Investigaciones

Sin agua en las Sierras Chicas

Sergio Chiavassa y Gabriel Saal, agrónomos e investigadores del Ciffyh, trabajan sobre esta problemática desde hace varios años. En el último proyecto presentado indagan sobre las relaciones y conflictos entre los pobladores y el uso de este recurso tan preciado. También proponen algunas políticas públicas para preservar las cuencas hídricas.

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Sergio Chiavassa y Gabriel Saal, responsables del proyecto de investigación.

En los ’70, las publicaciones sobre geografía física de Córdoba decían que este era un territorio “pobre” en aguas superficiales y que las subterráneas no eran lo suficientemente conocidas como para evaluar su importancia. La provincia es una zona mayoritariamente árida y semi-árida. Sólo en algunas regiones hay buena disponibilidad de agua al este y al sur. En el resto es el recurso limitante para muchas actividades productivas agropecuarias y también para el desarrollo urbano.

En las últimas dos décadas, el país experimentó profundas transformaciones en la configuración y organización de los territorios rurales, como resultado de los procesos de modernización y reestructuración del modelo agro-exportador. En este contexto, la problemática del agua sigue cobrando singular importancia, ya que su disponibilidad para los domicilios y para el desarrollo de actividades industriales, comerciales, agropecuarias y turísticas plantea una serie de cuestionamientos sobre su uso (y abuso).

En este sentido, el proyecto de investigación “Dinámica social y territorial en relación a problemáticas del uso del agua. Estudio a nivel de cuencas en la vertiente oriental de las Sierras Chicas”, dirigido por Gabriel Saal, ingeniero agrónomo y docente de la cátedra de Extensión Rural de la Facultad de Agronomía de la UNC, se propone indagar los cambios en la dinámica socio-territorial, la relación de los pobladores en torno al uso del agua y los intereses entre los diferentes agentes sociales y actividades que coexisten en las cuencas hídricas situadas en las Sierras Chicas.

“La cuenca que definimos en un principio abarca pueblos como Agua de Oro y La Granja y otras comunas más chicas como Cerro Azul, El Manzano y Candonga en el departamento Colón de la provincia de Córdoba. La zona comprende desde la ruta E-53 al este, hasta la zona divisoria de aguas (filo de las sierras donde nacen los ríos) al oeste, al norte la ruta E-60, que une Ascochinga con La Cumbre, y al sur una parte del camino a El Cuadrado. Este territorio pertenece a la cuenca hidrográfica del Río Carnero”, explica Sergio Chiavassa, co-director del proyecto y docente del Departamento de Geografía.

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Hacer click en la imagen para ver el mapa ampliado.

Este territorio seleccionado, tiene una problemática actual en relación al uso del agua y sufrió cambios importantes en cuanto a la urbanización, revela después Gabriel Saal. “En esta zona de la cuenca se plantean conflictos gravísimos con el agua en determinados momentos del año y también tiene un gran desarrollo urbanístico, con emprendimientos de una magnitud importantísima, que es el mayor problema”, señala.

Tal es así que en 2009 se dio una de las sequías más graves de la historia de la Provincia y se declaró “crisis hídrica”. Se restringió el uso de agua en la ciudad de Córdoba y en algunas localidades aledañas, sobre todo en aquellas ubicadas en el faldeo oriental de las Sierras Chicas, se hicieron cortes programados del suministro periódicamente.

Al límite

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Los ríos de esta zona tienen escaso caudal. (Fotografía: gentileza equipo de investigación)

El territorio observado en el proyecto de investigación cuenta con cursos superficiales de escaso caudal y las aguas subterráneas con que se relacionan dependen principalmente de la “cosecha” de agua que se produce en las zonas altas de las cuencas. “Hay ríos muy chiquitos, con muy poco caudal, que en los últimos años se están secando y perjudican otras actividades como el turismo o la producción agropecuaria”, dice Chiavassa.

A esto hay que sumarle una serie de problemáticas que agravan la situación de insuficiencia hídrica: los incendios, el aumento de urbanizaciones de distintos niveles (planes de vivienda, loteos abiertos, barrios cerrados y complejos turísticos), la deforestación y el sobrepastoreo.

