Investigaciones

“Los objetos de investigación son como los amantes: cambian”

Gustavo Blázquez: "No es el estatuto del objeto el que determina la calidad de la investigación".

Lo dice Gustavo Blázquez, director de un equipo de investigación que analiza las prácticas asociadas con la diversión, el entretenimiento, el tiempo libre y el erotismo, a través de distintos consumos culturales juveniles. “El tema de los jóvenes y ‘la noche’ nunca recibió una adecuada y profunda atención por parte de los investigadores”, afirma. Además, aquí desarrolla los resultados del proyecto, finalizado recientemente, que describe las prácticas culturales relacionadas con la producción y el consumo de música electrónica en Córdoba.

En 2004 se conformó en el Centro de Investigaciones un grupo dedicado al análisis de las subjetividades juveniles y su relación con los consumos culturales entre los estudiantes de la ciudad de Córdoba. Hasta ese momento, eran escasos los trabajos que aportaban información acerca del modo en que se producen socialmente los cuerpos, las subjetividades y las identidades juveniles.

Actualmente, las investigaciones realizadas por el equipo compuesto por 22 personas que dirige Gustavo Blázquez, tratan de observar la “construcción performativa de las subjetividades”. Las preocupaciones surgen al trabajar sobre los procesos sociales del devenir joven, a partir del consumo de determinadas mercancías culturales. “Nuestra apuesta es analizar la alegría y ver cómo se construye socialmente. Cómo los sujetos, a través de sus consumos culturales, se hacen felices”, explica Blázquez.

En ese sentido, en el proyecto que encaran este año, titulado “Subjetividades contemporáneas: cuerpos, erotismos y performances”, se analizan una serie de prácticas, representaciones y performances asociadas con lo lúdico, la diversión, el entretenimiento, el ocio y el tiempo libre.

“El objeto analítico es siempre el mismo: tratar de entender esos procesos sociales y cómo los sujetos se constituyen a través de performances”, señala el investigador. “Lo que analizamos es la producción de subjetividades y la mediación tecnológica en ella”.

De esta manera, se exploran las culturas juveniles y “la noche”, a través de la selección de tres objetos empíricos. Uno está relacionado con las prácticas de entretenimiento nocturno entre adolescentes y jóvenes, asociadas con ciertos estilos musicales como el reggae, el dance y el rock, las culturas visuales (animé y videoarte) y las estéticas corporales de los floggers.

Otro objeto de investigación son las prácticas eróticas y de seducción por parte de mujeres jóvenes hetero y homosexuales y finalmente, otro son las prácticas festivas contemporáneas y del pasado reciente, como las fiestas de quince años y los casamientos.

“Nuestra investigación está construida como un intento de desarmar la visión de los medios, que está cruzada por negocios y prejuicios, destinada a la construcción de la juventud como un sector peligroso que necesita de la intervención estatal y de los padres. Por eso, trabajamos fenómenos como el animé y la cultura del manga o entender el erotismo en términos de prácticas sociales, ver cuáles son los sentidos del uso de juguetes sexuales y las prácticas festivas fundamentales y constituyentes de nuestra sociabilidad, que para los sujetos participantes son ampliamente problemáticas”, dice Blázquez.

– ¿Cómo surge el interés por estudiar “la noche”?

– Como todo interés surge, por un lado, en la lectura de la bibliografía, en el conocimiento del estado de las cuestiones que te interesan, y ver que el tema de los jóvenes y la noche no recibieron nunca una adecuada y profunda atención por parte de los investigadores. En general, porque el conjunto de los investigadores hace rato que renunciaron a la noche en sus prácticas personales. Por una cuestión etárea y por una cuestión de experiencia de vida se han alejado del campo de la noche. Creo que los académicos e investigadores tenemos serios problemas con acercarnos a algunos objetos como “la noche” porque nos obliga a exponernos de un modo muy particular y nos da miedo hacerlo de esa manera. Es un lugar donde el estar presente no es tan confortable como hacerlo en otros espacios que legitiman a los investigadores.

