Abril 2007 | Año 3. Nº 16
UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA, Argentina
 


La voz de la filosofía en la conversación de la universidad


Nuevos recursos tecnológicos para docentes


Maurice Meisner: visitante distinguido de la FfyH

La historia del barrio en la memoria colectiva

Las marcas del pasado

Marc Augé: "Estamos siempre buscando una imagen de nosotros mismos"

Un escritor comprometido con su tiempo

Aumenta la cantidad de estudiantes extranjeros en la FFyH

Artes, los orígenes de la Escuela (primera parte)

1
· La geometría de Moisset
3
· El andén de los juglares y Venique tecuento
5

· Plaza de la memoria: resultados del concurso

· Bienes comunes y ciudadanía: explotación minera en la cordillera.

· Jornadas de investigación: la educación en debate

· Nueva carrera de posgrado: Especialización en Psicopedagogía

· Las ciencias sociales y humanas en Córdoba

· Curso a distancia sobre patrimonio arqueológico

· Seminarios, cursos, encuentros
y jornadas
7

 


 


Opinión

Un escritor comprometido con su tiempo

Rodolfo Walsh no está muerto. A treinta años de su forzada desaparición, sus textos convocan al presente para pensar cuáles son los modos posibles de la escritura periodística y literaria, ya sin el marco convulsionado –ni los sueños- de los setenta. Las jornadas-homenaje -organizadas por la cátedra de Movimientos Estéticos y Cultura Argentina de la Escuela de Ciencias de la Información y la cátedra de Literatura Argentina I de la Escuela de Letras (FFyH) de la Universidad Nacional de Córdoba– son una prueba más de que el autor de Operación Masacre vive y que sus ideas son su revancha . Este evento realizado los días 29 y 30 de marzo reunió a una diversidad de docentes y estudiantes interesados en que el legado walshiano no se convierta en una pieza de museo. La programación incluyó mesas de debate, talleres de lectura, conferencias, muestras fotográficas y proyecciones de documentales, entre otras actividades .
Como esas marcas que dejan las balas en la pared, las palabras disparadas por Walsh hace medio siglo parecen ser la evidencia de un intelectual extinguido. En el ejercicio de levantar las capas de revoque que por décadas cubrieron los huecos de nuestro pasado se renueva la apuesta de quienes, como Walsh, creen en la importancia de dar testimonio. A continuación Alfilo reproduce el texto de la ponencia de María Paulinelli, docente organizadora de estas jornadas.


:Ilustración de la muestra de trabajos del Taller de Comunicación Visual (ECI)

La relación entre la militancia, la literatura y la política adquiere un espesor particular en la producción discursiva de Rodolfo Walsh.
Quizás sea en la narrativa de no ficción donde estos elementos se centralizan en una enunciación que privilegia una nueva concepción de la literatura y de la función del intelectual.
Quizás sea también, una posibilidad de entender un tiempo y de entendernos a nosotros.
De ahí un recorrido sucinto por estas dos propuestas que nos conducen, una y otra vez, a un compromiso con ese tiempo que fue suyo y que aún puede ser nuestro.