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El recurso hídrico se encuentra al límite de su uso. (Fotografía: gentileza equipo de investigación)

Estamos frente a un recurso que se encuentra en el límite de uso. La realidad de los últimos años es que no alcanza el abastecimiento de las sierras por dos causas: una, porque el consumo es mucho mayor y por otro lado, se ha alterado de manera importante la superficie de captación por la destrucción del bosque nativo. Básicamente, lo que intenta el proyecto es hacer un estudio para entender cuál es la dinámica del funcionamiento del agua y de ahí poder proponer políticas públicas de producción agropecuaria, de urbanización, de uso del agua, porque es una zona en crisis”, advierte Saal.

Uno de los principales objetivos del proyecto es indagar las prácticas relacionadas al uso del agua y otros recursos que desarrollan los distintos agentes sociales. Los investigadores señalan que ese uso no sólo está determinado por la disponibilidad natural, sino también por la organización social que define el acceso y aprovechamiento del recurso. De esta manera, las condiciones sociales y económicas de los usuarios hacen que recurran a diversas acciones para lograr el acceso al agua.

Para esto, una de las primeras tareas es identificar a los agentes y generar una tipología. En este sentido, trabajarán con una asamblea de Agua de Oro que se ocupa sobre la problemática. A partir de eso, se dedicarán a ver qué uso hacen, las relaciones sociales y los conflictos que se generan entre los pobladores de las zonas bajas y altas de la cuenca.

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Aquí se producen conflictos por el uso del agua entre los pobladores de las zonas bajas y las altas. (Fotografía: gentileza equipo de investigación)

Políticas públicas para cuidar el agua

Los aportes más importantes que se encuentran en el proyecto son la distinción de los diferentes agentes sociales y los conflictos que se plantean entre ellos, además de una serie de mapas temáticos en los que se puedan observar cuáles son las principales problemáticas, dónde están ubicadas y cuáles son los recursos que están afectados. “Si decimos que en la zona uno de los recursos limitantes para determinados tipos de actividades es el agua, se tienen que plantear modificaciones que contemplen, por ejemplo, una forma racional del uso del agua y hasta un control del desarrollo urbanístico, en relación a cuántas personas puede proveer esa cuenca, que es la única fuente de la que disponen. No tienen otra alternativa. No hay soluciones mágicas”, afirma Saal.

Para esto, los investigadores establecen algunas propuestas de políticas públicas que contemplen el uso actual y futuro del agua. “El problema ya está y hay lugares donde no tienen agua. Es un problema sumamente complejo y hay que solucionarlo en esa conflictividad. Una salida es ver cómo se puede tomar conciencia sobre la problemática, porque más agua no hay. No hay forma de fabricar agua”, completa Chiavassa.

Sin embargo, una de las soluciones que plantean algunos políticos son los trasvasamientos de cuenca. O sea, traer agua desde otra cuenca a través de alguna obra de ingeniería. Según Saal y Chiavassa esto sólo sería temporal y “faraónico” y además traería problemas en la otra cuenca de la que se saca el recurso.

“Una de nuestras propuestas es proteger, como dice el biólogo Raúl Montenegro, la fábrica de agua, que es la cuenca de las Sierras Chicas. Esto implica mantener la superficie de absorción a través de la preservación del bosque nativo. Las sierras funcionan como un gran reservorio de agua, que absorbe el agua de lluvia. Esta a su vez se incorpora en las napas y se va liberando lentamente”, explica Saal.

Nuestra máxima aspiración como política pública es apoyar a las comunidades en la concreción de un corredor de reservas hídricas que contemple desde lo que es el III Cuerpo de Ejército y conectarlo con la reserva hídrica de Río Ceballos. Faltaría una zona cerca de San Fernando, sobre Villa Allende, que serviría para unir toda la parte de arriba de Unquillo y seguir por Sierras Chicas hasta el campo de aviación de Ascochinga, que también es público. Ahí habría un corredor de reservas hídricas donde se controla y se hace un uso del territorio desde otro punto de vista y que esa ‘esponja’ vuelva a funcionar o se mantenga”, finaliza Chiavassa.