– ¿Crees que los lugares académicos e intelectuales no legitiman estas investigaciones relacionadas con la noche, la electrónica o el erotismo?

– Sí. Creo que debe haber pocos espacios tan prejuiciosos como los de la investigación. Sigue primando una práctica que consiste en que la legitimidad de los objetos de estudio legitiman las investigaciones. Pero no es el estatuto del objeto el que determina la calidad de la investigación.

Sin embargo, los resultados de estas investigaciones permiten interpretar los sentidos que poseen para los jóvenes cordobeses una serie de problemáticas sociales como las adicciones, el alcoholismo, la salud sexual y reproductiva, las prácticas discriminatorias o los usos de las nuevas tecnologías. “La pregunta teórica que nos guía tiene que ver con tratar de entender cómo los sentimientos, las emociones o la subjetividad se conforman a través de las acciones. Si bien son variados los objetos, hay uno que se mantiene y la pregunta principal es ¿cuáles son las dinámicas que permiten que nos transformemos en los sujetos que somos? Y esto tiene que ver con los consumos culturales”, indica el antropólogo.

La noche electrónica

Foto: www.blackclouds.com.ar

Uno de los proyectos concluidos recientemente fue Performances artísticas y consumos culturales juveniles: el caso de la “música electrónica” en Córdoba, realizado por un equipo dirigido por Blázquez y compuesto por María Gabriela Lugones, Miriam Santaularia, Mónica Jacobo, Silvina Freiberg, Jimena Garrido, María Beatriz Majtey, Mariela Chervin y Gisela Acuña.

El objetivo de la investigación era describir las prácticas culturales relacionadas con la producción y el consumo de música electrónica en la ciudad de Córdoba desde el año 2000. Para esto, se indagaron los procesos de producción económica y la red de locales comerciales (clubs) e instituciones oficiales (centros culturales) donde se desarrollan estas actividades. También, se hicieron numerosas entrevistas a DJs, productores  musicales y VJs que participan en la escena electrónica local.

Hace unos años, para su doctorado en Antropología Social, Gustavo Blázquez desarrolló una investigación sobre los bailes de cuarteto en la ciudad de Córdoba. Este trabajo obtuvo una beca del gobierno brasilero, dónde realizaba su estudio doctoral. “Tuve más dificultades para legitimar el tema de la electrónica que el del cuarteto, porque este tenía el brillo de los sectores populares. Pero trabajar con jóvenes en los sectores medios no es una tarea fácil”, señala al respecto.

“Curiosamente yo era más parte de la música electrónica que de los cuartetos, porque había participado en la organización de distintos eventos y un número importante de los entrevistados son mis amigos”, dice.

– Debe ser complicado poner a tus amigos como objetos de investigación…

– Ahí hay un desafío. El conocimiento previo y la amistad, que podrían entenderse como una dificultad, para mí fueron un beneficio porque me obligaban permanentemente a tener un alerta epistemológico, ya que en otros casos está construida naturalmente la posición del investigador. Esta relación de proximidad, de amistad o de profundo vínculo con algunos de los sujetos, obliga a construir permanentemente la posición como investigador y a plantearse cuestiones éticas, que en otros tipos de investigaciones aparecen naturalizadas. Pero los objetos pueden cambiar. Son como los amantes. Lo que permanece es una preocupación por el objeto analítico. A mí no me preocupa el cuarteto por el cuarteto mismo, ni la electrónica por sí misma, sino que hay una pregunta teórica que tratamos de ir contestando o explorando en distintos espacios.

En Córdoba, a mediados de los ‘90, uno de los primeros lugares que empezaron a cultivar la escena electrónica era un club llamado El Sol, que se encontraba camino a Villa Allende. Poco tiempo después, aparece el primer lugar en la zona del ex Mercado de Abasto: Hangar 18, cuyas fiestas eran los domingos a la noche. El lugar, funcionaba como un boliche gay los viernes y sábados y los domingos se convertía en un club electrónico. “En un momento, esa zona se transformó en un núcleo donde se encontraban los clubes más experimentales, pero después vuelven a la zona norte, sin embargo hay un diálogo permanente entre estos lugares”, explica Blázquez.