Una nueva concepción de la literatura acorde al surgimiento de una sociedad distinta.
En 1970, en una entrevista de Ricardo Piglia, Rodolfo Walsh establece los lineamientos de una nueva literatura, acorde a los tiempos diferentes que un proyecto revolucionario plantea.
Son sus expresiones, quizás, las que definen certeramente esta posibilidad diferente en la enunciación de los relatos.
Señala así como condición primordial para la enunciación de toda propuesta : “En Argentina, es imposible hacer literatura despegada de la política.”. Una Argentina contextualizada en la iniciación de los 70 que permitía vislumbrar un proyecto revolucionario en todos los niveles de la sociedad. Por eso, también expresa: “Es probable que un nuevo tipo de sociedad y nuevas formas de producción exijan un nuevo tipo de arte más documental”.
Este tipo de arte nos remite a los postulados de esa literatura fáctica de los 20, que enfrentaba la perspectiva lukacsiana promotora del realismo. Pero también nos remite a Benjamín y a Brecht en su consideración de la literatura documental como una posibilidad para superar esa tradición narrativa.
Una tradición narrativa en la que la ficción en el desplazamiento de argumentos y personajes construidos según los procedimientos de la verosimilitud posibilitaba una determinada representación del mundo en “esa remisión a”, que significaban. Constituía así la novela tradicional, expresión fundamental de la narrativa burguesa. Una forma literaria fácilmente asimilable por la cultura hegemónica y que redundaba en la conformación de una lector neutralizado y pasivo. Es por esto que Benjamín y Brecht insistían en una narrativa diferente que tomara en cuenta las exigencias de un nuevo público. Por eso rechazaban el narrador ficticio para construir el texto a partir de elementos documentales. Se cuestiona, se impugna el carácter ficcional de los relatos para proponer una literatura en la que el material documental adquiere nuevas y distintas significaciones en esas vinculaciones. Pero, que a su vez, la elaboración formal, el trabajo textual emerjan como elementos relevantes en la elaboración del texto.
Esta postura-señala Amar Sanchez- “que considera al cambio formal capaz de modificar la función de la literatura es antagónica de una concepción centrada en lo temático exclusivamente. y la rechaza por considerarlas políticamente ineficaz y estéticamente improductivas”. De allí la ruptura con esa literatura tradicional y sus formas en la enunciación de las posibilidades distintas de narrar.
Estas posibilidades se corporizan ahora, en la narrativa de no ficción.
Se integra así, a una tradición que propone un arte vinculado con lo político, pero para ello privilegia la renovación formal como medio novedoso para lograr un nuevo tipo de lector.
Esto nos remite –a su vez- a la experimentación vanguardista en la ruptura, pero también en la exasperación de las formas particularizadas en los 60 con la incorporación y legitimación de las técnicas de reproducción.
Es por esto, que frente a esa vieja literatura, Walsh señala: “La denuncia traducida al arte en la novela se vuelve ineficiente, no molesta para nada, es decir la sacraliza como arte”.
Propone, entonces, los rasgos distintivos de una nueva literatura “acorde a los nuevos tiempos”que se materializan, no sólo en sus declaraciones, sino en su práctica como escritor:
-Un arte vinculado a la política.
-El testimonio y el documento como expresiones específicamente artísticas.
-El reconocimiento de una literatura que excluya lo ficticio y que privilegie el material documental.
-El rechazo del concepto de verosimilitud como ilusión de realidad que implica-en consecuencia- la negación de la teoría del reflejo.
-La importancia del montaje y del modo de organización del material. “Evidentemente en el montaje, la compaginación, en la selección, en el trabajo de investigación se abren inmensas posibilidades artísticas”.
-La diferencia con el discurso histórico y el periodismo tradicional. A la presunta objetividad y distanciamiento en la elaboración de la verdad con ese borramiento del sujeto enunciador, esta nueva narrativa propone una explícita presencia del narrador materializado en las marcas en el texto como así también en el protagonismo que supone la selección, el montaje y la compaginación del material documental.
-La transformación en la función de los sujetos. Estos, ya sean narradores o protagonistas-señala Amar Sánchez-“funcionan como nexos, puntos de articulación de diferentes campos de referencia (…) La peculiar fusión entre narrador textual y autor real, arrastra una notable incidencia personal: su voz, su perspectiva implica siempre una politización del relato.”. Lo que implica una ratificación de la parcialidad de la verdad, para mostrar la posibilidad de enunciar una verdad entre otras.
-La importancia concedida a los medios técnicos de reproducción como posibilidades que brindan para adecuar la obra artística a las actuales condiciones de producción de los mensajes. Posibilidades que se centran, asimismo, en la circulación y recepción ya que permiten el acceso de un público masivo, con las consiguientes implicancias en las transformaciones sociales.
-Una particular utilización de estos medios en el rechazo de “la convencional repetición de clisés, consumo alienado y recuperación despolitizada de toda diferencia” (Amar Sánchez).
Es decir, la negación de una tranquilizadora producción y recepción en ese cuestionamiento a la construcción de la verdad.
De tal manera, la no ficción se politiza desde el momento mismo de su producción en la adecuación a un proyecto de cambio para la sociedad a partir de un escritor diferente que entraña también un nuevo tipo de lector. Politización, que se propone desde un cuestionamiento básico a los sistemas de representación.

