Elsa y las mujeres privadas de libertad: “Nosotras somos personas”

El día 2 de febrero, en el Hospital Misericordia, falleció Elsa de 62 años. [1] Se encontraba privada de libertad en el Establecimiento N°3 de mujeres, Bouwer, y en 2018 se desempeñó como participante activa del “Taller de lectura y escritura de cartas. Palabras que traman fragmentos”, desarrollado en el marco de la Secretaría de Extensión de la FFyH y el Programa Universitario en la Cárcel y coordinado por Julia Monge y Flavia Romero con el acompañamiento de Marcela Carignano, Lucía Scoles y Ángel.

Sus discusiones y aportes fueron parte de una construcción colectiva que intentaba recuperar la palabra de las mujeres privadas de libertad en el marco de un proceso que viene realizándose desde 2015.

Su muerte fue publicada en diversos medios de comunicación,  brindando datos personales de su vida, foto y el delito por el cual fue condenada. Entendemos esto como una vulneración de su derecho a la intimidad y al de su familia en un momento de dolor.

Desde el trabajo sostenido de la FFyH en contextos de encierro, junto con la Secretaría de Extensión, el PUC y el Programa de Derechos Humanos, entendemos que Elsa debe ser reconocida como parte de la comunidad universitaria, y que encontrarse privada de libertad ambulatoria no implica la restricción de otros derechos fundamentales, como la educación, la cultura y el derecho a la intimidad.

En este sentido, el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ​con jerarquía constitucional,  adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, establece que el derecho a la vida privada es un derecho humano, y que “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, ni su familia, ni cualquier entidad, ni de ataques a su honra o su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”.

Compartimos un fragmento de su autoría escrito bajo el título “Carta para lo que pienso” Esto es lo que Elsa quería decirle al mundo y lo que quería contar de sí:

“Soy una mujer, y como mujer que soy

todo lo que tengo lo conseguí con

mucha lucha y sacrificio.

Los trabajos que tuve los conseguí

golpeando puertas y pidiendo por favor, y

conformándome con el sueldo que me daban.

Si era joven, porque era joven,

hoy por ser vieja es lo mismo.

Sólo tengo voluntad y ganas de

trabajar, y tener un sueldo digno

para poder ayudar a mi familia.

Que este gobierno nos respete

si nosotras somos personas, y por ser

mujeres tenemos los mismos derechos.

[…] Mi sueño sería que mis hijas y nietas

o cualquier persona o personita no pase lo

mismo.

Desde ya, gracias a las personas que lean mi carta

o que piensen como yo.”


[1] Mientras se terminaba de escribir esta nota nos enterábamos del fallecimiento de otra mujer privada de su libertad en el Establecimiento Penitenciaro de Bouwer: Rosel Janet.