El proyecto

Esta investigación surge a partir de un primer proyecto, desarrollado entre 2008 y 2009, titulado “Geografía del agua de las Sierras Chicas”, ya que era una problemática reflejada en los medios pero de la que no había estudios al respecto. “Para el primer proyecto nos encontramos con que no había conocimiento real de lo que pasaba en la cuenca. No se sabía nada de los caudales de agua, no se sabía cuánto se bombeaba de los pozos, no se tenían registros de precipitaciones. O sea que no se podía hacer un análisis físico de la cantidad de agua existente. De ahí parte el hecho de empezar a estudiar esta zona”, explica el agrónomo Sergio Chiavassa.

La región observada en el proyecto actual es una zona rural que en este momento vive una acelerada transformación socio-territorial, caracterizada por el incremento de alteraciones ambientales, derivadas de procesos de urbanización no planificada, así como de transformaciones en las actividades productivas y de servicios, conformando un escenario de disputa por los recursos naturales, en especial el agua, que deriva en conflictos entre distintos agentes.

En el primer proyecto se trabajó en las localidades de la zona baja de la cuenca para identificar a los agentes sociales, darle una clasificación y, a partir de eso, ver el uso que hacen del agua y cómo se relacionan entre ellos. Para esta parte del proyecto se pretende ampliar a la cuenca alta, donde hay establecimientos agropecuarios, emprendimientos turísticos, segundas residencias y algunos “neorrurales” (personas que hacen producciones rurales, pero con características distintas a la del productor tradicional) y qué relación tienen ellos en el uso que hacen del agua con lo que está pasando en la zona baja.

Además de Saal y Chiavassa, el resto del equipo de investigación está compuesto por representantes de la Subsecretaría de Agricultura Familiar, dependiente del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, y de la Subsecretaria de Ambiente de la Provincia de Córdoba, además de docentes y alumnos de la carrera de Geografía de la FFyH.

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Sergio Chiavassa y Gabriel Saal, agrónomos e investigadores del Ciffyh, trabajan sobre esta problemática desde hace varios años. En el último proyecto presentado indagan sobre las relaciones y conflictos entre los pobladores y el uso de este recurso tan preciado. También proponen algunas políticas públicas para preservar las cuencas hídricas.

En los ’70, las publicaciones sobre geografía física de Córdoba decían que este era un territorio “pobre” en aguas superficiales y que las subterráneas no eran lo suficientemente conocidas como para evaluar su importancia. La provincia es una zona mayoritariamente árida y semi-árida. Sólo en algunas regiones hay buena disponibilidad de agua al este y al sur. En el resto es el recurso limitante para muchas actividades productivas agropecuarias y también para el desarrollo urbano.

En las últimas dos décadas, el país experimentó profundas transformaciones en la configuración y organización de los territorios rurales, como resultado de los procesos de modernización y reestructuración del modelo agro-exportador. En este contexto, la problemática del agua sigue cobrando singular importancia, ya que su disponibilidad para los domicilios y para el desarrollo de actividades industriales, comerciales, agropecuarias y turísticas plantea una serie de cuestionamientos sobre su uso (y abuso).

En este sentido, el proyecto de investigación “Dinámica social y territorial en relación a problemáticas del uso del agua. Estudio a nivel de cuencas en la vertiente oriental de las Sierras Chicas”, dirigido por Gabriel Saal, ingeniero agrónomo y docente de la cátedra de Extensión Rural de la Facultad de Agronomía de la UNC, se propone indagar los cambios en la dinámica socio-territorial, la relación de los pobladores en torno al uso del agua y los intereses entre los diferentes agentes sociales y actividades que coexisten en las cuencas hídricas situadas en las Sierras Chicas.

