“Sus aportes fueron fundamentales para comprender las relaciones entre los diferentes linajes humanos”

Katerina Harvati, una de las referentes mundiales de la paleoantropología, recibió el Doctorado Honoris Causa a propuesta de la Facultad de Filosofía y Humanidades, y Rodrigo Nores, investigador del Idacor-Conicet, fue el encargado de compartir los motivos de la entrega de la máxima distinción académica de la UNC. El acto tuvo lugar en el Salón de Grados del antiguo Rectorado el martes 3 de noviembre.

Profesora en la Universidad de Tübingen, Alemania, donde dirige el Centro Senckenberg para la Evolución Humana y el Paleoambiente, Katerina Harvati fue distinguida con el máximo galardón que otorga la Universidad Nacional de Córdoba por sus investigaciones sobre la evolución humana y las interpretaciones científicas sobre nuestros antepasados, sus desplazamientos y formas de vida.

El reconocimiento a la investigadora nacida en Grecia fue propuesto por la Facultad de Filosofía y Humanidades, y entregado en el Salón de Grados del antiguo Rectorado con la presencia de la Vicerrectora, Mariela Marchisio, la Decana de la FFyH, Alejandra Castro, y la Vicedecana, Andrea Bocco, quienes le entregaron una medalla conmemorativa.

Previamente, Harvati y los directivos del Consejo Cultural Mundial se habían reunido con el Rector, Jhon Boretto, para distinguirla en el marco de la 41° Ceremonia de Premiación Albert Einstein, llevada a cabo el lunes 2 de noviembre.

Ante la presencia de autoridades e integrantes de los distintos claustros universitarios en el antiguo Rectorado, Rodrigo Nores, docente e investigador del Instituto de Antropología de Córdoba, fue el responsable de presentar los fundamentos académicos de esta distinción y poner en valor aportes que no se limitan a nuevos descubrimientos, sino que también contribuyeron a revisar los marcos teóricos utilizados para interpretar la evolución humana.

En relación a los primeros, señaló las investigaciones en la cueva de Apidima, en Grecia: “Allí su equipo volvió a estudiar dos cráneos descubiertos en los años setenta, utilizando reconstrucciones virtuales y técnicas de datación. Los resultados fueron sorprendentes al identificar uno de esos fósiles, de más de 210.000 años, como un Homo sapiens temprano, mientras que el otro, de más de 170.000 años, correspondía a un neandertal. Este hallazgo adelantó en más de 150.000 años los registros conocidos de la presencia de Homo sapiens en Europa”.

Según el investigador del IDACOR-Conicet, sus aportes fueron fundamentales para comprender las relaciones entre los diferentes linajes humanos: “A comienzos de los años 2000, la doctora Harvati realizó contribuciones muy importantes a uno de los grandes debates de la paleoantropología: si los neandertales debían considerarse una especie diferente, Homo neanderthalensis, o una subespecie de nuestra propia especie, Homo sapiens. Mediante análisis tridimensionales de la forma del cráneo, mostró que las diferencias anatómicas entre neandertales y humanos modernos eran mayores que las que encontramos entre subespecies de una misma especie, resultados que aportaron evidencia fundamental para reconocer a los neandertales como una especie diferenciada”.

Nores remarcó además que Harvati contribuyó a comprender la evolución humana a partir de investigar cómo vivían nuestros antepasados, qué capacidades tenían y cómo interactuaban con su entorno: “Cuestionó la vieja imagen de los neandertales como seres limitados a la fuerza bruta y mostró que su vida cotidiana incluía formas de destreza manual mucho más sofisticadas de lo que se suponía”.

En este sentido, dijo que “frente al extraordinario rompecabezas evolutivo de los últimos 500.000 años, no alcanza con acumular más fósiles o secuencias de ADN, también es necesario revisar los marcos teóricos con los que interpretamos esas evidencias. Por eso las investigaciones de Harvati dejaron atrás los modelos demasiado lineales, para reconocer una historia humana mucho más diversa, dinámica y compleja”.

Otro aspecto destacado por el colega de la FFyH fue la vocación y el compromiso de Harvati por el trabajo colectivo y la cooperación internacional, que tuvo y tiene impacto en Córdoba: “Su laboratorio en la Universidad de Tubinga ha recibido a distintos colegas sudamericanos, e incluso en nuestra Facultad vimos fortalecidos nuestros vínculos institucionales a partir de la estadía de una docente de nuestra carrera en el Centro Senckenberg para la Evolución Humana y el Paleoambiente que ella dirige”.

Además, en agosto de 2026 se publicó un nuevo trabajo con participación de investigadores del CONICET y de otras instituciones argentinas, en el que la paleoantropóloga griega tuvo un papel destacado en el diseño metodológico y el análisis de los resultados.

Por último, Nores no dejó pasar la oportunidad para resaltar la calidad humana de la investigadora: “En un viaje al sitio arqueológico de Ongamira con Katerina y su esposo, Elias, compartimos tres horas de ruta y un asado que nos permitieron asomarnos a la persona que hay detrás de la brillante científica. En las charlas se cruzaron historias de Argentina, Alemania y Grecia, y aunque sospecho que el mate no terminó de conquistarla, intercambiamos anécdotas sobre nuestros proyectos y nuestras familias, momentos en los cuales descubrimos que la misma curiosidad intelectual que caracteriza su trabajo científico está presente en su manera de vincularse con los demás. Y que detrás de todos los premios internacionales hay una persona de gran calidez, muy accesible y con una energía verdaderamente inagotable”.