Marzo 2007 | Año 3. Nº 15
UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA, Argentina
 


La universidad como federación


Comienza el Doctorado en Artes


Los nuevos ingresantes

· Para compartir la lectura

· Un nuevo espacio para pensar las identidades

Las bibliotecas de Córdoba en la dictadura militar

Ian Hacking: "La raza es también un concepto social"

Cepia: para abrir la mirada

Subsidio internacional para investigadoras de la facultad

La historia de la historia en Córdoba

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· El secreto en una mirada
3
· Macromoléculas y la
ciencia de la elección
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· Lanzan convocatoria para la revista Síntesis

· El Museo de Antropología ya es una unidad asociada al Conicet.

· Plaza de la memoria, la verdad y la justicia

· Seminarios, cursos, encuentros
y jornadas
7

 


 


Historias y personajes

La historia de la historia en Córdoba

¿Cuándo se institucionalizaron los estudios históricos en Córdoba? ¿Cuáles son los orígenes de la Escuela de Historia? ¿Quiénes fueron los precursores de esta disciplina en nuestro territorio? Francisco Bauer, docente de la cátedra Historia Contemporánea de Asia y África, realizó una investigación en la que rescata el surgimiento y desarrollo de las instituciones relacionadas con la investigación y la enseñanza de la historia en Córdoba. El aporte del Instituto de Estudios Americanistas, el rol de los autodidactas, la profesionalización de los historiadores, los cambios en los planes de estudio y las secuelas de la dictadura militar son algunos de los temas que aborda Bauer. Este año, el trabajo se utilizó como material de estudio en el ciclo de nivelación para los ingresantes a la carrera de Historia.


El pabellón España, sede de la Escuela de Historia desde 1957.

“La institucionalización de la historia en Córdoba” es el título del trabajo que realizó Bauer y que abarca el período 1936-1997. La idea de realizar este estudio surgió después que el profesor, en una clase que dictaba en una escuela de nivel medio para adultos, escuchara hablar a sus alumnos con total desconocimiento sobre cuándo y cómo habían aparecido los primeros estudios históricos y las instituciones dedicadas a la investigación y la formación de historiadores en nuestra provincia. El docente, tiempo después, trasladó esta inquietud a sus colegas y a otros estudiantes de la universidad, y se encontró con la sorpresa de que pocos sabían a ciencia cierta cuándo se había creado la Escuela de Historia.
Para Bauer, su experiencia como estudiante también influyó en la decisión de realizar este trabajo, que tiene entre sus principales finalidades “fortalecer el sentido de pertenencia institucional”. “Cuando era alumno participé en la conformación de una comisión de historia dentro de una agrupación estudiantil y en la organización de los primeros encuentros nacionales donde discutíamos los planes de estudios y el rol del historiador. Entonces, para mí -que había pasado por esa trayectoria de debates- tener un sentido de pertenencia es importante. El historiador también tiene raíces, así como las tienen las historias”, señala el autor.
Considerando que este tema había comenzado a despertar cierto interés académico y social inició la búsqueda de datos en el Archivo Histórico de la Universidad, que funciona en el antiguo Rectorado de la calle Obispo Trejo.

El Instituto de Estudios Americanistas
En el análisis de Bauer aparece el Instituto de Estudios Americanistas como un espacio clave para el desarrollo de una red de instituciones vinculadas a la investigación académica y la formación profesional de los historiadores que permanecen hasta la actualidad, como son: las escuelas de Historia, de Archivología y Bibliotecología; el Museo de Antropología, el Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades, el Archivo Histórico Municipal y la Junta Provincial de Historia. En el origen de estas instituciones se encuentra el Instituto de Estudios Americanistas fundado en la Universidad Nacional de Córdoba el 23 de julio de 1936. “Fue el punto de partida de la institucionalización y profesionalización de los historiadores en Córdoba. Implicó abrir una perspectiva disciplinar para la investigación y la enseñanza de la historia, más la complementariedad con las ciencias sociales y otras disciplinas afines, que todavía hoy nos alcanza”, afirma el investigador.
Este instituto, dependiente del Rectorado, tenía como actividades principales: la administración de un fondo bibliográfico y documental, la realización de investigaciones de carácter histórico, la publicación de monografías y documentos inéditos y la realización de “cursos relacionados con la historia, paleografía, arqueología, cartografía y demás ciencias auxiliares, organización de archivos, historiografía y metodología histórica”.

