Acartonados

La Sofía Cartonera es el nombre de la editorial de la FFyH presentada recientemente, que ya publicó sus primeros 14 títulos. Fabrica sus obras con tapas de cartón comprado en la vía pública y pintadas a mano por un equipo compuesto por docentes, estudiantes, egresados y miembros de organizaciones sociales. “Los libros cartoneros intentan romper con la sacralización del libro como objeto”, afirma su coordinadora, Cecilia Pacella.

Además de todo lo que ya sabemos, la crisis de 2001 trajo aparejada la creación de un nuevo sujeto social: los cartoneros. Los antiguos botelleros y cirujas fueron reemplazados por familias enteras revolviendo la basura en busca de comida o materiales reciclables. Muy frágil.

Así las cajas que contienen los aceites, lapiceras, galletitas, hojas, televisores, vasos, platos, se convirtieron en una salida laboral, a través de la organización de cooperativas. Pero también en tapas de libros. Este lado arriba.

Esto se les ocurrió al escritor Washington Cucurto y al pintor Javier Barilaro, quienes fundaron la editorial Eloísa Cartonera en 2003. “Surge de la necesidad, porque no teníamos manera de fabricar los libros y buscamos algo alternativo, que estuviera relacionado con lo que hacíamos, con lo que escribíamos, con lo que pensábamos y, como no teníamos dinero, que también pudiéramos realizarlo”, decía Cucurto una tarde bajo el solcito de abril en la Plaza Seca, mientras armaba el puesto de la Eloísa. Industria Argentina

Eloísa Cartonera fue la primera editorial que fusionó un proyecto social con uno editorial, ya que ellos les compran el material para las tapas de sus libros a los cartoneros. Después, esta experiencia se diseminó por casi toda Latinoamérica: Perú, Bolivia, Chile, Brasil, México y Uruguay. Reciclable

El lugar ideal

De tanto en tanto, Cucurto anda por Córdoba. Presentando un libro o participando de alguna charla. Y acá tiene muchos amigos. Entre ellos, Cecilia Pacella. Con ella habló muchas veces sobre la posibilidad de crear una editorial cartonera en Córdoba y la conclusión siempre era la misma: la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC era el lugar ideal para llevarla a cabo.

En abril Cucurto andaba de nuevo por Córdoba. En este caso, dando un taller sobre encuadernación de libros cartoneros en el Centro Cultural España Córdoba (CCEC), coorganizado con la Secretaría de Extensión de la FFyH. Además, en esa oportunidad, Pacella y Cucurto coordinaron un taller en la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas (AMMAR), que terminó de sellar los vínculos con la Facultad. La cartonera cordobesa empezaba a dar sus primeros pasos, aunque todavía no tenía nombre. “El objetivo de la propuesta es el de generar un espacio en la Universidad donde se puedan articular actividades con distintos sectores de la sociedad, agrupaciones y organizaciones sociales, artistas y escritores, instituciones populares, acciones que giran en torno a los libros y la literatura”, le explicaba Pacella a la revista Deodoro en ese momento.

La concreción de una idea

“La editorial cartonera es una aventura que pone en marcha y que dejará una marca importante en la Facultad”, apuntó el decano de la FFyH, Diego Tatián, en la presentación de La Sofía Cartonera, que se realizó el 5 de julio en el Museo de Antropología.

Junto a él, la directora del Museo, Roxana Cattaneo, la coordinadora de la editorial, Cecilia Pacella y una integrante de AMMAR, la Muñe, escuchaban expectantes y, como el numeroso público que asistió, entusiasmados de que este proyecto diera por fin sus primeros frutos. O libros. Entre los que se encontraban los primeros 12 títulos publicados: Infierno (Oscar del Barco),  El señor del cielo (Antonio Oviedo), Ticket (Arturo Carrera), El país de las larvas (Silvio Mattoni), Hombre de Cristina (Washington Cucurto), Desierto dividido en piedras (Cuqui), Los campos magnéticos (Luciano Lamberti), De tarde en el puerto (María Calviño), Triunfo de Adriano (Alfredo Prior), Querida Alicia (Anahí Mallol), Por acá, acérquese (Laura Escudero) y Cuatro Cosmo Cuentos (Pablo Natale). Más tarde aparecieron El novio de Susanna Hoffs, de Carlos Schilling y Diario de la china, de Roxana Páez.

