Hace 57 años, las calles de Córdoba se colmaban de lucha y rebeldía ante un orden político y económico que condenaba a los trabajadores y estudiantes a la precariedad, la represión y el silencio. Desde la FFyH- ese mayo del 69- nos interpela no como una fecha cristalizada en el pasado sino como potencia viva del presente.
En aquel entonces, los estudiantes de Córdoba no fueron solo espectadores de una crisis social, participaron activamente. Lo que ocurría en las calles y fábricas también definía el destino del mundo académico. La reforma universitaria de 1918 ya había sentado las bases de una universidad crítica; el Cordobazo fue su actualización en clave popular y política.
Hoy, el escenario es otro, pero paradójicamente similar. La universidad pública vuelve a estar bajo asedio: el presupuesto no alcanza, los salarios se licuan y la ciencia se desfinancia. Por eso, reclamar la efectivización del presupuesto universitario no es un pedido corporativo. Es un acto de memoria enlazada con el Cordobazo. Es recordar que sin presupuesto no hay posibilidad de educación de calidad, no hay investigación ni extensión, no hay universidad para todxs.
El Cordobazo nos mostró que la universidad no es una isla. Cuando afuera el mundo del trabajo se deteriora, adentro en la comunidad universitaria el impacto es directo. Y cuando adentro se pelea por el presupuesto, se está peleando por el derecho al estudio y al salario digno de sus trabajadores.
Hoy, como ayer, la consigna no es solo defender lo heredado, sino transformarlo. Hoy más que nunca la memoria es una herramienta y recordar el Cordobazo, es comprender que la demanda por el cumplimiento del presupuesto es la lucha por la universidad pública, gratuita e inclusiva. Es asumir y sentir que, como en el 69, el futuro se construye con organización y reivindicación de los derechos conquistados.
Que la memoria del Cordobazo sea esa lucha, en este presente.
