El viernes 26 de junio se llevó a cabo la primera colación de posgrado, grado y pregrado de 2026 de la Facultad de Filosofía y Humanidades, en la que 230 egresadxs recibieron sus títulos en el Pabellón Argentina. En momentos de ataques políticos y desfinanciamiento presupuestario por parte del gobierno nacional, los discursos hicieron eje en la defensa de la universidad pública y en el logro colectivo que implica estudiar y graduarse.
Con el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que obliga al Poder Ejecutivo Nacional a cumplir la Ley de Financiamiento Universitario (votada 2 veces por ambas Cámaras del Congreso) la primera colación de 2026 de la Facultad de Filosofía y Humanidades estuvo atravesada por una sólida defensa de la educación pública superior, sostenida en las voces de autoridades, trabajadorxs universitarixs y por quienes recibían sus ansiados títulos profesionales.
La oferta académica de la FFyH está integrada por 19 carreras de posgrado, 16 de grado y 3 de pregrado, una diversidad de propuestas que refleja el compromiso de la Facultad con la formación de calidad y su aporte a la sociedad. En este marco, la Sala de las Américas del Pabellón Argentina fue escenario de una nueva ceremonia de colación, en la que 230 graduadxs recibieron sus diplomas.
Irina Morán y Lucía Barceló fueron las responsables de conducir el acto en reemplazo de Silvia Lonatti, histórica maestra de ceremonia recientemente jubilada, que tuvo también su merecido reconocimiento. Luego del cambio de abanderadxs y escoltas, la ceremonia abrió paso a los discursos, que comenzaron con la Decana de la Facultad, Alejandra Castro, quien destacó que la obtención de un título “no es un logro individual sino también colectivo, posible gracias al trabajo de docentes, personal nodocente, equipo de gestión y de toda la comunidad universitaria”.
En el marco de los festejos por los 80 años de la Facultad, la Decana invitó a participar con propuestas, ideas y proyectos “para que esta conmemoración sea abierta, colectiva, participativa y que como comunidad podamos repensar el pasado como institución, el presente y que Facultad queremos para el futuro”.
Futuro que difícilmente pueda proyectarse sin abordar los desafíos de un presente muy complejo para la educación superior, que la Decana no dejó pasar: “Como ustedes bien saben, tanto profesores y trabajadores nodocentes, como los estudiantes y los graduados, en estos últimos años estamos llevando adelante nuestras responsabilidades en un contexto de enorme incertidumbre, tanta que amenaza la supervivencia de nuestro perfil institucional, tanto el financiamiento y la gratuidad como la autonomía, porque la validez misma de las leyes que garantizan ese perfil están en riesgo. En ese marco, vale la pena estimular una reflexión colectiva, no sólo entre nosotros, sino con la comunidad en su conjunto, sobre cuál es nuestra responsabilidad y cuál es nuestra contribución a su desarrollo”.
El aporte de las Humanidades
Frente al ataque sistemático de un gobierno nacional que desde el comienzo de su gestión discriminó y desvalorizó a las ciencias sociales y humanas, Castro sostuvo que “las Humanidades revitalizaron tanto su papel crítico como constructivo, revisaron sus fundamentos, recuperaron o descubrieron nuevas áreas de conocimiento y campos disciplinares e incorporaron herramientas novedosas para los nuevos territorios de las llamadas Ciencias Sociales, estrechamente vinculadas a las Humanidades”.
En este sentido, dijo que desde una mirada interdisciplinar y frente a “estallido de distintas revoluciones tecnológicas desde fines del siglo pasado, y actualmente con la vertiginosa difusión de la inteligencia artificial en todos los campos de la actividad humana, sólo la ignorancia, la indolencia social y política o la alienación ideológica pueden llevar a quienes tienen responsabilidades públicas, a creer que nuestras disciplinas son secundarias o triviales, socialmente prescindibles o un asunto opcional de preferencias privadas, mayormente inútiles”.
En una apretadísima síntesis epistemológica, señaló que carreras como Ciencias de la Educación, Historia, Antropología, Filosofía, Letras, Bibliotecología, Archivología y Geografía forman profesionales capaces de comprender la realidad, preservar la cultura, fortalecer el pensamiento crítico, promover la democracia, proteger el patrimonio y contribuir al desarrollo de una sociedad más justa y consciente.
El último punto de su alocución estuvo relacionado a la responsabilidad social de quienes luego jurarían frente a sus pares, autoridades y familiares: “Nuestra tarea, si la asumimos responsablemente, es tanto delicada como enormemente “útil”: la construcción de una ciudadanía más consciente de sus derechos y sus deberes, la edificación de una sociedad más justa y más autónoma, la posibilidad de imaginar una vida mejor para las nuevas generaciones depende también, en una enorme medida, de cada uno de ustedes: pedagogos, literatos, lingüistas, bibliotecólogos, geógrafos, filósofos, historiadores, archivólogos, antropólogos. Tomen conciencia de su capital, tomen conciencia, también, de su responsabilidad”.