Todos los autores cedieron sus derechos para la publicación de los textos y los libros son fabricados con tapas de cartón, proveniente de cajas desechadas, comprado a los cartoneros en la vía pública, cortado y pintado a mano por un equipo compuesto por docentes, estudiantes y egresados que participan en las diversas instancias de creación de las obras, además de las que se hacen en talleres como los de AMMAR. “Lo que queremos hacer es generar un espacio de encuentro que se dé a partir de los libros. La editorial cartonera es una excusa para que un grupo de personas se encuentren, es un espacio concreto de apertura a la comunidad y es una forma concreta de ver este intercambio”, comenta Pacella. Por eso, detrás de cada una de las obras aparece una inscripción del Sindicato de trabajadoras sexuales.

“No son libros comunes, son libros únicos porque cada uno es distinto del otro. Esa unicidad es lo que lo hace original, pero se llega a esto trabajando en equipo”, agrega Pacella.

En la ficha técnica del producto final hay una leyenda que indica: “El libro cartonero es un producto único e irrepetible. El cartón recuperado, vendido, trasladado, cortado y pintado manualmente, comienza una nueva historia: servirá ahora para proteger las páginas donde una obra literaria encuentra su soporte, su materialización para la lectura y la transmisión”.

Sin embargo, Pacella advierte que “esta tarea artesanal no le agrega valor al libro”. “No estamos haciendo libros objetos. El espíritu de la editorial cartonera es que la producción manual abarate el costo del libro y sea un objeto que cualquiera pueda comprar”, dice. Así, por sólo 10 pesitos uno puede comprar una joyita como Infierno, de Oscar Del Barco. Este libro fue publicado por primera vez en México en 1977, durante su exilio, por la Universidad Autónoma y era muy difícil de conseguir.

“El objeto libro, que para nosotros es algo cotidiano, en la cultura occidental siempre fue un objeto de culto, alejado de la gente y sigue siendo un objeto que genera una distancia, y los libros cartoneros intentan romper con esa sacralización del libro, intentan demostrar que cualquiera puede hacer un libro”, concluye la coordinadora.

“La transformación de un cartón en un libro encierra un misterio profundo”, puntualizó Tatián en la presentación de la editorial. Ahora ese misterio ya está develado.


 

Lecturas pintadas

Durante todo el año, La Sofía Cartonera realizará un ciclo titulado “Pintor de obra”. En él, cada uno de los autores hará una lectura de sus textos y un artista acompañará a los escritores pintando en vivo.

El 2 de agosto se llevó a cabo el primer encuentro, en el cual Alfredo Prior leyó algunos poemas y luego, junto con Jorge Cuello, pintaron tapas de libros y las lechuzas de cartón que representan a la cartonera.

En la segunda edición, el 22 de agosto, Carlos Schilling y Cuqui se hicieron cargo de la lectura y Gisella Zontella y Pito Campos de las obras en vivo.

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Poema 201

Washington Cucurto, en “Hombre de Cristina”

Construye dentro tuyo

-no afuera-, en la calle

en la vereda

en la cuadra de tu casa. ¡No!

Dentro tuyo.

Dentro tuyo,

Cualquier boludez, no importa

Pero construye,

Invierte un ladrillo para avanzar

Una bolsa llena de verduras, para comer

Un libro de cartón en el cual guardar

Los sueños y luego hacerlos realidad.

Construye una vocación

Un país o una familia para cuidar,

Dale,

Construye y no pienses en tirar nada.

Construye antes de que te destruyan

Construye –no afuera-

En la vereda

En la cuadra de tu casa. ¡No!

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1 Comentario

  1. Soy Licenciada en Historia de la UNC, y actualmente me desempeño como docente en un Instittuto Superior de Formación Docente en el profesorado de Historia, en la ciudad de Las Varillas,”cada cinco años la escuela que cuenta con otros profesorados, en el turno diurno y nocturno

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