Cabrera, el precursor
Para Bauer, una mención especial merece la figura de monseñor Pablo Cabrera (1857-1926), considerado un pionero por haber sido quien proyectó y se hizo cargo de la primera cátedra de etnografía indígena argentina en la Universidad de Córdoba y fundó un museo colonial. Además, se desempeñó como presidente de la filial cordobesa de la Junta de Historia y Numismática Americana, entidad promotora de los estudios históricos en todo el país y antecedente de la Academia Nacional de la Historia. Esta institución jugó un rol decisivo en la creación de museos provinciales y regionales, así como de instituciones orientadas a la recuperación de la historia en todo el territorio nacional.
En el acto inaugural del Instituto de Estudios Americanistas, las autoridades presentes le rindieron un homenaje especial -a diez años de su muerte- por su aporte al campo de la historia. El rector Novillo Corvalán, en su discurso, lo describió como “obrero eminente de la cultura del país, investigador profundo e intérprete sagaz de la vida precolonial de América, restaurador de sus pueblos, costumbres e idiomas, mediante métodos personales y pacientes en libros y folletos que han sido altamente juzgados por la crítica nacional y extranjera”. Luego, resolvió designar una comisión para tramitar la adquisición de la biblioteca de monseñor Pablo Cabrera y su museo (ver nota de archivo).

El contexto de la crisis
De acuerdo con Bauer, el surgimiento de estos espacios institucionalizados está relacionado con el contexto que se presenta después de la crisis de 1930. “Hay una situación de crisis generalizada, más allá del plano económico, también en el ámbito político-institucional. Se pone en tela de juicio la idea de progreso, que desde la Ilustración en adelante había sido una noción rectora”, puntualiza.
Precisamente, durante la inauguración del Instituto de Estudios Americanistas, el rector expresó: “La Universidad incorpora por primera vez a sus preocupaciones oficiales los temas de la historia en sede propia, se realiza bajo las perspectivas de una crisis intelectual que aspira a renovar las bases del saber histórico”.
Bauer indica que, en el período que va de 1930 a 1950, el fenómeno de la creación de escuelas de historia se reproduce en distintas provincias y también en países vecinos como Uruguay, porque “son años en los que las ciencias sociales comienzan a tener una mayor difusión”. Una referencia europea importante es que la aparición de la Escuela de los Annales data de 1929.

Se afianza el campo académico
Cuando se crea la Facultad de Filosofía y Humanidades en 1946, el Instituto de Estudios Americanistas pasa a depender del Departamento de Historia que comienza a funcionar en 1947. Para Bauer, en esos momentos “la institucionalización y la profesionalización se establecen junto a la práctica de un trabajo historiográfico que se afianza por medio de ordenanzas, concursos, resoluciones y reglamentos que van plasmando las reglas del juego del campo académico, al mismo tiempo que se desenvuelven las carreras de investigación y docencia”.
Los primeros ocho licenciados en Historia de la UNC egresaron en 1957, no obstante Bauer advierte que las autoridades cometieron en aquel momento una serie de errores administrativos que generaron confusión acerca de la fecha exacta de creación del Departamento. “Cuando en 1957 tenemos oficialmente la primera camada de egresados, hay una resolución que nuevamente dice que se crea el Departamento de Historia. Entonces, hay como una superposición de creaciones”. En este sentido, el investigador sostiene que 1957 debe considerarse como la fecha en la que se produce un reordenamiento de los departamentos y áreas de la Facultad, pero no una creación. Según Bauer, la resolución 313 de 1947 es la que da origen a la institución.
En 1957, además, se produce el traslado del Departamento de Historia a su actual sede en el Pabellón España de la Ciudad Universitaria, ya que anteriormente funcionaba en la avenida General Paz junto a otros institutos de la Facultad.
El primer cambio del plan de estudio de la carrera data de 1959, cuando se eliminaron materias como Historia de las religiones y se introdujeron otras como Historia del pensamiento argentino y Paleografía y diplomática. En el nuevo reglamento también se incluyeron las materias optativas, el examen de una lengua extranjera y el trabajo final de seminario que les permitía acceder al título de licenciado a quienes habían terminado de cursar la carrera.

De autodidactas a historiadores profesionales
A partir del impulso institucional que cobran los estudios históricos, comienza una etapa de profesionalización de la tarea del historiador que, hasta el momento, había sido desarrollada básicamente como una práctica autodidacta. “Con el término autodidacta quiero expresar que se trata de personas sin formación específica en historia”, sostiene Bauer, sin intención de desmerecer la producción historiográfica aportada por esos autores que provenían de otras disciplinas como medicina, abogacía, ingeniería, periodismo o la carrera militar. Entre quienes experimentaron este proceso de transición hacia la profesionalización se encuentran: Enrique Martínez Paz, abogado y primer director del Instituto de Estudios Americanistas; Ceferino Garzón Maceda, abogado; Alberto Rex González, médico; Aníbal Montes, ingeniero y militar; Luque Columbres, abogado. Otros tenían títulos de profesores de enseñanza secundaria como Carlos Segreti, Roberto Miatello, María Angélica Arcauz, María Elena Vela y Efraín Bischoff, quienes fueron admitidos como docentes en la universidad y tuvieron la oportunidad de producir obras significativas que posteriormente fueron referencia en distintos lugares.
“La diferencia entre el historiador profesional y el autodidacta, que llegaba a la historia atraído por la pasión de conocer del pasado, es que este último tenía la desventaja de no haber podido sistematizar el conocimiento histórico y el tratamiento del documento”, explica Bauer. No obstante, en muchos casos, esa pasión tan profunda acompañada de una exhaustiva dedicación también les permitía comprender y abordar los procesos históricos de manera efectiva.