– Entonces, podemos decir que la escena electrónica de Córdoba está dividida por circuitos.

– Sí. Hay claramente dos circuitos: uno que nosotros llamamos el “corredor Nueva Córdoba, Centro, Abasto”, que es frecuentado fundamentalmente por una población universitaria, no nacida en Córdoba ciudad, y que es considerada por ellos mismos como el “under”. El otro es el “circuito de la zona norte”, especialmente en la zona del Chateau, que es frecuentado también por jóvenes universitarios, que han tenido algún contacto con la universidad, pero que en general son jóvenes nacidos, criados y residentes en Córdoba y que tienen auto o amigos con auto. Esa escena es considerada como “cheta” por aquellos que se consideran “under”. En tanto que muchos que cultivan esa escena consideran al Abasto como “decaída” o “groncha”.

– ¿Qué características tiene la “movida” electrónica de Córdoba?

– Una particularidad de la escena cordobesa es su no dependencia de la escena porteña y, a diferencia de todos los otros mundos del arte de Córdoba, donde la legitimación pasa por Buenos Aires, aquí los sujetos no lo necesitan para ser reconocidos. Hay diálogos directos entre Córdoba y Alemania o Francia.

Por otro lado, lo que nosotros pudimos analizar es cómo, si bien el baile de cuarteto funcionaba como un fuerte dispositivo de heterosexualización y a través de la práctica del baile los sujetos aprendían a ser varones y mujeres, la práctica del baile en la música electrónica no apunta tanto a la heterosexualización sino a la construcción de la amistad. Lo que se construye es un capital social que se pone en acción por fuera del baile y les permite insertarse en un mundo laboral y la permisividad hacia otras formas de prácticas eróticas funciona en ese conjunto de sujetos como un elemento clave en la distinción.

– Uno de sus objetivos plantea describir las prácticas de “la pista de baile” como lugar de encuentro. ¿Qué particularidades tiene este sitio?

– Así como la noche no aparece como un objeto legítimo en las ciencias sociales, el baile tampoco. Una de las formas más importantes de consumo de la música es a través del baile y nuevamente creo que son los propios prejuicios de los investigadores y sus dificultades personales para hacerse cargo de su cuerpo los que les impiden ubicarse en la pista de baile. Entonces, se repiten tonteras como que la música electrónica es un bando de gente drogada que bailan de cualquier forma. Sin embargo, hay una coreografía que se puede experimentar, pero eso supone una observación participante en la pista de baile.

– ¿Por qué se asocia a la música electrónica con las drogas, principalmente las llamadas de diseño?

– Los medios asocian la música electrónica con el éxtasis, el agua mineral y las pastillas porque eso funciona como una noticia que vende, en la lógica de los medios, pero que no se condice con la realidad. Primero, porque hay una diferencia importante entre el éxtasis que se consumía en los 90, que era importado, y el de ahora. Pero por otro lado, tomar pastillas, que son caras, es un elemento de distinción de un conjunto de sujetos que hacen como si hubieran tomado pastillas, pero no lo hicieron. Eso te coloca en una posición mejor que si no lo hubieras hecho. Entonces, un conjunto de cuestiones que dicen los medios de comunicación y que repiten padres y docentes están basadas en un puro prejuicio hacia la práctica del baile y la práctica juvenil y un profundo desconocimiento de lo que en realidad está ocurriendo.

– Hay muchos que andan con una botella de agua sin que necesariamente hayan consumido éxtasis.

– Exacto. Tener una botella de agua les permite a los otros leer como si hubiera tomado éxtasis y lo coloca en una posición superior. Es un mundo de representaciones. Es como ser docente universitario y andar con muchos libros debajo del brazo. Tener un sobaco bien ilustrado. Acá funciona de la misma manera.

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