“La cuenca que definimos en un principio abarca pueblos como Agua de Oro y La Granja y otras comunas más chicas como Cerro Azul, El Manzano y Candonga en el departamento Colón de la provincia de Córdoba. La zona comprende desde la ruta E-53 al este, hasta la zona divisoria de aguas (filo de las sierras donde nacen los ríos) al oeste, al norte la ruta E-60, que une Ascochinga con La Cumbre, y al sur una parte del camino a El Cuadrado. Este territorio pertenece a la cuenca hidrográfica del Río Carnero”, explica Sergio Chiavassa, co-director del proyecto y docente del Departamento de Geografía.

Este territorio seleccionado, tiene una problemática actual en relación al uso del agua y sufrió cambios importantes en cuanto a la urbanización, revela después Gabriel Saal. “En esta zona de la cuenca se plantean conflictos gravísimos con el agua en determinados momentos del año y también tiene un gran desarrollo urbanístico, con emprendimientos de una magnitud importantísima, que es el mayor problema”, señala.

Tal es así que en 2009 se dio una de las sequías más graves de la historia de la Provincia y se declaró “crisis hídrica”. Se restringió el uso de agua en la ciudad de Córdoba y en algunas localidades aledañas, sobre todo en aquellas ubicadas en el faldeo oriental de las Sierras Chicas, se hicieron cortes programados del suministro periódicamente.

Al límite

El territorio observado en el proyecto de investigación cuenta con cursos superficiales de escaso caudal y las aguas subterráneas con que se relacionan dependen principalmente de la “cosecha” de agua que se produce en las zonas altas de las cuencas. “Hay ríos muy chiquitos, con muy poco caudal, que en los últimos años se están secando y perjudican otras actividades como el turismo o la producción agropecuaria”, dice Chiavassa.

A esto hay que sumarle una serie de problemáticas que agravan la situación de insuficiencia hídrica: los incendios, el aumento de urbanizaciones de distintos niveles (planes de vivienda, loteos abiertos, barrios cerrados y complejos turísticos), la deforestación y el sobrepastoreo.

“Estamos frente a un recurso que se encuentra en el límite de uso. La realidad de los últimos años es que no alcanza el abastecimiento de las sierras por dos causas: una, porque el consumo es mucho mayor y por otro lado, se ha alterado de manera importante la superficie de captación por la destrucción del bosque nativo. Básicamente, lo que intenta el proyecto es hacer un estudio para entender cuál es la dinámica del funcionamiento del agua y de ahí poder proponer políticas públicas de producción agropecuaria, de urbanización, de uso del agua, porque es una zona en crisis”, advierte Saal.

Uno de los principales objetivos del proyecto es indagar las prácticas relacionadas al uso del agua y otros recursos que desarrollan los distintos agentes sociales. Los investigadores señalan que ese uso no sólo está determinado por la disponibilidad natural, sino también por la organización social que define el acceso y aprovechamiento del recurso. De esta manera, las condiciones sociales y económicas de los usuarios hacen que recurran a diversas acciones para lograr el acceso al agua.

Para esto, una de las primeras tareas es identificar a los agentes y generar una tipología. En este sentido, trabajarán con una asamblea de Agua de Oro que se ocupa sobre la problemática. A partir de eso, se dedicarán a ver qué uso hacen, las relaciones sociales y los conflictos que se generan entre los pobladores de las zonas bajas y altas de la cuenca.

“En esta zona hay un problema de abastecimiento de agua para cubrir las necesidades de una población creciente. Es el mayor problema. La contaminación está latente, pero no está presente en el discurso ni el imaginario de la comunidad. Entonces, lo que intentamos es ver cómo esas relaciones sociales y esos usos hacen que se perciba la falta de agua. Por ejemplo, en La Granja los pobladores dicen no tener problemas, pero el año pasado se quedaron sin agua. Hay dos comunidades que están en la misma cuenca y tienen percepciones realmente distintas de la problemática”, indica Chiavassa.