De esta forma, la Decana los alentó a “tomar esa responsabilidad con entusiasmo, con alegría, como un desafío que vale la pena, que justifica no solo los años de esfuerzos que dedicaron al estudio y la formación en esta Facultad, sino también, que justifica la inversión, con los recursos del Estado, que financia la universidad pública”.
Claridad frente a las tinieblas
Micaela González Valdés, que recibió su título de Doctora en Historia, fue la encargada de hablar en nombre de lxs graduadxs de posgrado, y al igual que la Decana puso en valor el rol de las Humanidades: “Desde el inicio de este modelo político nuestros campos de conocimiento han sido objeto de un cuestionamiento sistemático. Tampoco es casual. Son las Humanidades y las Ciencias Sociales las que ofrecen claridad en un horizonte que parece estar en tinieblas. Es por eso que incomodan. Son nuestras disciplinas las que nos ayudan a comprender las desigualdades, interrogar las relaciones de poder, reconstruir memorias colectivas y defender la dignidad humana allí donde otros sólo ven números y mercados. Que nada de lo que vivimos es inevitable, que toda realidad social es histórica y que, precisamente por ello, puede ser transformada”.
Orgullosa de haber estudiado en la FFyH, González Valdés dijo que “el conocimiento que producimos no es indiferente a la realidad: toma partido por la comprensión frente al prejuicio, por la memoria frente al olvido y sobre todo, por la dignidad humana frente a toda forma de deshumanización. Y es por eso que hacer Humanidades, Ciencias Sociales y ejercer el pensamiento crítico hoy, en la Universidad Pública, es un acto, al menos, de valentía. Y eso es motivo de celebración”.
Luego fue el turno de Francisco Pagés Reimon, flamante Licenciado en Letras Modernas, quien también celebró pertenecer a la universidad pública, gratuita y de calidad. «La Facultad de Filosofía y Humanidades no solo forma técnicos, profesores, licenciados y doctores, forma también seres humanos”. Además de agradecer a la institución y a sus trabajadorxs, resaltó que la experiencia universitaria se construye en comunidad: «No venimos a recoger la materialización de nuestros esfuerzos individuales, sino de nuestros esfuerzos colectivos, porque la experiencia universitaria es la experiencia de la comunidad, del encuentro, de la socialización de saberes y de pasiones».
Las palabras hicieron una pausa para que la música sea parte de la celebración, que llegó en la voz de Jéssica Benavídez y la guitarra de Federico Abregu, quienes interpretaron tres canciones que fueron acompañadas con mucho entusiasmo por el público.
Silvia, siempre Silvia
Otro de los puntos emotivos de esta primera colación fue el homenaje a la trabajadora nodocente Silvia Lonatti, conductora de los actos de colación hasta que se jubiló a principios de 2026. En la voz de otra Silvia, Fois, trabajadora jubilada de la Biblioteca de la FFyH, las palabras destacaron el compromiso de Lonatti con la universidad pública, laica y gratuita y el acompañamiento que brindó a los estudiantes durante toda su trayectoria académica. «Silvia puso su voz, su corazón y su cuerpo en cada acto de colación, esa voz que se identifica en la fortaleza de sus convicciones y certezas».
Con la voz entrequebrada por la emoción, dijo sobre su compañera: «Hoy es ella quien termina un ciclo y comienza otro. Hoy es ella que también celebra una colación», y poniendo de relieve su dimensión política, remarcó que “persistirá en su audaz convocatoria de lucha por una Universidad Laica, Pública y Gratuita, porque nos enseñó a reconocernos, compartir y dar pelea para lograr la defensa de nuestros derechos, a llevar como estandarte la bandera de la dignidad de quien no claudica».
Luego sí, fue el turno de la esperada entrega de los diplomas, con lxs graduadxs que fueron subiendo al escenario a recibir de la mano de autoridades y docentes de las diferentes carreras el reconocimiento institucional del importante logro alcanzado, que cerró con la entonación del himno universitario “Gaudeamus Igitur”, la despedida de la bandera de ceremonias y la entrega a la salida de la Sala de las Américas de un ejemplar de árbol nativo a cada egresado y egresada (moradillos, talas, manzanos de campo, quebrachos blancos, sen del campo, algarrobos blancos, molles, garabatos hembra y chañares) en el marco del proyecto “Bosque disperso de Humanidades”, que involucra a la Oficina de Graduados y Graduadas de la FFyH, el Programa «Ambiente, Sociedad y Territorios» y otras áreas de gestión. Iniciativa que fue posible a partir de la articulación y gestión de la egresada Camila Brizuela y Romina Torres, integrante del equipo del Centro de Ecología de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, quienes hicieron viable la donación de los árboles.








































































