La sanción de un derecho que transformó las escuelas.
Hace 20 años, el 4 de octubre de 2006, se sancionó la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral. Desde ese momento hasta ahora, la ESI se convirtió en parte de la experiencia educativa de generaciones de estudiantes y docentes. Su aniversario nos invita a reflexionar sobre lo construido, reconocer sus transformaciones y pensar los desafíos de un presente adverso.
La Ley 26.150 estableció a la educación sexual como un derecho de todes les estudiantes, de todos los niveles educativos, no como una opción o una posibilidad, sino de manera integral, transversal y con carácter nacional. Con la ESI, la formación y el debate sobre temas relativos a la sexualidad en la escuela, ya no dependen de iniciativas o perspectivas particulares, sino que se convierten en responsabilidad del Estado y en un derecho educativo.
Desde sus inicios y la formulación de la ley, la ESI no se reduce a información sobre sexualidad o reproducción. Aborda cinco ejes clave: Reconocer la perspectiva de género, respetar la diversidad, valorar la afectividad, ejercer nuestros derechos, cuidar el cuerpo y la salud. Estos ejes adecuan sus contenidos a cada nivel educativo, y a cada etapa de la vida de niñes y adolescentes. Es integral y transversal a todos los espacios curriculares, como el género y la sexualidad son transversales a todas las dimensiones de la vida social. Esta institucionalización de la reflexión sobre cuerpo y salud, afectividad y vínculos, derechos, diversidad, igualdad y género, prevención de violencias, amplió aquello que la escuela puede enseñar y aquello que niñas, niños y adolescentes pueden preguntar, nombrar y problematizar.
En poco más de una década, los datos de los informes oficiales de Aprender muestran la extensión que alcanzó esta política: en 2018, el 98% de los equipos directivos de escuelas primarias declaró que en sus instituciones se habían trabajado contenidos de ESI. En secundaria, en 2019, el 92% de las y los estudiantes afirmó haber trabajado al menos uno de sus contenidos. En 2020, un estudio del Ministerio Público Tutelar (MPT) de la Ciudad de Buenos Aires reveló que entre el 70 y el 80 por ciento de los niños, niñas y adolescentes de entre 12 y 14 años que pasaron por la Sala de Entrevistas Especializada del organismo pudieron comprender que fueron abusados después de recibir clases de Educación Sexual Integral. Niñes y adolescentes entendieron que sufrieron conductas abusivas a partir de resignificar situaciones que vivieron con los conocimientos adquiridos en la clase de ESI. Estos datos muestran que, en menos de dos décadas, la ESI dejó de ser una política periférica para adquirir una presencia significativa en la experiencia escolar.
Para llegar a esos resultados, fue necesario un compromiso de todes los agentes involucrades: son veinte años de: docentes que se formaron y se comprometieron, estudiantes que llevaron preguntas a las aulas, a los patios, a los pasillos, instituciones que construyeron proyectos; equipos que elaboraron materiales; universidades que formaron docentes y debatieron en la producción de conocimiento; comunidades educativas que discutieron nuevas problemáticas. La ESI es una construcción cotidiana, que se sostiene día a día en el espacio escolar.
Esto no significa que su implementación sea homogénea ni que sus objetivos estén alcanzados. Desde sus inicios, y más en un presente de desfinanciación, retirada del Estado, desinformación maliciosa y denostación de todo lo que tenga que ver con derechos, con perspectiva de género, con diversidad, la ESI enfrenta desafíos. La formación docente continua; las desiguales condiciones institucionales; la actualización de contenidos; la difusión de recursos y materiales; la articulación con políticas de salud y protección de derechos también diezmadas ; la producción de información actualizada sobre su implementación. Todos espacios que nos convocan a seguir trabajando y defendiendo una Ley que sigue vigente más allá de los intentos de minimizarla.
Celebrar estos veinte años de la ESI es celebrar una historia de construcción colectiva, iniciada en mucho trabajo y militancia previos a la sanción de una ley. Volver sobre lo recorrido permite valorar las transformaciones producidas, los logros alcanzados, pero también todo lo que falta, lo que es necesario sostener, reafirmar y seguir construyendo, sin olvidar que los derechos necesitan políticas, instituciones y prácticas que los hagan efectivos.
La pregunta por la ESI no es solamente qué ocurrió en estos veinte años, sino qué escuela queremos construir en los próximos.