El rol del intelectual en esa conciencia de un nuevo tiempo que exige formas distintas de producción artística. Un rol que supone, asimismo, un arte de convicciones en la concreción de la presencia comprometida con su tiempo.
Los principios sustentadores de la no ficción, señalan la necesidad de un particular tipo de intelectual, de un escritor comprometido con su tiempo tanto en esa historicidad de las formas de enunciación como en las exigencias respecto a una particular forma de recepción.
Rodolfo Walsh particulariza esa propuesta en la definición del intelectual. En el Programa de la CGT de los Argentinos del primero de mayo del ‘68, explicita: “Les recordamos: el campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa con su tiempo y en su país, es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia de su tierra”.
Así expresa la función del intelectual en la sociedad y el compromiso con su tiempo.

La literatura se convierte en una posibilidad de respuesta. Es el violento oficio de escritor, como lo define. La narrativa de no ficción, específicamente, le permite compendiar reflexión y acción, escritura y militancia.
La acción de relatar le posibilita conferir significados.
La construcción- la selección, la combinación, el montaje- no son inocentes. Implican elecciones: permanencias y rechazos. Justifica la producción discursiva resultante.
De ahí que cada texto propone una verdad, un sentido que depende de todos esos procesos que inciden en la construcción del discurso, incluido el uso de un lenguaje particular.
Es que los hechos no pueden conocerse más que a través de los relatos que organizan de distinta manera el material documental y lo narrativizan. La nueva concepción de la historia como relato, como discurso, lo avala y lo refrenda. (White,1992). La crisis de la objetividad también planteada en el Nuevo Periodismo lo ratifica. La narrativa de no ficción confluye en esto.
Estos relatos son maneras, posibilidades de acercamiento a lo real. Por eso pueden definirse como modos, versiones de los hechos. La ficción resulta una construcción, pues es un efecto del modo de narrar.
De allí el valor de la escritura.
De allí, también la responsabilidad del escritor en esa búsqueda de la verdad de los hechos.

Los textos resultan de investigaciones y trabajos con las pruebas, con los testimonios, con las comprobaciones. Por eso lo real está en esa documentación que son los diferentes registros seleccionados. No en la observación personal de quien relata. No en la subjetividad de quien observa, escucha, mira.
Podría decirse –señala Amar Sánchez- “que los hechos existen en la medida en que son contados, en que alguien ha registrado algo sobre ellos y se puede proceder a su reconstrucción.”. Es que la verdad es la resultante de esa construcción discursiva que es ese relato no ficcional.
De allí la importancia del escritor en cuanto constructor de la realidad a partir de estos relatos.
Es que es una visión entre otras. Una visión más. En esa “una entre otras” está el sentido de la responsabilidad, del compromiso.
Pero además esa verdad que resulta de esa versión remite a la idea de sujeto. Tanto el sujeto que construye, los sujetos que testimonian como los sujetos que receptan.
Todos, escritores y lectores construyen una verdad que es una versión y que se materializa en un relato, en una narración.
Como resultado de una elección histórica determinada, de una elección frente a cómo y por qué narrar, de tender oblicuas miradas al mundo para tratar de mejorarlo.
Esta es la relación entre la literatura, la política y la militancia que Walsh enunció y llevó a la práctica. Una legitimación de los sujetos conscientes en el uso de la libertad para la construcción de un mundo más humano.

María Paulinelli
Profesora e investigadora de la UNC. Estudia las particularidades de la relación comunicación/cultura. Ha dictado cursos y seminarios sobre el tema, además de publicaciones variadas. Participa en el grupo Memoria del Centro de Estudios Avanzados (UNC).

Bibliografía
Amar Sanchez, Ana María. 1992. El relato de los hechos. Beatriz Viterbo Editores Rosario.
Baschetti, Roberto. 1997. Ese hombre y otros papeles personales. Editorial Siglo XXI. Buenos Aires.
Benjamín, Walter. 1973 La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica en Discursos Interrumpidos I .Taurus. Madrid.
Laforgue, Jorge. Compilador. 2000. Textos de y sobre Rodolfo Walsh. Alianza Editorial. Buenos Aires.
Redondo, Nilda Susana. 2001. El compromiso político y la literatura. Ediciones Universidad Nacional de Quilmas. Buenos Aires.
Walsh, Rodolfo. 1973. Un oscuro día de justicia. Edición Siglo XXI. Buenos Aires.
White, Haydn. 1992. El contenido de la forma. Editorial Paidós. España.