Dictadura
En 1968 el Departamento pasó a llamarse Escuela de Historia por ser una denominación “más adecuada al carácter y funciones que desempeña”, según establece la resolución. Ese mismo año, se lleva a cabo la segunda reforma del plan de estudios, de acuerdo con la ley orgánica de las universidades nacionales, ejecutada por la dictadura militar que encabezaba Juan Carlos Onganía. De este modo, bajo la doctrina de la seguridad nacional, se coartaron las libertades políticas y de agremiación, y comenzó el éxodo de docentes universitarios que debían abandonar el país. En 1978, ya bajo el gobierno militar de Videla, Massera y Agosti, se produce la tercera modificación del plan de estudios, a la vez que se implanta la censura, el terror y la violencia como prácticas cotidianas entre la comunidad académica. Bauer resalta que, de acuerdo con los registros de la época, hay diecisiete estudiantes de la Escuela de Historia que desaparecieron. “El ambiente académico –continúa- vivía un clima de tensión y desgarramiento que afectó negativamente la convivencia entre docentes y alumnos, por tanto, la formación y producción de conocimientos históricos”. Fueron años en que se suspendió la libertad de cátedra, se interrumpió la llegada de libros desde el exterior y se destruyeron investigaciones escritas inéditas. En este período, el autor analizó que “baja notablemente el número de egresados y desaparecen aproximadamente 32 trabajos finales de licenciatura”.
“Mi primera sorpresa, cuando analizo los datos, es que en el año 1975 se da la mayor cantidad de expulsiones de docentes de la Facultad. Cuando llegan los militares, el grueso del personal docente ya había sido despedido”, comenta. Efectivamente, en 1975 fueron separados de sus cargos 76 docentes y otros 45 en el período 1976-1981. En total, expulsaron a 121 profesores en la Facultad de Filosofía y Humanidades.
“El otro punto que también me pareció muy trascendente es que en la legislación y los argumentos por los cuales se despedía a los docentes, se utiliza la palabra depuración”, expresa. En este sentido, el investigador advierte sobre la carga negativa de este concepto utilizado en el ámbito de la administración pública. “Esa palabra está expresada como parte de la ley y me llamó significativamente la atención que nunca se criticara su utilización”, manifiesta.

Ampliar el panorama
Con la llegada de la democracia se plantea nuevamente la reformulación del plan de estudios, el cual, finalmente, se aprueba en 1986. “Hay un intento anterior de modificar el plan 78, pero que no logra cuajar. Hasta que se hace el plan 86 que, con algunas modificaciones, es el vigente”, explica. En este proceso se incorporaron materias como Historia Contemporánea de Asia y África, Introducción a la economía política, Teoría política y Epistemología; y se reglamentó el Trabajo final para la licenciatura.
Bauer destaca que algunos de los criterios utilizados en la construcción de este plan fueron “el rol del historiador en el presente” y “ampliar el panorama de los estudios históricos al Asia y África, ya que antes estaban reducidos sólo a Europa y América”. En relación a esto, agrega: “Hoy tenemos la satisfacción de que los egresados de nuestra Escuela pueden tener una imagen de mundo y una noción de la historia mundial más realista. Antes, la formación del historiador era exclusivamente eurocentrista y en la actualidad se ha incorporado la crítica al eurocentrismo”.
El trabajo de Bauer también recopila una serie de datos estadísticos que permiten visualizar cómo fue evolucionando la matrícula en la Escuela de Historia. En 1957 comienzan a egresar los primeros licenciados, en 1964 reciben su título los miembros de la primera camada de profesores y en 1968 es el turno de los flamantes doctores. En total, en el período 1957-1997, la Escuela de Historia otorgó 945 títulos, con un promedio de alrededor de 23 títulos por año. Otra lectura de los datos arroja que se entregaron 188 títulos a hombres y 757 títulos a mujeres.

Segunda parte
Para Bauer, este trabajo le permitió ver cómo evolucionaron institucionalmente los espacios vinculados a la historia en Córdoba. Y agrega: “Esta es la base y la referencia para conocer quiénes fueron los historiadores, las instituciones que los apoyaron, las fuentes que consultaron”. En un segundo momento, el autor planea completar el estudio y realizar una crítica a las concepciones históricas que se fueron sucediendo en las distintas épocas, analizar los contenidos de los planes de estudio y las producciones históricas. “Una conclusión importante de este trabajo es que ojalá pueda servir a historiadores, bibliotecarios, archiveros y a todos aquellos que están vinculados a los estudios históricos, para que no se pierda el sentido que tuvo desde el origen el Instituto Americanista y todas las instituciones que derivaron de ahí. Esto nos permite reprogramar, abordar aspectos teóricos y actualizar nuestra tarea. Es un motor espiritual para que no nos olvidemos de estos orígenes y de lo importante que es darle continuidad”, concluye.

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