cárceles mucho más duras vinculadas a los modelos de Bukele, que devienen en extrema violencia sobre los cuerpos, sobre las personas y sobre los derechos, en nuestro caso sobre los derechos educativos.

- En la presentación del libro del PUC en la FFyH, uno de los primeros estudiantes –hoy profesor de Filosofía-, compartió su experiencia y destacaba la educación como posibilidad de transformación como sujetos, la dimensión “subjetiva”, pero también como herramienta para mirar, comprender y accionar en el mundo, ¿Qué experiencias podes contar sobre los estudiantes que has conocido en el marco de los programas que coordinás o has coordinado?
Bueno, respecto a la experiencia de estudiantes, nosotros tenemos a la fecha una persona graduada en Comunicación. Ese estudiante hoy es becario de la de la Comisión de Investigación Científica de la Provincia de Buenos Aires, y está haciendo su doctorado. Durante su transcurrir de la carrera en la cárcel pudo postular y ganar dos becas de iniciación a la investigación. Creo que esto es un logro muy importante para él y para nosotros como universidad pública, y por eso se suma a nuestro equipo de trabajo, es parte del programa de la Facultad de Ciencias Sociales que trabaja en cárceles.
Y después, respecto de los estudiantes en general, creo que la experiencia de Diego Neo, que escuchamos en la presentación del libro, es que a quienes transitan y permanecen dentro de los programas se les abre la posibilidad de reconocer sus cambios, sus logros, su forma de pensar y de mirar el mundo, sus contextos, de diseñar un futuro diferente. Una de las cosas que hoy se está trabajando, tanto desde otros programas como desde la propia UNICEN, es pensar un poco más y con mayor intención cómo abordar el post encierro, con las personas que salen libres y quieren continuar sus estudios, y cómo articular ese mundo de la cárcel con el exterior, el tránsito de detención hacia la libertad en relación al trabajo, que es una de las grandes dificultades para nuestra sociedad hoy, y en particular para quienes salen con antecedentes penales.
Texto y fotos: Camilo Ratti