Políticas públicas para cuidar el agua

Los aportes más importantes que se encuentran en el proyecto son la distinción de los diferentes agentes sociales y los conflictos que se plantean entre ellos, además de una serie de mapas temáticos en los que se puedan observar cuáles son las principales problemáticas, dónde están ubicadas y cuáles son los recursos que están afectados. “Si decimos que en la zona uno de los recursos limitantes para determinados tipos de actividades es el agua, se tienen que plantear modificaciones que contemplen, por ejemplo, una forma racional del uso del agua y hasta un control del desarrollo urbanístico, en relación a cuántas personas puede proveer esa cuenca, que es la única fuente de la que disponen. No tienen otra alternativa. No hay soluciones mágicas”, afirma Saal.

Para esto, los investigadores establecen algunas propuestas de políticas públicas que contemplen el uso actual y futuro del agua. “El problema ya está y hay lugares donde no tienen agua. Es un problema sumamente complejo y hay que solucionarlo en esa conflictividad. Una salida es ver cómo se puede tomar conciencia sobre la problemática, porque más agua no hay. No hay forma de fabricar agua”, completa Chiavassa.

Sin embargo, una de las soluciones que plantean algunos políticos son los trasvasamientos de cuenca. O sea, traer agua desde otra cuenca a través de alguna obra de ingeniería. Según Saal y Chiavassa esto sólo sería temporal y “faraónico” y además traería problemas en la otra cuenca de la que se saca el recurso.

“Una de nuestras propuestas es proteger, como dice el biólogo Raúl Montenegro, la fábrica de agua, que es la cuenca de las Sierras Chicas. Esto implica mantener la superficie de absorción a través de la preservación del bosque nativo. Las sierras funcionan como un gran reservorio de agua, que absorbe el agua de lluvia. Esta a su vez se incorpora en las napas y se va liberando lentamente”, explica Saal.

“Nuestra máxima aspiración como política pública es apoyar a las comunidades en la concreción de un corredor de reservas hídricas que contemple desde lo que es el III Cuerpo de Ejército y conectarlo con la reserva hídrica de Río Ceballos. Faltaría una zona cerca de San Fernando, sobre Villa Allende, que serviría para unir toda la parte de arriba de Unquillo y seguir por Sierras Chicas hasta el campo de aviación de Ascochinga, que también es público. Ahí habría un corredor de reservas hídricas donde se controla y se hace un uso del territorio desde otro punto de vista y que esa ‘esponja’ vuelva a funcionar o se mantenga”, finaliza Chiavassa.

DESTACADO

El proyecto

Esta investigación surge a partir de un primer proyecto, desarrollado entre 2008 y 2009, titulado “Geografía del agua de las Sierras Chicas”, ya que era una problemática reflejada en los medios pero de la que no había estudios al respecto. “Para el primer proyecto nos encontramos con que no había conocimiento real de lo que pasaba en la cuenca. No se sabía nada de los caudales de agua, no se sabía cuánto se bombeaba de los pozos, no se tenían registros de precipitaciones. O sea que no se podía hacer un análisis físico de la cantidad de agua existente. De ahí parte el hecho de empezar a estudiar esta zona”, explica el agrónomo Sergio Chiavassa.

La región observada en el proyecto actual es una zona rural que en este momento vive una acelerada transformación socio-territorial, caracterizada por el incremento de alteraciones ambientales, derivadas de procesos de urbanización no planificada, así como de transformaciones en las actividades productivas y de servicios, conformando un escenario de disputa por los recursos naturales, en especial el agua, que deriva en conflictos entre distintos agentes.

En el primer proyecto se trabajó en las localidades de la zona baja de la cuenca para identificar a los agentes sociales, darle una clasificación y, a partir de eso, ver el uso que hacen del agua y cómo se relacionan entre ellos. Para esta parte del proyecto se pretende ampliar a la cuenca alta, donde hay establecimientos agropecuarios, emprendimientos turísticos, segundas residencias y algunos “neorrurales” (personas que hacen producciones rurales, pero con características distintas a la del productor tradicional) y qué relación tienen ellos en el uso que hacen del agua con lo que está pasando en la zona baja.

Además de Saal y Chiavassa, el resto del equipo de investigación está compuesto por representantes de la Subsecretaría de Agricultura Familiar, dependiente del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, y de

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